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SOBRARBE - PATRIMONIO

La piedra seca, un patrimonio cultural omnipresente en el Pirineo


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Declaran BIC un conjunto de construcciones en Escartín hechas con esta técnica ancestral típica de la zona mediterránea

PABLO PÉREZ
16/02/2020

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HUESCA.- Pajares, pozos de nieve, casetas de pastor, yerberos, escalones, parideras, corrales, hornos de cal y, sobre todo, kilómetros y kilómetros de bancales... Todos ellos hechos poniendo piedra sobre piedra sin mortero ni ningún tipo de argamasa para unirlos. Es la arquitectura con la técnica de la piedra seca, de la que el Pirineo altoaragonés cuenta con innumerables ejemplos. Esta técnica constructiva, que se remonta a tiempos prehistóricos y se extendió por toda la cuenca del Mediterráneo, fue declarada Bien Catalogado Inmaterial del Patrimonio Cultural Aragonés en 2016 e incluida en la lista de Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco hace dos años.

Esta semana, el Gobierno de Aragón ha declarado el sistema de bancales, casetas y mosals en piedra seca que rodean el pueblo deshabitado de Escartín, en el Sobrepuerto de Sobrarbe, Bien de Interés Cultural (BIC). Es el primer conjunto de piedra seca que entra en esta categoría en la provincia de Huesca. Algunos de los motivos para otorgar este reconocimiento a la piedra seca de este lugar en concreto fueron la variedad de tipologías de estructuras concentradas en un área relativamente pequeña, su buen estado de conservación y el interés de la técnica empleada en su construcción.

"Hay construcciones por todos los lados en esa zona", asegura Carlos Fernández, un arquitecto que está preparando una tesis sobre la arquitectura tradicional en el Pirineo. Aunque vive en Madrid, Fernández ha visitado desde niño el Pirineo y se ha dedicado a estudiar las estructuras arquitectónicas de la cordillera para su investigación, que se centra sobre todo en el Valle de Gistaín. Aunque conoce estructuras de piedra seca de todo el Pirineo, sostiene que "lo del Sobrepuerto es lo más espectacular que hay en cuanto a bancales y pequeñas cabañas". Este conjunto llama la atención, dice, "por la cantidad y sobre todo por el impresionante paisaje en que se encuentra. Son unas laderas con mucha inclinación y están todas llenas con bancales".

"Parecen escaleras de gigantes", afirma José María Satué, que vivió de joven en Escartín, antes de que de fuese completamente abandonado en 1966, y es miembro fundador de la Asociación Cultural Escartín del Sobrepuerto. Esta organización de antiguos habitantes del pueblo es la que pidió la declaración del BIC para la piedra seca del lugar. "En todo el Sobrepuerto hay muchas cosas en piedra seca, pero la concentración que hay en Escartín no la hay en la zona circundante", indica Satué para explicar por qué decidieron pedir la declaración de Bien de Interés Cultural.

Otro aspecto destacable de la piedra seca de Escartín es su uso en los mosals, unas estructuras rectangulares abiertas por uno de los lados que se destinaba al ordeño. Son las "más excepcionales del conjunto", según la declaración de BIC, que reseña que "en muchas zonas de Aragón son conocidos como muideros y tienen un carácter casi único en Aragón".

Además de Escartín, en Aragón, también ha sido declarada la arquitectura de piedra seca la de la localidad turolense de Iglesuela del Cid. Hay testimonios de ella en gran parte de la comunidad con algunos focos con un mejor estado de conservación, como las comarcas altoaragonesas de Sobrarbe, Alto Gállego, Jacetania o Somontano, las turolenses del Maestrazgo, Matarraña y Bajo Martín, o zonas muy localizadas de Zaragoza, como La Muela y la Ciesma de Grisel.

 

EJEMPLO DE ARQUITECTURA SOSTENIBLE

 

Y es que se trata de "una técnica constructiva de origen antiquísimo que está muy asociada a el mundo mediterráneo", señala Fernández. "Mientras que en las zonas del norte de Europa su forma de construir estuvo normalmente más relacionada con la madera, en toda la parte sur y alrededor de la cuenca del Mediterráneo se hace una construcción con piedra", añade. "Se utilizaba para casi todo el mundo rural antiguamente, sobre todo en las construcciones auxiliares y las que están un más alejadas de los núcleos de población, donde el transporte de materiales o de morteros de cal es más complicado", detalla el arquitecto.

