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Cultura

"La muerte no existe, solo es una creación cultural de los vivos"

David Liquen, presentando a Manuel Vilas.
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Manuel Vilas presentó ayer su última novela, Los inmortales, en Huesca

Manuel Vilas ha regresado a todas las librerías españolas con un nuevo título, Los inmortales (Alfaguara), una novela vitalista que hace un alegato contra la muerte a través de una parodia de las novelas de caballería. El autor plantea una afirmación de la vida por medio de una serie de personajes que afrontan aventuras muy poco convencionales.

MYRIAM MARTÍNEZ
12/02/2012

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La novela arranca en 22011, un año que da el primer toque de ficción a la historia. Vilas había reflexionado previamente sobre algunas de las importantes lacras que se habían conseguido erradicar en el siglo XX, como el analfabetismo o el hambre, y decidió plantear en su nueva obra la posibilidad de que en un futuro también se pudiera poner final a la mortalidad.

El arqueólogo Aristo encuentra un manuscrito titulado Los inmortales donde se documenta que a finales del siglo XX y principios del XXI se alcanzó ya la inmortalidad. La revelación le hace sentirse muy molesto, porque esos individuos a los que se refiere son personajes humorísticos, de baja condición. Aristo estima que hay que quemar el texto, porque con él se regresaría al mundo de la risa y la oscuridad, un tiempo que considera superado. Los inmortales del año 22011, sin embargo, son nobles, solemnes, muy espirituales y trágicos. El barbastrense opone el mundo Shakespeareano al Cervantino. "El personaje principal se llama Saavedra, que se cree que es la encarnación de Cervantes. Ha asistido a la muerte de Felipe II, ha conocido a Robespierre, ha estado en la Alemania nazi y se ha enamorado de Eva Braun (mujer de Hitler). Junto a él aparecen otros inmortales de otros ámbitos como la pintura (Picasso y Van Gogh), la política (Stalin y Hitler) o la religión (Juan Pablo II y la madre Teresa de Calcuta) -explicó el escritor en la presentación ayer de su nuevo título en la librería Anónima de Huesca-. He elegido a estas figuras en función de su gran capacidad simbólica y su significación histórica. Quería que fueran personajes de una universalidad indiscutible".

En la novela de Vilas, el tiempo se disloca de la mano de Saavedra, un personaje inspirado en el papel que Christopher Lambert hizo como protagonista en la película homónima que dirigió Russell Mulcahy en 1986. Fue precisamente este "film", en el que se inspiró al autor barbastrense para crear sus propios inmortales.

Al margen de esta cuestión anecdótica, Vilas quería abordar un asunto que le preocupa, como es el tema de la muerte. "Vas cumpliendo años y ves que la muerte es real -comentó a este periódico-. Cuando eres joven parece que no tiene que ver contigo, pero en la medida que ves morir a otros y que te haces mayor, te das cuenta de que es una condición humana terrible e inexorable".

A partir de ahí, el escritor decidió abordar el asunto literariamente y aportar su propia reflexión. "La muerte lo convierte todo en irrealidad y mi novela, en algunos aspectos, también lo es. La muerte es un fenómeno de los vivos, porque el que muere no sabe nada. En realidad -añadió-, la muerte no existe, solo es una creación cultural de los vivos".

EL HUMOR, LA "MARCA DE LA CASA"

Como (casi) no podía ser de otra manera, el humor aparece a lo largo de toda la novela. Es como un fino barniz que recubre cada una de las palabras de una manera delicada, poética y brillante. "El humor es una marca de la casa", reconoce Manuel Vilas, que se muestra al público, una vez más, como hijo de Cervantes. "Entiendo el humor como una manera de cuestionar la solemnidad y también la autoridad -explicó-, e intento que sea también una expresión de la inteligencia".

Con esas mismas premisas aborda la crisis económica y de valores de nuestro presente histórico y, por ejemplo, establece un decálogo que, bajo el título Teoría del reciclaje trascendental, Stalin dicta a otro personaje. "Hay muchas referencias al postcapitalismo y a la crisis económica causada por él. Pero la literatura no sirve para juzgar -precisa-, su grandeza está en representar la complejidad del tiempo".

La lectura del final del libro resulta esencial para comprender el planteamiento del escritor. "El ser humano es un encadenamiento de estadios evolutivos. Igual que el Hombre de Cromañón saltó hacia el Homo Sapiens, la evolución no ha terminado -apunta-. Nosotros solo estamos viviendo un estadio evolutivo. La humanidad no solo no va a desaparecer, sino que va a crecer, extenderse, conseguir logros que parecen inverosímiles y uno de ellos será erradicar la muerte. La vida será una acumulación de saber, engrandecerá por dentro y dará lugar a hombres de conocimiento".

Manuel Vilas presenta al público un libro que ofrece muchas aristas, una novela que permite disfrutar de cada uno de sus ingredientes, de las aventuras, la ciencia ficción, de un humor con un sello muy personal y de historias que deambulan al filo de la realidad, pero también es una novela que aporta una reflexiva crítica social contra todos los órdenes de nuestra realidad histórica actual.

"La condición humana se puede analizar desde el humor o la tragedia, yo elijo el humor trágico", manifestó el autor.

EL "UNIVERSO VILASIANO"

El libro de Manuel Vilas salió a la venta el pasado 20 de enero. Desde entonces, el escritor ha concedido más de cincuenta entrevistas. Todos los críticos de los principales medios de comunicación nacionales se han hecho eco de su obra, y también numerosas televisiones y radios. Ha realizado presentaciones en Madrid, Barcelona, Sevilla, Málaga, Valencia y Huesca, y va a continuar su periplo por Pamplona y Santander. También viajará a Casa Blanca, aunque en esta ocasión para promocionar la traducción al francés de su novela anterior, "Aire nuestro". Manuel Vilas no parece cansado por ello, por el contrario, le parece "bonito" tener la oportunidad de hablar de su libro y se siente "agradecido" de que la literatura continúe teniendo un espacio mediático. Ayer le tocó el turno a Huesca. El escenario fue la Librería Anónima, con su propietario, José María Aniés, como anfitrión, y el editor y autor David Liquen, como presentador. El público disfrutó de un acto muy divertido, convertido en una "contrapresentación", en la que Liquen se refirió al universo "Vilasiano" y destacó la mirada crítica del escritor barbastrense.



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