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ALTO ARAGÓN - COLABORAN: CAJA RURAL DE ARAGÓN Y DIPUTACIÓN DE HUESCA

Ainielle, símbolo de la despoblación


#CONTRALADESPOBLACIÓN



ENRIQUE SATUÉ
29/09/2018

HUESCA.- Escribo este artículo a escasas fechas de que la asociación "O Cumo" de Oliván reinicie la caminata cultural conocida como "La senda amarilla", que lleva a un grupo entusiasta de amigos hasta Ainielle (este año ha sido incluida por la Diputación Provincial de Huesca en su programa artístico "Visiona").

Por azares de la vida un librito mío -"El Pirineo contado"- guió a Julio Llamazares hasta la aldea despoblada para ubicar allí su novela "La lluvia amarilla", obra a la que los lectores y el tiempo han convertido en el referente literario de mayor éxito sobre los sentimientos que ha provocado la despoblación. La circunstancia no encierra mérito alguno por mi parte, pero sí que me veo obligado, a sugerir el modo en que se podría revertir el vómito de ruina y desolación que ya hace tiempos invade lo que un día fue Ainielle; en definitiva, "cómo se podría extraer un poco de sal de tanta lágrima".

Si en 1946 Camilo José Cela escribió "Un viaje a la Alcarria" y la obra ha tenido en la comarca un efecto socioeconómico positivo; humildemente opino que "La lluvia amarilla", por ser una obra ya consagrada y traducida a los idiomas más importantes, bien podría generar algo de vida alrededor de un valle vacío pero espectacular. Para ello realizaré un breve recuento de las sinergias que, paradójicamente, se han dado cita allí, desde que en 1988 se escribiera el libro.

Ainielle, hasta 1958, en que fue vendido de forma voluntaria al Patrimonio Forestal del Estado, era una pequeña aldea de diez casas donde los vínculos con la Edad Media todavía eran consistentes. Hecho que llevó a que muchos de sus antiguos habitantes vivieran la marcha como una emancipación. No en vano, Ainielle era uno de aquellos núcleos creados en alturas antifuncionales, en un tiempo en que el iniciático reino de Aragón todavía no se podía expandir hacia los llanos del Valle del Ebro. Sus gentes se repartieron entre las localidades fabriles de Sabiñánigo y Monzón, los nuevos pueblos de colonización levantados en los Monegros, y Barcelona, a donde desde los años veinte del siglo pasado se dirigió la emigración de las muchachas, y que nos indica cómo, también Ainielle, puede revertir el discurso de deuda que hoy emite el nacionalismo periférico respecto al resto de España.

Dicho esto, veamos qué cantidad de sal (riqueza) hay en medio de tanta lágrima. Para empezar tenemos el capital del libro, "La lluvia amarilla", cuyo éxito radical -casi ocho millones de entradas a través de Google- se basa, desde mi punto de vista, en que su temática encaja perfectamente en el marco postmoderno de las "nuevas sacralidades". Como complemento a él tenemos la "lluvia real", mi ensayo didáctico, aparecido en 2003, bajo el título "Ainielle. La memoria amarilla", que en su día puede utilizarse para crear cualquier variante museística. A continuación contamos con un paisaje mestizo privilegiado, recorrido por buenos senderos señalizados, donde la huella antrópica tradicional se evidencia.

Como complemento se cuenta con el Museo Ángel Orensanz y Artes de Serrablo, ubicado en Sabiñánigo, y que recoge con acierto etnográfico la cultura material y espiritual. A lo que hay que añadir una elevada densidad de asociaciones culturales que trabajan con acierto la recuperación de su patrimonio material e inmaterial (Amigos de Serrablo, Erata, O Cumo, Mallau, O Zoque, Amigos del Valle de Broto, etc.). Y finalmente, con una serie de eventos deportivo-culturales que convergen sobre Ainielle y sus alrededores: La Senda amarilla (octubre), La andada por Sobrepuerto (julio), Festival de la oralidad en Susín (agosto), Fiesta de los antiguos habitantes de Casbas, Susín, Berbusa y Ainielle (septiembre)...

Todo este capital de energía humana se manifiesta en un flujo permanente de personas hacia Ainielle y sus alrededores, con intenciones culturales o deportivas, que en parte se visualiza y que, en parte, se extiende como un micelio: aparición del nombre de Ainielle como nombre de niñas o de empresas comerciales, creación de nuevas calles con el nombre de la aldea, elaboración de documentales y constantes reportajes, etc.

Bien, ¿y qué hacer con la sinergia que rezuma este denso capital? Pues conjugar la tutela y la iniciativa pública con el emprendimiento privado para crear en Ainielle un "Centro-Pro-Población" que fuese a la par refugio, centro de interpretación y biblioteca sobre la despoblación. Este centro debería complementarse con el museo etnológico de Sabiñánigo y elementos de la arquitectura popular escogidos de la zona; así, de este modo el CPP alcanzaría la dimensión de ecomuseo. Todo ello requeriría algo básico como es la consolidación de la pista que entra por Oliván con bifurcaciones hacia Ainielle, Escartín y Cortillas.

Dicho esto, propongo a la asociación "O Cumo" de Oliván que en "La senda amarilla" de 2019 coloque en el centro de Ainielle una placa que lleve el nombre de "Plaza de la España vacía". Ni que decir tiene que el conferenciante invitado, en esta ocasión, habría de ser Sergio del Molino, el autor del exitoso libro de mismo nombre que la plaza.