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Arcusa, cinco parejas jóvenes, dos bebés, otro en camino y una carretera en construcción

Marta Romero y Romain Favrot en el Hotel Tierra de Buxo, un alojamiento con encanto y solo cinco habitaciones que levantaron en el pueblo de la madre de ella.
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Arcusa se revitaliza con la llegada de familias de vuelta a sus orígenes o en busca de un mayor contacto con la naturaleza, en una de las zonas más despobladas de la provincia, el Biello Sobrarbe, entre Aínsa y la Sierra de Guara

ELENA PUÉRTOLAS PUÉRTOLAS
29/08/2020

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Marta Romero y Romain Favrot llegaron de París a Arcusa para levantar un hotel con encanto; Noemí Albás volvió a la casa en la que nació para iniciar su vida con Antonio Palacio; Javier Broto y Laura Bielsa han echado raíces con sus ovejas; César López dejó sus viajes por África y explora con Vanessa Marín las posibilidades de Sobrarbe; y Pablo Ros y Manon Kapoun, después de trabajar como ingenieros en multinacionales en el extranjero, han reabierto la puerta del albergue municipal para recibir al mundo. Alguna de estas parejas tienen un bebé y otro viene en camino. Los columpios empezarán a moverse mientras el ensanche de la carretera, ¡por fin en obras!, se antoja como un símbolo de cambio, de atención a una zona olvidada, y de futuro.

Cansados del silencio en esta tierra del antiguo reino, el llamado Biello Sobrarbe, se escuchan los primeros sonidos de los bebés que habitan Arcusa entre las esquilas lejanas de las ovejas de Javier y Laura, jóvenes incorporados al sector. Esta última lidia embarazada de cinco meses con las ovejas. En diciembre Arcusa sumará un nuevo habitante a sus 26 censados que ya tiene nombre, Martín. Laura estudió Magisterio pero tiene claro que lo suyo no son las aulas sino los corderos.

Nació en Zaragoza hace 25 años pero siempre estuvo muy vinculada a Saravillo, el pueblo de su padre en el valle de Chistau. Desde su adolescencia, todos los fines de semana subía la familia a casa de la abuela, por lo que su vida social la hizo en la zona. "Me di cuenta de que la carrera no me gustaba, pero la acabé, y también tenía claro que no quería vivir en una ciudad", indica. Ahora, trabaja con su pareja, ingeniero agrónomo nacido en Labuerda que ha continuado con las tierras de su padre en Arcusa. "Él ya iba encaminado a esto porque le gustaba la maquinaria, el ganado... pero yo no", comenta. Con todo, "siempre me han gustado muchos los animales, -porque aquí personas somos pocas pero bichos un montón-, estoy encantada. Es muy gratificante, aunque es sacrificado porque son muchas horas", apunta. Entre los dos, suman cerca de 1.200 cabezas de la raza Lacaunne.

No obstante, "esta zona es muy complicada para vivir. Es privilegiada pero muy virgen y poco explotada para el turismo. No hay nada", comenta Laura, en comparación con Saravillo, donde hay más gente de menos de 40 años que se ha quedado y más movimiento con el turismo. En esta zona, indica que "hay algún otro hijo de agricultor que se queda, pero uno de cada muchos y es un trabajo complicado porque incorporarte sin saber nada o sin tener nada de antes es imposible".

 

REABIERTO EL ALBERGUE

 

Precisamente, una zona tranquila es lo que buscaban Pablo Ros y Manon Kapoun para asentarse después de trabajar en Alemania, país en el que se conocieron de Erasmus. Se dieron cuenta de que ese modo de vida no era el que querían. "Pensamos que podíamos vivir de otra manera, con menos, pero en sintonía con nuestro entorno", indica Pablo. Llegaron a Arcusa poco antes del confinamiento para reabrir el albergue, que llevaba tiempo cerrado; y aunque el arranque se ha complicado, tienen planes para ofrecer estancias temáticas y atraer a grupos con experiencias con un enfoque social, conscientes de la necesidad de romper la estacionalidad. "Son muchas horas y sin horario, pero tenemos mucha ilusión", resalta.

