
La nueva empresa de Pandora. | S.E.
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José Luis Meléndez 17/03/2010
Y me refiero al imaginario planeta que James Camerón llevaba cocinando en su
mollera desde hace años y que nos muestra tridimensionalmente en su última
producción "Avatar".
Un mundo en el que todo se interconecta con reglas de equilibrio cósmico y
donde se intuye una optimista solución simultánea a varias de las encrucijadas
con las que llevamos peleando los humanos desde el inicio de los tiempos. La Naturaleza,
Dios, el Amor e incluso la Economía, se presentan como ingredientes de un potaje
que encajan a medida cada uno en su lugar, dejando una extraña sensación
final de que si no mejoramos nuestros niveles básicos de felicidad en la vida
real, es porque no nos da la real gana.
Centrándonos en temas menos utópicos y desgraciadamente más fáciles
de encontrar en el día a día, recuerdo una pregunta que me hizo hace un
año un periodista en una entrevista que recogía mi despedida de la Cámara
de Comercio de Huesca, en la que me solicitaba un consejo para empresas que les
sirviera para afrontar la crisis. Yo le respondí que las fórmulas, eran
básicamente las mismas que cuando todo iba bien, sólo que ahora quien
no las aplicase, estaba muerto seguro.
Máxima competitividad basada en mínimos costes de estructura y con posibilidad
de variar de la misma forma y velocidad que los ingresos, para lo cual, se requería
de una buena gestión con planificación estratégica y presupuestaria
que evitase al máximo las sorpresas. Innovación y formación permanente.
Marketing adecuado y exquisita selección de los mejores colaboradores en cuanto
a socios, empleados, proveedores, clientes e incluso bancos (alguno hay). Y todo
esto remojado en un indiscutible mejunje de HONESTIDAD PERSONAL.
La Honestidad, nos hará ser lo suficientemente sinceros, humildes, legales,
solidarios y trabajadores para evitarnos todos los daños colaterales que su
ausencia provoca a medio o corto plazo en cien de cada cien casos.
Sinceros, para poder pagar lo que se debe, sin engañar ni incumplir contratos
firmados bajo hemorragias de optimismo que han sido la tónica habitual en estos
últimos años.
Humildes, para poner en duda permanentemente que seamos los mejores y que ya lo
sabemos todo y ello nos haga estar en absoluto estado de alerta, apostando en estrategias
de formación e innovación en nuestros mercados, que ya rompieron de una
vez todas las fronteras de los atlas que estudiamos cuando éramos niños,
globalizándose y que pueden vomitarnos fuera de los mismos en un chasquido,
al ser sustituidos de un día para otro, por otro proveedor más barato,
rápido y simpático.
Legales, porque si todo el tiempo que se ha perdido en no aprender o en intentar
no cumplir la ley (fiscal, mercantil, laboral y a veces la civil), lo hubiésemos
destinado a hacer las cosas bien siguiendo los consejos de los profesionales que
nos avisaban permanentemente de ello, no hubiéramos incurrido en estúpidos
costes de inspección o de arreglo de problemas que al principio no fueron estructurales
y que inicialmente no era tan caro ni tan complejo evitar a las buenas.
Solidarios para poder mirarnos al espejo con una sensación de que no todo es
generar riqueza material ni posicionamiento social. Porque al final, "la vida
es como una carrera en la que el primero que llega, muere". Y que aunque es
imposible arreglar el Mundo entero con acciones individuales, sí que está
a nuestro alcance ayudar a personas que todos los estados e instituciones del planeta
Tierra decidieron dejar a su puñetera y desgraciada suerte. Algunas de ellas
viven en nuestro barrio seguro.
Y trabajadores, porque todo lo anterior solo se consigue arrimando el hombro. Dando
toda la capacidad disponible para que nuestro entorno mejore. Y si aún así
no alcanzamos los objetivos marcados, al menos podremos disfrutar del atenuante
sentimiento de haber luchado como jabatos, en vez del de haber hecho el "gamba"
renunciando a ver la realidad, intentando aparentar ante los demás, que todo
va bien y comprobando en nuestras hechuras, que aquello de que "las desgracias
solo les pasan a los demás", era desgraciadamente falso.
