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ALTO ARAGÓN - COLABORAN: BANTIERRA Y DIPUTACIÓN DE HUESCA

Castilsabás: el aura del Viñedo y el aire puro

#CONTRALADESPOBLACIÓN

ELENA PUÉRTOLAS
03/08/2019

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HUESCA.- Tere tenía unos diez años cuando escuchó a una mujer que necesitaba un albañil en un supermercado en Huesca. "Mi padre es el mejor albañil del mundo", le espetó. Y la convenció, porque volvió a la casa con Lola, una zaragozana que quería reconstruir una vivienda en Castilsabás; y hubo trato. Su padre, Ángel Puértolas, la rehabilitó y sus cuatro hijos, que lo acompañaban en aquellos inicios, encontraron en el pueblo una libertad -explica Tere-, que hizo que en 1981 compraran y reconstruyeran una casa, en un momento en el que la ruina se había apoderado de parte del pueblo del abadiado de Montearagón, a solo 16 kilómetros de Huesca. Hubo años en el que solo estaban dos casas abiertas, pero hoy viven siempre una decena de vecinos procedentes de varios países, entre ellos Aliana, de 8 años.

Aliana es la primera niña que se ha criado allí en décadas. La última fue Carmen Miranda, con la que curiosamente tiene una relación "muy especial". Carmen aún era muy niña cuando en 1972 sus padres, José Miranda y Laura Cortés, tomaron la decisión de marchar. El colegio ya había cerrado y, tras desplazarse un tiempo al de Sasa del Abadiado, bajaron a Huesca. "Estuve sola unos años, pero fui muy feliz y mis raíces se quedaron allí", señala. Ahora, vuelve siempre que puede.

José Mairal y María Pilar Barreu, de 88 y 85 años, marcharon poco antes: "De un día para otro nos cerraron la escuela -en torno a 1970-, y bien se me valió que habíamos comprado un piso en Huesca, que si no, no gano para vivir, porque allí había otros gastos y aquí me sobraba dinero", explica este jubilado del pantano de Vadiello. Ahora, se trasladan al pueblo desde primavera al otoño y pasan las tardes tomando el té en una mesita en la calle con Pilar Mengual, quien literalmente dice: "El pueblo me ha curado. Además de que me gusta, me dio la salud".

A esta radióloga, que vivía en Huesca, le detectaron una intolerancia a los productos químicos que le impedía acceder a muchos espacios y subía muchas tardes a respirar, disfrutaba de la zona y de los atardeceres. "Tuve suerte y pude comprar una casa, porque nadie vende", comenta. La compró hace 19 años y comenzó la recuperación, para la que cree que tendría que haber más ayudas para que la gente pudiera volver a los pueblos. Ella se instaló definitivamente hace 10 años y preside la asociación vecinal.

 

UN TURISMO EN AUMENTO

 

Mientras, la mujer de José, María Pilar Barreu, hace bolillos y le enseña a Beatriz Isasi, nutricionista de 31 años e hija de Pilar, a hacer ganchillo. "Estoy aquí siempre que puedo y Huesca ya no lo necesito para nada", indica Beatriz. Desde allí, otean el acceso al pueblo, al que cada vez más llegan turistas interesados por conocer el horno comunal que construyeron, se cree que en el siglo XIX, bajo la antigua escuela -hoy salón social-, que serviría para calentarla.

Vanesa Pisa es la guía de la oficina de turismo que la Comarca de la Hoya de Huesca abre en verano en la cercana ermita de la Virgen del Viñedo, donde se puede ver un espectacular molino de aceite construido por varias casas del entorno como Casa Calvo, de Santa Eulalia la Mayor, o Casa Ordás y Vallés de Castilsabás. Acompaña a muchos turistas a esta última localidad, donde además vive con su pareja, Ismael. Allí regentan un refugio y un apartamento de turismo rural. En su caso, la oficina de turismo, dice, le permite trabajar en el medio rural en el que vive los meses de verano y resalta que "es una forma de asentar población".

Leticia Galán, de Huesca, eligió Castilsabás hace 17 años para vivir. Buscaba una casa en medio del campo y cuando vio el atardecer... supo que ese era su lugar. Compró una casa de nueva construcción y allí se quedó, aunque baja a trabajar a Huesca. "Quería una casa en medio del campo, pero esto me daba más seguridad y como tenía terreno, podía plantar árboles y disfrutar de la naturaleza", comenta. Desde su piscina hay una espectacular vista a campos de cultivo típicos de un paisaje del Somontano oscense.

Su hija Aliana, que se llama como un macizo de la próxima Sierra de Guara, es la única que vive allí y lejos de echar nada en falta: "Mi hija está enamoradísima del pueblo y de aquí no la sacas", dice Leticia. Con todo, no está sola. En vacaciones o muchos fines de semana, Noa Puértolas, de 7 años, nada más despertarse en su casa del barrio de abajo -que su abuelo Ángel dejó casi acabada cuando falleció-, corre a jugar con Aliana a la plaza, donde está la que levantó su abuelo en 1981 y una placa en su recuerdo. Allí le espera su abuela Gloria Gistau, que también pasa muchos días allí.

 

UNA IGLESIA APUNTALADA

 

Es el centro de una pequeña localidad distribuida en varias zonas. De hecho, las cuatro o cinco casas que ahora permanecen abiertas todo el año se sitúan cada una en una parte. Cuando se accede por la carretera desde Huesca, destaca a lo lejos Casa Vallés, del siglo XVIII; por sus dimensiones y arquitectura. Una vez que se llega al desvío se atraviesan distintas zonas hasta llegar a la plaza, donde se ubica la iglesia parroquial, dedicada a San Antonio Abad, que data de 1728. Ahora se está a la espera de una intervención del Gobierno de Aragón, puesto que se encuentra totalmente apuntalada.

María José Vallés, nacida en la casa del mismo nombre, recuerda a su tío celebrando misa en el interior, pero hace años que no es posible. La última boda se celebró hace más de 30 años. En el Viñedo, santuario que data de 1713, sí se celebra misa, pero el día grande es el 1 de mayo, cuando acuden miles de personas de muchos pueblos del entorno porque existe una gran devoción. La ha mantenido durante décadas la tía de Carmen, Consuelo Miranda, la santera oriunda de Castilsabás, de 97 años, que hace dos le cedió el testigo a su hija Gloria. Es el lugar de culto y peregrinación de todo el entorno y desde donde se orienta a los turistas.

Vallés ha trabajado en la recuperación del horno comunal de pan, donde se pueden ver todos los enseres para su elaboración y es una de las vecinas, junto a su hermana María Pilar, que ha conservado la historia de este pueblo plasmada en sus casas. Ella ha recuperado Casa Acebillo de la ruina y, adosada a la misma, ha adquirido Casa Ordás, donde intuye que hubo una iglesia semienterrada. Esta ceramista, que se casó con un italiano y ha vivido siempre en Italia, pasa largas temporadas en Castilsabás, donde cada verano ofrece un taller de cerámica para los niños.

Viven también ingleses, holandeses y belgas, "porque se han enamorado del pueblo". "Y quizá -dice María José- porque era el primero del entorno que tuvo casas a la venta, porque hay gente que por no vender se las deja caer y eso no lo entiendo", coincide con Pilar. Y esto le ha devuelto la vida. Ahora, Castilsabás se abre más a ojos del turista con la oficina próxima pero nunca ha dejado de recibir a gentes que se interesan por comprar una casa. Será el aura del Viñedo, el aire curativo, el atardecer o, seguramente, la convivencia... pero enamora.



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