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COSAS DE CASA

Benabarre da las horas con joyas de hace dos siglos

Marín Samper en su taller de relojero.
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Martín Samper, vecino de la localidad, expone en el Museo del Reloj una completa colección



ELENA FORTUÑO
19/11/2017

EL MUSEO del Reloj de Benabarre muestra en una recoleta vivienda situada en pleno casco antiguo más de un millar de relojes recopilados por su propietario, Marín Samper, a lo largo de toda una vida trabajando como relojero en Barcelona y, en los últimos años, en la propia capital cultural ribagorzana, su localidad natal y a donde regresó poco antes de la jubilación. Algunos de estos relojes son auténticas joyas de más de 200 años de antigüedad, aunque no solo destacan por su edad, en este recomendable museo hay relojes curiosos, bonitos, divertidos y exclusivos en su género, de pulsera, de bolsillo, de pared, de antesala, etcétera. La exposición se completa, además, con la visita al taller del propio relojero que, con la misma precisión que trata sus relojes, ofrece amablemente las explicaciones sobre la maquinaria para repararlos.

"Nací en Benabarre, pero a los tres años y medio nos fuimos para Barcelona porque no teníamos tierras y había que vivir". Tras estudiar el oficio de relojero y completar el servicio militar, Marín Samper se estableció en Barcelona donde ha ejercido el oficio desde 1954.

"Era el oficio mejor pagado. Los relojes eran muy caros entonces y la gente los compraba a plazos. Era la tecnología punta de la época", comenta, mientras recuerda que se estableció en un kiosco en la barcelonesa calle Trafalgar y que para poder atender a la clientela, tenía seis relojeros que le hacían faena en sus casas.

"Cinco años antes de la jubilación, una empresa se quedó mi negocio y tuve que venir aquí a Benabarre y poner en esta casa que tenía para la leña un tienda si quería cobrar la jubilación". Después de 63 años de relojero, Marín Samper tenía muchos relojes. "El 90 por ciento de lo que hay aquí no se puede arreglar. Son relojes que dejaban y no venían a buscar". Todo ello puede visitarse en la vivienda que acondicionó para establecerse esos últimos cinco años antes de retirarse. "Arreglé el suelo, acondicioné la bodega que está exacta a hace 200 años", comenta, y coloqué todo lo que tenía.

"No le había dado importancia a mi oficio hasta que vine aquí y empecé a enseñárselo a la gente", asegura. Después de una vida dedicada a la relojería y los relojes, confiesa también no entender cómo los relojes pueden durar tanto. "Años y años funcionando 24 horas al día todos los días", apunta.

Y muchos siguen funcionando en este sorprendente Museo del Reloj de Benabarre, donde Marín Samper no puede ni precisar cuántos relojes se muestran. "Hay lo que se ve y muchas cajas por colocar", una exposición completísima y muy valiosa que cedió al Ayuntamiento de Benabarre. "Todo lo dejo al Ayuntamiento, excepto la casa", precisa.

Su pieza preferida es un reloj dorado de pared que adquirió en Barbastro, en Ferma, hace unos cinco años. "Es francés y es el más bonito, hay bastantes de antesala que compré en anticuarios de Francia y que tienen 150 o 200 años". "Mi generación es la última de relojeros así que he podido conseguir piezas muy antiguas".

En el museo, hay algunos de 1980 e incluso de finales de 1700. Entre ellos, destaca un reloj de bolsillo de Alexandre II, con un Águila bicéfala con los ojos de rubíes y un escudo central. "Pensaba que era austrohúngaro, pero es de un zar de Rusia y cayó en mis manos a través de un joyero que me traía relojes de bolsillo para que les sacara la máquina para el fundir el resto que eran de plata y oro". Entre las piezas de la exposición, Marín Samper destaca también un reloj alemán incrustado en el péndulo y otro con forma redondeada con una composición fotográfica incrustada, con la esfera ligeramente abombada que él ha recreado con imágenes de Benabarre.

Pero la nómina es interminable, hay relojes de antesala, de mesa, de pared, de cuco, de cocina, despertadores, los primeros analógicos, de bolsillo, de pulsera, cronógrafos y hasta un reloj de sol. Es curioso también el reloj del vigilante de una fábrica, diseñado específicamente para ese trabajo. "Pasaba a una hora determinada por cada nave y marcaba la hora con la llave de cada una de esas naves", explica el relojero.

El horario de visitas del Museo del Reloj de Benabarre es de lunes a viernes entre las 10 y las 13:30 horas y, los fines de semana, puede verse contactando con el propietario a través del teléfono que está en la puerta del museo. "Yo vengo cada mañana aquí. Me estoy un rato y lo enseño encantado. Arriba, tengo un taller de relojería y también lo enseño porque hay maquinaria muy interesante. "Hay una lavadora de relojes, de las primeras que hubo en Barcelona, que es alemana. Un Vibograf para corregir si adelanta o retrasa el reloj. Herramientas para soldar las patas de los relojes de pulsera y muchas otras cosas curiosas", detalló este apasionado de la relojería que transmite su entusiasmo a quienes visitan el museo.