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FOLCLORE

Víctor Miranda: "Cantar te alegra la vida y te da satisfacciones"

Víctor Miranda.
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Componente de Santa Cecilia, lleva más de tres décadas en la jota



S.D.
07/05/2017

Cuando habla de música sus ojos se iluminan y sus labios esbozan una sonrisa. Disfruta escuchando ópera, y también lo hace cantando jotas, algo en lo que se inició con poco más de 30 años y que no ha dejado de hacer en tres décadas.

Víctor Miranda es un hombre para el que la música es más que una afición, a la que ahora, tras su jubilación, le puede dedicar todo el tiempo del mundo, y así lo hace.

Nacido en Yéqueda y criado en Vicién, localidad en la que vive a caballo con Huesca, recuerda escuchar cantar a su padre cuando era un niño. "Cantaba jotas a su aire", y eso fue calando en él. Con 12 ó 13 años, veía como los vecinos aplaudían a su primo hermano Antonio Miranda, cuando su tío le animaba a cantar, algo a lo que se ha dedicado toda su vida a través del Coro Nacional de Canto en Madrid.

Ver eso en casa hizo mella en Víctor Miranda que recuerda con 14 y 15 años, "cantar jotas con los amigos cuando hacíamos alguna juerga, después del buen comer y beber". Fue entonces "cuando me aficioné a la jota", pero esa afición quedó aparcada "a los 18-19 años, en los que me atrajo más la música pop. Era la época de The Beatles".

Los de Liverpool y demás grupos del momento coparon su interés, pero pasados los años, con 35, acudió a la Escuela Municipal de Folklore y Música de Huesca para que su hija pequeña, Amaya, aprendiera a bailar. "Tenía 10 años y, a veces, la acompañábamos con su hermana Vanesa, que tenía 11, y una cosa llevó a la otra, y nosotros comenzamos a cantar".

José Rodrigo, profesor en la Escuela, le dijo que cantara una jota, y así lo hizo. "Al principio la voz estaba dormida, pero con los ensayos comenzó a salir".

Poco tiempo después se incorporaron a la Agrupación Folklórica "Santa Cecilia". Amaya y Vanesa lo dejaron cuando se fueron a estudiar a Zaragoza, pero Víctor continúa en el grupo. "Yo tenía verdadera pasión y decidí seguir... De eso han pasado treinta años".

"Cantar te alegra la vida, te da muchas satisfacciones y cuando lo haces en público todavía más". El tándem cantar-escenario "es un lazo que perdura siempre", asegura Víctor Miranda, que con los años se ha dado cuenta "cómo va creciendo la expresividad".

Este cantador, al que le avala experiencia, considera que "en la emisión de la voz debe ir el sentimiento, y eso se adquiere cantando y con los años. Es parte del corazón. Tú tienes la voz, y el corazón le transmite al cerebro como lo tienes que decir".

Sentimiento, pasión y ganas de seguir aprendiendo, eso es algo que forma parte del día a día de Víctor Miranda, que actualmente acude dos días a la semana a clase con Susana Gil, "que es la que enseña en la agrupación", y hace sus pinitos en el mundo de la ópera con Conrado Betrán.

"Educar la voz lleva tiempo, y hay que estar aprendiendo constantemente porque eso también te ayuda a mantener la ilusión".

Víctor Miranda considera que para cantar hay que tener "voz, buen oído y expresividad", y si a eso le añades que "una vez superados esos 18 años en los que lo que te gusta es descubrir el mundo y la vida, la pasión por lo nuestro, por la tierra, se intensifica", y eso hace "que la jota, que perdurará siempre, esté presente continuamente".

Conservando la tradición y la raíz, este cantador de Vicién reconoce que venera "a las personas que sacan estilos nuevos" y, por qué no, poderlos interpretar y dejarlos para la posteridad, algo que hizo con los estilos de siempre y junto a sus compañeros de la agrupación Laura Val y Francisco Bescós en el cedé A la raya de lo sol, "una experiencia muy buena y bonita", que se suma a su participación en dos discos de Santa Cecilia.

"Debemos inmortalizar la pasión que sentimos por la jota" y también transmitirla a la gente joven. Para Víctor Miranda formar parte de la familia de los "cecilios" es gratificante. "El ambiente es muy bueno, hay armonía y muy buena relación, y estar con gente joven me rejuvenece", confiesa este amante de la música en general y el folclore en particular, que lamenta no haber tenido una formación musical como la que están recibiendo actualmente sus nietos en el Conservatorio.

Víctor Miranda ha inculcado a los suyos su amor por la música. "A mi mujer le gusta la jota, ella es la que se encarga del vestuario y me acompaña de vez en cuando", y sus hijas también sintieron ese duende, que en el caso del patriarca de la saga está más vivo que nunca y así seguirá "mientras me acompañe la voz".