Estas recetas que son difíciles del encontrar en manuales técnicos de
economía están al alcance de todos. No es preciso tener dos licenciaturas
o hacer un caro "master" de gestión de empresas para acercarse a ellas
y probablemente a nuestros abuelos les hubiera costado entenderlas mucho menos de
lo que a nosotros, porque los tiempos eran otros y las necesidades también.
No nos lo contaron en la facultad, pero hoy, a pesar de la existencia de herramientas
para todo, modelos logísticos increíbles, nuevas tendencias "gurús"
que pretenden solucionar los nuevos problemas de la actual economía, ya no
hay margen en ningún negocio conocido, que no requiera llevar pistola para
"vender" y que se encuentre dentro de la finca de lo legal, que dé
la suficiente riqueza a su promotor, como para poder sobrevivir con márgenes
más o menos seguros por encima del precio del dinero, sin una combinación
perfecta de éstos valores humanos con una exquisita gestión empresarial.
Hasta hace poco tiempo ha ganado dinero cualquiera. Muchos (demasiados) empresarios
que no sabían (ni aprenderán ya) hacer la "O" con un canuto, porque
los mercados eran suficientemente bondadosos para comprarles hasta a ellos. Y si
no, para eso estaba el banco que nos permitía hacernos con casi de todo que
realmente no necesitábamos y éramos felices y nos comimos todas las perdices.
Lo de encontrarnos con "monos con ballesta" en puestos de responsabilidad
de las empresas, ya se ha terminado.
También se acabaron los tiempos para los empleados con "trabajos chollo"
donde parecía que nadie nunca se iba a dar cuenta de que, hicieran lo que hicieran
(y que desde luego, era poco), la empresa los mantenía en una especie de reto
suicida, intentando descubrir hasta dónde era capaz de llegar su pérdida
de competitividad y lo peor de todo, contándoselo a los demás y dando
por sentado al más puro estilo "Dioni", que en nuestra actual y a veces
absurda sociedad, iba a ser premiado por ello. Por cobrar sin apenas trabajar (¡"diomío"
de mi vida!).
La actual economía, no la de los teóricos reconocidos, ni la de la dogmática
Universidad, ni la de los masters con sus miniordenadores repletos de conectividades
y recetas nuevas y fantásticas, necesita actuar sobre la cruda realidad que
tenemos delante de nuestras narices, olvidándonos de las estructuras convencionales
establecidas por una inercia a las que el libre mercado (libertino, diría yo),
nos ha llevado a dar como buenas sin serlo. A las pruebas me remito.
La actual empresa, no puede ni debe pensar en estructuras incapaces de poderse reducir
a la misma velocidad que las ventas si los mercados cambian y desde luego, requiere
un nuevo marco laboral donde tanto el buen empresario como el buen trabajador, puedan
diferenciarse de los que no lo son y que ahora, al disiparse la niebla de la bonanza
económica, han quedado al descubierto mostrando sus vergüenzas al mercado,
cuando las cosas no van tan bien.
No puede plantear sistemas fijos de remuneración donde el salario crece simplemente
con el paso del tiempo independientemente del rendimiento que seamos capaces de
aportar a la cuenta de explotación. La actual situación ha destapado además
un coste latente de indemnización por despido, que nunca fue provisionado ni
previsto en ningún presupuesto conocido y que en este último año,
ha dado al traste con la única posibilidad de supervivencia de algunas de nuestras
maltrechas empresas, que sí hubieran tenido alguna posibilidad de supervivencia
con otra estructura, con otra mentalidad. Al final, todos a la fila del INEM. Genial!.