Ahora, las dos habitaciones (máximo 16 plazas) solo las pueden ocupar con dos grupos para evitar riesgos. "Nuestro proyecto para el albergue tiene una vertiente social, porque entendemos que es un lugar público que tiene que mirar hacia los que aquí viven", comenta, al tiempo que pone como ejemplo el proyecto que el grupo Senderos de teja impulsa en Artieda, del que hacen partícipes a los vecinos y les prestan servicios.

Después de 18 meses viajando en bici por el mundo, tenían claro que querían ir al medio rural pero en España o Francia, por acercarse a las familias, ya que Pablo es barcelonés y Manon, francesa. Por unos familiares recalaron en Alquézar para conocer la zona. "Es un poco fruto de la casualidad. No había un plan de cómo hacer viable vivir en un sitio así, pensábamos que igual dependíamos de una ciudad por el trabajo. Nos planteamos instalarnos no demasiado lejos de Barbastro", comenta.

En Lecina (municipio de Bárcabo), al sur del Sobrarbe, tuvieron la oportunidad de continuar con el Hostal La Choca y se lanzaron a la aventura. "Es un negocio grande, ofrecíamos media pensión porque ahí no había nada más, y en ocasiones nos sentíamos muy aislados. Como negocio no es mala idea, pero el trabajo era para más personas, encontrar es complicado... Vimos que íbamos a entrar en una dinámica de la que huíamos", indicó. Además, "como reflexión de lo que pasa en pueblos con mucha segunda residencia y donde sí que hay mucha vida en momentos puntuales, es que los que vivimos todo el año lo hacemos de manera asíncrona, porque llegan cuando tienes más trabajo y cuesta mucho conectar, que se cree comunidad y que se creen sinergias. En este sentido, Lecina fue decepcionante", indica. Durante el año pasado que tuvieron allí, conocieron a Marta y Romain, del Hotel Tierra Buxo de Arcusa.

A finales de año teníamos claro que no seguíamos en Lecina y surgió el albergue de Arcusa, donde teníamos ese recibimiento y algo más de vida. "No queremos que el albergue sea lo principal de nuestra actividad. Este negocio es más pequeño, más flexible... y nos permite pensar en proyectos que puedan estar también relacionados con el albergue, no necesariamente con nuestra profesión", comenta Pablo Ros, ingeniero de telecomunicaciones, mientras que Manon Kapoun es ingeniera industrial. Gracias a la familia de Marta, que les ha cedido un terreno, han podido cultivar su primer huerto, ya que no descartan orientarse a la agroecología, apostar por la cocina con productos del territorio como atractivo.

Marta Romero y Romain Favrot cambiaron un gran hotel en París de 470 habitaciones para abrir el suyo en Arcusa, localidad de origen de la madre de Marta, que se crió en Barcelona. Ahora, reciben cada día visitantes en su pequeño alojamiento de cinco habitaciones Hotel Tierra Buxo, como se conoce al territorio. Marta apunta que se ha hablado mucho de aquellos habitantes que tuvieron que abandonar sus casas con lágrimas en los ojos , pero "tal vez, no se ha hablado tanto de aquellas pocas personas que se quedaron y resistieron. Quizás por falta de valor para dar ese paso importante de iniciar una nueva vida. O, probablemente, porque su amor por esta tierra pesaba más que las dificultades para continuar viviendo en ella. Aquellas personas, que mantuvieron ese pequeño hilo de vida en algunas casas, fueron el nexo de unión con los jóvenes que encaran el futuro con optimismo".

