A RIENDA SUELTA
 

Mújica sin parangón




JAVIER GARCÍA ANTÓN
27/10/2020


La política es la lucha por la felicidad humana aunque suene a quimera. En boca de nuestros próceres (en el supuesto de que tengamos dirigentes acreedores de tal dignidad), la expresión sonaría fuera de sitio. No estamos para ilustraciones, sino para el barro. Cada uno ha de ser coherente y la vida pública española adolece de la cultura que legitima a un líder de verdad, de esos que, en su presencia y su palabra, desprenden autoridad.

La frase es de Pepe Mujica en su despedida de la política el pasado día 20. Los discursos del expresidente uruguayo son baños de sabiduría y sentido común que nunca se secan. "Ser senador siempre es hablar con gente y andar por todos los lados. El partido no se juega en los despachos".

Tiene Mujica un aura de martirologio contemporáneo y laico. "En mi jardín hace décadas que no cultivo el odio. El odio termina estupidizando porque las cosas pierden objetividad. El odio es como el amor, pero el amor es creador y el odio nos destruye".

Recuerda sin rencor, porque su carrera existencial ha estado rodeada de espíritu crítico y constructivo, pura y coherente capacidad de adaptación: "He vivido con una definición y me cambian todas las letras".

Convencido de que lo único permanente es el cambio y de que la vida se va y las causas quedan, desterrado de su ser el odio, concluía con un mensaje: "Triunfar en la vida no es ganar, triunfar en la vida es levantarse y volver a empezar cada vez que uno cae".

La columna de "Invasión de zombis" de ayer se despedía "Continuará". La esperanza, el humanismo y la luz de Mujica era la secuencia anunciada. Fe en las personas, amor a la libertad, lucha contra el oscurantismo. Con la razón sencilla.



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