Una de sus características es que se usa material que se recoge en el mismo lugar de la construcción, por lo que representa un "ejemplo de sostenibilidad" que también ha valorado el Gobierno de Aragón para la declaratoria de BIC, que asevera que "es un modelo del respeto e integración en el entorno rural de las generaciones que nos preceden".

Los bancales en piedra seca tienen además la ventaja de que, al carecer de argamasa, son permeables al agua que cae por las laderas, además de estar construidos para reconducirla hacia los laterales. Así, son más resistentes que si estuvieran hechos con hormigón, pues de otro modo retendrían el agua y se podrían vencer por el peso. Esa porosidad también permite el paso de la micro fauna, lo que beneficia a los cultivos.

Fernández detalla otros aspectos importantes de la técnica de la piedra seca en el Alto Aragón, como el elemento de cohesión social que implicaba su construcción y mantenimiento ya que "había muchísima colaboración para en su realización y mantenimiento, sobre todo en invierno, cuando no había tantos trabajos agrícolas se organizaban todos en el pueblo para ir arreglando todo eso".

"Lo que estaba en terrenos comunales se hacía con lo que se llamaba "vecinal", que eran trabajos comunitarios. Desde cada casa se ponía mano de obra y se juntaban para ir reparando este tipo de construcciones que habían caído por el deterioro", explica Alejandro Asín, agente de Empleo y Desarrollo Local de la Comarca del Sobrarbe, donde el año se organizó un taller para enseñar la técnica de la piedra seca.

Luis relata que esta "se conocía en Sobrarbe al menos desde la Alta Edad Media y posiblemente en épocas anteriores", aunque matiza, no se han realizado estudios arqueológicos para datarlas.

Pero con la industrialización y el fenómeno de la emigración del campo a las ciudades en torno a la década de los 60 del siglo pasado, se fueron abandonaron las tareas agrícolas y construcciones en piedra seca como bancales y casetas de pastores en regiones afectadas por la progresiva despoblación, como el Pirineo, dejaron de tener utilidad.

Ahora, estas estructuras "muchas veces o se dejan caer o se restauran con técnicas diferentes a la piedra seca porque muchos de los propietarios o incluso las brigadas de los Ayuntamientos no la manejan". De ahí, sostiene, la organización del taller, en el que participaron 40 personas. Para este año, ya se está preparando la segunda edición.

Uno de los profesores de este taller fue Javier Soria, un albañil de Aínsa que ha aprendido esta técnica. "Esto se aprenden con la práctica", indica. "Yo llevo desde los 15 años trabajando en la construcción y vivo en el Sobrarbe, donde tenemos miles de metros cuadrados de piedra seca. Y al final no es ni más ni menos difícil que con cal. Se va calzando por detrás bien el muro con piedras de desecho y simplemente hay que tener la picardía de que queden las piedras bien calzadas para que eso perdure en el tiempo".

Soria detalla que le ha tocado reparar algún muro de piedra seca de algún vecino de la zona, aunque por lo general, cuando se les derrumba este tipo de estructura "ya no exigen que lo vuelvas a hacer en piedra seca".

La declaración como BIC del conjunto de piedra seca de Escartín supone que no se pueden alterar estas construcciones. "Pero en teoría también implica un deber de conservación e implican un deber de conservación", asegura Fernández, quien reconoce que esta es una labor complicada. Escartín se halla a dos kilómetros de caminata desde Bergua, el pueblo habitado más cercano. Y eso sin contar la gran cantidad de estructuras que hay dispersas por todo alrededor de ese pueblo en ruinas.

Satué cree que el conjunto "se debería inventariar, no solo en nuestro pueblo, sino en toda la zona". También considera oportuno señalizar la zona y promocionarla turísticamente de cara al senderismo. "Cada día acude más gente a aquellas tierras y se quedan impresionados", comenta. Esto "puede redundar en algún beneficio para los vecinos de las zonas habitadas del valle del Ara y por el otro lado del Alto Gállego", concluye.



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