 

DUDAS DE CONTINUAR

 

Marta es una de esas descendientes que ha mirado a la tierra de sus antepasados, como lo ha hecho también Javier Broto. Noemí Albás, incluso nació y vivió allí hasta los tres años, cuando la familia decidió trasladarse a Barbastro, aunque su padre continuó cultivando la tierra y nunca perdieron la conexión. La escolarización en un centro con más alumnos, frente a los pocos que asistían a la escuela de Paúles de Sarsa, fue la razón de peso. "Había colegio en Paúles, pero mis padres prefirieron ir a Barbastro y que tuviese otro tipo de infancia", comenta. La misma razón, además de los desplazamientos diarios, que probablemente les lleve a ellos, a dejar Arcusa y volver a Barbastro cuando les toque escolarizar a su hija Ara, de nueve meses.

Noemí, maestra y psicóloga, decidió instalarse en la casa familiar cuando tenía 21 años con su pareja, que trabaja en Sarga y pidió traslado al Parque de la Sierra y los Cañones de Guara. Nueve años después, el viaje a diario para trabajar como psicóloga en Barbastro le pesa. "Una de las ventajas de vivir en el medio rural es la vida tranquila, pero ahora para nosotros supone mucho más estrés", apunta. "Entre la vivienda, las comunicaciones y el trabajo es muy complicado vivir. En Sobrarbe el trabajo es muy reducido, o te dedicas a la hostelería o al turismo o es muy difícil que vengan familias con niños ", indica.

"A pesar de tener que coger el coche, hacíamos ese esfuerzo porque nos traía otros beneficios, pero ahora que tenemos una hija de nueve meses nuestra perspectiva ha cambiado. Esta infancia tiene cosas muy buenas, pero a nosotros no nos convence la idea de un colegio con tan pocos niños, por esa parte de socialización y porque tampoco hay muchos niños en el pueblo", apunta.

"Son muchas cosas que suman a irse y que esta casa vuelva a ser una segunda residencia, porque el contexto tiene muchas limitaciones. El caso de Marta o Laura es diferente porque tienen proyectos profesionales aquí", reflexiona. Con todo, "el pueblo es el mejor para vivir de la zona y el que más servicios tiene, es el centro neurálgico de la zona", comenta. "Tenemos de margen hasta que empiece el cole para pensar, aunque creo que la decisión ya está tomada", indica.

César López y Vanessa Marín son la quinta pareja joven, y padres de una niña de un año, que residen en Arcusa desde hace algo más de tres, cuando fueron a vivir a la casa que dejaron unos amigos que se trasladaron a otro pueblo próximo. "Después de toda la vida de guía de viajes por África, en cuanto pase esta locura, me reciclaré en la hostelería", planea César. Por su parte, Vanessa es acupuntora y tras el parón por la maternidad tiene ganas de ejercer de nuevo. Ya llevan un tiempo en Sobrarbe, donde han vivido ya en Gerbe, Margudgued y Aínsa, y quieren continuar allí.

"Arcusa poco a poco se está convirtiendo en un lugar de nuevos residentes jóvenes, que es lo importante, porque son los que pueden aportar dinamismo económico y pueden tener familia, en una zona muy castigada demográficamente", comenta el alcalde de Aínsa-Sobrarbe, Enrique Pueyo. No obstante, resalta que "la carretera y la banca ancha son dos cuestiones básicas para que resurja la zona", dice en alusión a la reciente implantación de internet de calidad con el Plan de Extensión de la Diputación y la mejora de la carretera entre Latorrecilla y Guaso, acometida por la misma institución.

El problema de la falta de vivienda en alquiler para acoger a nuevos vecinos es un tema que surge en todas las conversaciones. En este caso las casas familiares o un apartamento municipal han permitido los asentamientos.

"Es posible emprender una vida en este pequeño pueblo y levantarse cada mañana viendo en el horizonte próximo el marco incomparable de las cumbres de Tres Serols", comenta Marta Romero. Además, piden "que las administraciones no se olviden de este territorio (ahora se están llevando a cabo bastantes mejoras)" y que, como ellos, apuesten por el mismo.



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