Además, cuántas compañías están en situación real
de concurso de acreedores o de reestructuración del Capital Social por desequilibrio
patrimonial (conocido o en el peor de los casos, no) y no lo quieren asumir de una
vez por "miedo social", hasta que la situación es insostenible y se
llega de forma casi automática a la liquidación del negocio?. ¿Y
qué pasó con la responsabilidad de administradores desconocida para la
amplia mayoría de nuestras PYMES, que fuerza obligatoriamente a adoptar estas
medidas con mucha más antelación a la que se está viendo?. Creen
de verdad que no hay muchas más empresas en esta situación que las que
vemos en la prensa o en el juzgado?. Si me hicieran apostar (si no, no), me atrevería
a decir que son en realidad más del doble de las que están.
Quién piense además que su actual producto o servicio va a ser su "modus
vivendi" dentro de un año, o incluso a los 6 meses, está negando la
realidad. Los entornos económicos cambian siempre sí o sí. Y ahora
sabemos que además, pueden hacerlo muy rápidamente. Una sola aparición
de un ministro o ministra en el telediario comentando un propósito de cambio
de ley del gobierno puede poner las ventas a CERO en 24 horas. Asumamos esta hipótesis
como cierta y vayamos pensando con el primer café de todos los días en
cómo reaccionar de la mejor forma posible ante los cambios, sin esperar al
desastre cuando ya nada se puede hacer.
A pesar de todo y sacando a pasear todos los pensamientos positivos y poniendo al
máximo el regulador del sentido común, podemos llegar a la conclusión
de que esta situación ha de ayudarnos (obligarnos) a tomar valientes decisiones
que puedan producir los cambios necesarios para adaptarnos a esta nueva etapa. Aprendamos
de una vez de nuestros errores. Ya no caben modelos rígidos de empresa que
solo estaban preparados para crecer. Eliminemos todas las inútiles cargas que
son lastres en el camino. Busquemos una gestión exquisita. No podemos perder
en el "bricolaje" de llevar un negocio, ni un euro, ni un segundo. Si no
lo sabemos hacer, contratémoslo externamente. Siempre es rentable.
Planteemos una administración pública súper-eficaz con gestiones
tecnológicas rápidas y menos costosas, dándoles el máximo poder
para subcontratar a compañías privadas especializadas en determinados
servicios que desde luego no entrañen riesgo para la seguridad e integridad
el Estado (el que sea, nacional, autonómico o municipal).
Y sobre todo, aprendamos a convivir con la sensación de que no sólo hará
falta tener un buen producto o servicio, sino que además será obligatorio
gestionarlo muy bien, haciendo planes estratégicos (aunque sean muy sencillos)
a medio plazo, que nos permitan evitar una gran parte de las sorpresas que hacen
que el riesgo al final, se coma los beneficios por tomar malas decisiones basadas
solamente en la intuición y en ser unos "echaos p´alante".
Reordenemos nuestro lugar en el mercado. Centrémonos perfectamente en aquello
que sabemos hacer bien. No generemos estructuras caras y rígidas. Internacionalicemos
nuestros productos o vendamos los que más en nuestra zona geográfica.
Es lo mismo. Pero intentemos ser siempre los mejores en lo que hagamos.
Pensemos a medio y largo plazo y sepamos que los ciclos se llaman así por eso,
porque vuelven otra vez. Ocurrió a principios de los 90 y ahora, otra vez.
Cuándo será la siguiente?. Porque haberlo, lo habrá. Estemos preparados
y dejemos a los que vengan, un ámbito de esperanza y de respuesta más
eficaz para minorar los problemas con los que estamos peleando hoy.
Es posible que con estas simples recetas fáciles de escribir y no tanto de
poner en práctica (sobre todo si no se quiere), podamos soñar en un equilibrio
donde la Persona, la Empresa, la Sociedad y el Estado pongan cada uno la parte necesaria
para poder repartir y disfrutar justamente entre todos, la felicidad que se siente
al visitar "PANDORA".
José Luis Meléndez Analista y Consultor Estratégico (Destacado
de TOPTEN Business Consulting Spain) C.E.O. ISOFASE Jl.melendez@comunicarte.es www.toptenbcs.com
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