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El estimulante efecto Loporzano

Tecmolde une de nuevo su nombre a Bayona en la película "Un monstruo viene a verme".

POR MYRIAM MARTÍNEZ
30/10/2016

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CADA VEZ son más los proyectos de éxito en los que participa Tecmolde. Desde aquella calabaza Ruperta de 1991 para el programa "1,2,3" hasta el día de hoy, el "palmarés" que atesora la empresa de Julio Luzán, especializada en tematización y escenografía y con sede en Loporzano, resulta sencillamente impresionante. Dinosaurios para Teruel, escenografía para anuncios de Freixenet y Danone, series como el Orfanato, la fachada del Teatro Olimpia, Port Aventura o películas como Éxodus: Dioses y reyes o Astérix representan sólo una pequeña parte de la producción que han desarrollado desde el año 1985.

Alcanzó una de las cotas de popularidad más altas con la película Lo imposible (2012), de Juan Antonio Bayona, y su productora se volvió a interesar por el trabajo de la empresa de Loporzano para repetir un nuevo triunfo con la cinta Un monstruo viene a verme, que ha tenido una espectacular acogida del público.

El buen hacer de Tecmolde se aprecia en esta ocasión en una de las escenas culminantes de la película, en la que aparece un cementerio. Su misión era construir el escenario donde se iban a desarrollar los hechos.

Para llevar a cabo este encargo, la productora envía primero una "storyboard", "que ya no es en dibujos como antes, sino en 3D", y se indican una serie de medidas, número de tumbas y lo que iba a suceder en la escena. A partir de esa superficie, Tecmolde debía generar un movimiento de tierras con todo lo que supone. "Lo primero de todo fue hacer unas pruebas para estudiar cómo se rompe la tierra, qué texturas aparecen y qué volúmenes, y cuando comprendes todo eso, empiezas a ejecutar. También había que tener en cuenta que se trataba de un cementerio londinense, con suelos muy oscuros -precisa-. Una vez que tienes el volumen hay que endurecerlo con poliureas para que aguanten que la gente pueda andar por encima. Cuando ya se ha logrado, le aportas lo que vas a ver, la tierra con su color, arenas y piedras. Parte del trabajo se hace a mano".

La propia tierra de Loporzano fue la base de este trabajo, pero también se adquirieron grandes cantidades de compost en el Centro de Jardinería Brotalia de Atades Huesca. "Compramos compost de muchas clases para hacer mezclas, y todo eso lo pegamos a la superficie de poliestireno expandido y añadimos césped natural -reveló-. Con estos sistemas hicimos la arena del desierto de Exodus. Estamos acostumbrados a esos desarrollos y ya sabemos cómo funcionan".

El cementerio rondaba los 400 metros cuadrados, con unos 300 kilos de compost. Para hacer llegar a la película unos 600 metros cúbicos de material, fueron precisos ocho tráilers.

"A nosotros nos dicen exactamente lo que quieren ver, lo que no nos dicen es cómo lo tenemos que hacer o cuál es el desarrollo de los materiales que debemos emplear", explica Julio Luzán.

No era la primera vez que tenían que crear tumbas para un decorado, pero nunca tantas como en esta ocasión. En total, más de 50, todas diferentes y con textos grabados en inglés. Además, cada una debía llevar la pintura adecuada para dar la sensación de granizo o caliza, o para parecer más o menos envejecidas. El equipo de arte de la película, que dirige el oscarizado mexicano Eugenio Caballero, le envió un dibujo de todas y cada una de ellas. Finalmente, en el set de rodaje se les da a todos los elementos de una escena que proceden de diversos encargos una pátina para igualar los colores, "porque no es lo mismo lo que estás haciendo tú que lo que se está haciendo en otro lugar".

"A mí me gusta mucho el trabajo que hacemos, porque replicar la naturaleza es de las cosas más complicadas; y si los resultados son buenos, son de lo más satisfactorios", añade.

UN TRABAJO DISTINTO A LO IMPOSIBLE

Éste ha sido un trabajo diferente a Lo imposible, porque allí hacíamos cosas rotas, un caos de objetos dañados por el agua, y aquí, en un plano, sale todo tu trabajo", observa.

