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Sociedad

OBITUARIO

Fallece el investigador oscense Manuel Sarasa


El científico ayerbense diseñó una vacuna para erradicar el alzhéimer que se encuentra en fase II del ensayo clínico

MYRIAM MARTÍNEZ
27/05/2020

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HUESCA.- El científico oscense Manuel Sarasa Barrio falleció este miércoles en Zaragoza a los 63 años de edad tras no poder superar una enfermedad que contrajo hace unos meses. El campo de la investigación mundial pierde a uno de sus grandes activos, que había sembrado de posibilidades el terreno donde se libra la batalla contra el alzhéimer. Este jueves se oficiarán dos funerales, a las 10:15 en la capital aragonesa y a las 12:30, en Ayerbe, su localidad natal.

La dolorosa noticia se produce en un momento importante de su trayectoria como investigador, en la que destaca el diseño de una vacuna para erradicar esa enfermedad, que se encuentra en la fase II del ensayo clínico y que hasta la fecha sigue un proceso que Sarasa consideraba muy esperanzador. De hecho, la multinacional española Grifols S.A., una de las más importantes del sector farmacéutico y hospitalario a nivel internacional, puso la mirada en su proyecto y decidió respaldarlo.

Manuel Sarasa nació el 13 de febrero de 1957. Fue a la escuela en Ayerbe, pueblo que llevaba en su corazón y del que presumía dentro y fuera de España, y cursó el Bachiller superior en el Colegio San Viator de Huesca. Le apasionaba la química y la biología, pero optó por la Veterinaria para poder estudiar en Zaragoza y tener la posibilidad de dedicarse a la investigación. Se licenció en 1980 y obtuvo el doctorado en 1985 con el Premio Extraordinario.

Catedrático de Anatomía y Anatomía Patológica Comparadas, se inició en el estudio del alzhéimer en Suiza y su trabajo se centró en esta enfermedad que padeció su madre y para la que todavía no existe cura.

Desde 1989, dirigió más de una docena de proyectos de investigación, inventó varias patentes y firmó más de medio centenar de publicaciones científicas de impacto mundial. Fundó en 1993 el Laboratorio de Neurobiología de la Universidad de Zaragoza y en 2004 creó como una "spin-off", la compañía biotecnológica Araclon Biotech, que se especializó en la investigación y desarrollo de terapias y métodos de diagnóstico frente a enfermedades neurodegenerativas.

No siempre fue sencillo mantener a flote Araclon Biotech, especialmente en los años de crisis económica y en un país que sigue apostando poco por la investigación, pero él fue siempre fiel a su tierra, a pesar de que recibió numerosas ofertas y fue tentado para irse fuera. Su prestigio sobrepasa las fronteras y su presencia era requerida en los congresos internacionales de mayor relevancia.

Obtuvo numerosos reconocimientos sociales y profesionales como el de Aragonés del Año 2004 en Ciencia e Investigación, o el de Altoaragonés del Año en 2009, premio que concede DIARIO DEL ALTOARAGÓN. Además, fue galardonado por la Confederación Española de Familiares de Enfermos de Alzheimer y otras Demencias (CEAFA), en la modalidad Investigación (2009), y fue instituido Académico Numerario por la Real Academia de Medicina de Zaragoza (2014). Recibió también la distinción del Rotary Club de Huesca y fue nombrado Socio de Honor de la Asociación de Amigos del Castillo de Loarre. Agradeció con sinceridad, humildad y emoción cada uno de estos galardones.

En 2012, la compañía Grifols, tercera del mundo en la producción de fármacos biológicos derivados del plasma y grupo pionero en investigación y desarrollo de alternativas terapéuticas, que en 2004 empezó a trabajar también en el campo del alzhéimer, decidió apoyar la investigación de Sarasa y su prometedora vacuna, y adquirió el 51 % del capital de Araclon­Biotech.

El investigador pretendía con este fármaco estimular el sistema inmunológico para que produzca anticuerpos que mantengan la proteína beta-amiloide en niveles bajos, ya que su presencia en exceso es, precisamente, lo que según Manuel Sarasa produce el alzhéimer.

En enero de 2014 comenzó el ensayo clínico en humanos, después de que la Agencia Española del Medicamento autorizara las pruebas en septiembre de 2013, tras una exitosa fase de experimentación animal.

En esta fase I, de carácter muy preliminar, se evaluó la tolerabilidad y la seguridad de la vacuna ABvac40 en enfermos con alzhéimer leve o moderado, y se basó en la inmunización contra el beta-amiloide. Fue una innovadora inmunoterapia activa frente a las proteínas beta-amiloides 40 y 42, utilizando la parte C-terminal de estas proteínas.

En la fase II, que se desarrolla actualmente, se trata de abundar en estos objetivos y establecer cuáles son las dosis necesarias para que el preparado sea eficaz. Todas estas pruebas clínicas han sido coordinados por la Fundació ACE, en Barcelona, bajo la supervisión de la doctora Mercè Boada.

Manuel Sarasa destacaba siempre la importancia del equipo que le acompañaba en su aventura investigadora, y con él diseñó también un kit de diagnóstico para la detección temprana del alzhéimer, una patología con una prevalencia en España en torno a los 350.000 o 380.000 casos y más de 25.000 millones de personas en el mundo.

Fue sobresaliente su implicación con la sociedad altoaragonesa y acudía ahí donde se requería su presencia. Formó parte del Comité Científico de las Jornadas para el Recuerdo, que organizan desde hace un lustro la Asociación Alzhéimer Huesca y DIARIO DEL ALTOARAGÓN, y gracias a su mediación intervinieron en ellas profesionales de primer nivel.

Manuel Sarasa se casó con Irene Sanjosé, su compañera y cómplice también en el trabajo, y madre de sus tres hijos, Manuel, Juan Carlos y Santiago. Además, era feliz con sus dos nietos, Miguel y Miriam. Sus padres, Jerónima y Antonio, le transmitieron los valores del "esfuerzo, honradez y sinceridad", patrimonio que compartían también sus seis hermanos.

Era una persona sensible, humilde, inteligente, honesta, perseverante, positiva, entusiasta y buena, con vocación de servicio y una capacidad de trabajo infinita. Tenía también un gran sentido del humor y sacaba partido a las cosas más sencillas.

La investigación era su forma de vida, estaba atento a todo lo que le rodeaba. Santiago Ramón y Cajal era su referente.

Adoraba a su familia y era un amigo generoso que siempre estaba disponible. El mejor de los amigos. Cada vez que veía el pico Gratal, de camino a Ayerbe, se sentía en casa. Le encantaban las motos y conducir. Le apasionaba la vida.

Manuel Sarasa siempre pensó que la vacuna del alzhéimer que diseñó sería tarde o temprano una realidad. "Pinta bien", decía prudente pero con convicción. Había que encontrar un remedio para esta terrible enfermedad. Él "o cualquier otro investigador", eso era lo de menos. Habrá que hacer todo lo posible para que su legado no se pierda.



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