Lo que nunca sabe es la trayectoria que después seguirán los proyectos, una vez finalizados. "Bayona para mí es un gran director, que cuida las cosas de manera excepcional y emplea toda la tecnología que hay en este momento", comenta, y subraya la importancia que tiene para él este último aspecto. "Yo creo que la tecnología es hoy fundamental para trabajar, no sólo porque te da una capacidad de producción grande, sino porque creo que hay que incrementar su presencia en las cosas más cotidianas sin obsesionarse. Siempre hay que mejorar la calidad y los procesos de producción -analiza-. Y tan fundamental como la tecnología es la gente joven".

Prácticamente todos los profesionales que trabajan en Tecmolde (una treintena) participan en cada proyecto que se lleva a cabo. El recorrido empieza en la oficina y acaba cuando cargan las piezas en el camión. En el proceso interviene el pensamiento para poder hacer un desarrollo, la oficina técnica, máquinas y maquinistas, taller, el retoque, procesos de acabado, los pintores y la carga, que también se hace por ordenador. "Al manejar volúmenes tan extraños, tenemos los camiones que vienen a cargar en 3D, y hacemos las cargas por ordenador -explica Luzán-. Sabemos exactamente dónde va una pieza, qué volumen ocupa y cuántas más podemos poner".

Y si Tecmolde en Loporzano actúa como "una gran impresora", la empresa Shu Digital se puede considerar, según declara Julio Luzán, como "el cerebro".

Shu (Dios de la luz) Digital, que tiene su sede en Walqa y cuenta con seis profesionales, nace como estudio creativo y oficina I+D, fruto de la experiencia de casi treinta años de trabajo de Tecmolde. Todo el trabajo en 3D se realiza en esta ubicación y los trabajos se envían a Loporzano por red.

HUESCA, UN REFERENTE DEL CINE

Si bien es cierto que muchos de los proyectos en los que trabaja Tecmolde han tenido una gran repercusión mediática, no es una cuestión que preocupe a priori a Julio Luzán. "Hemos trabajado en películas buenas, otras menos y en alguna que ni se ha estrenado, pero nosotros no nos lo planteamos. Para mí es tan importante estar implicado con 200 metros cúbicos como con tres. Lo importante es hacer bien el trabajo", señala.

En cambio, sí le parece relevante el hecho de que toda esta labor pueda contribuir a reforzar la idea de que Huesca es una provincia que debería tenerse en cuenta, entre otros aspectos, por su aportación al mundo del cine. "Yo creo que los sitios deben ser referentes de algo, y no personales sino por actividades o posibilidades -subraya-. Me gusta que la gente vea que en un espacio rural se puede desarrollar una tecnología que además tenga cierta importancia en el mundo del cine, la televisión u otros espacios. Esos referentes te pueden guiar un poco y por eso ayudan a la gente joven. Hay que potenciar la idea de que desde Huesca se pueden hacer muchas cosas, y en el mundo del cine tenemos esa posibilidad. No hace falta ser la Ciudad de la Luz ni el mayor plató de cine de Europa, vamos a ser Huesca. Tenemos espacios naturales donde se están rodando muchas películas, profesionales de muchos ámbitos e historia".

Julio Luzán se está prodigando últimamente más en el cine que en la televisión, aunque no todas las implicaciones son de la misma envergadura. A veces interviene en pequeñas partidas, como ocurrió en la película El Olivo, de Icíar Bollaín, y en otras ocasiones la participación tiene mucha más relevancia, como en el filme Un monstruo viene a verme. La mayoría de los proyectos en los que colabora con Tecmolde o Shu Digital no trascienden, pero de vez en cuando alguno cobra especial relevancia y el trabajo sale a la luz. El ejemplo de estos profesionales, posiblemente, puede tener una influencia muy alentadora para los jóvenes oscenses que quieran dedicarse al mundo del cine o a cualquier otra iniciativa emprendedora. Es el estimulante "efecto Loporzano". l



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