print
 
ALTO ARAGÓN - COLABORAN: BANTIERRA Y DIPUTACIÓN DE HUESCA

Los hermanos Allué Nasarre: "Si mañana puedo llegar con el coche, empiezo a reconstruir Miz"


12
#CONTRALADESPOBLACIÓN



ELENA PUÉRTOLAS
09/03/2019

HUESCA.- Era un día de Reyes de 1963. Miguel Ángel Allué Nasarre apenas tenía 9 años cuando con sus dos hermanos, sus padres, su abuelo y sus pertenencias cargadas en machos se disponían a abandonar su casa de Miz (Boltaña), al norte de la Sierra de Guara, para iniciar una nueva vida que no eligieron en Monzón. La falta de servicios básicos para vivir los expulsó, como a tantos otros de la zona. Nunca había sentido tanto frío ni un viaje había sido tan largo.

En el último momento, su padre se afanaba en acabar de tapiar puertas y ventanas con tablas y puntas para proteger la casa, una pardina en medio de 418 hectáreas que tuvieron que dejar de cuidar. No sirvió de nada porque en la siguiente visita ya les habían entrado en casa y les había desaparecido el yunque de la herrería y el fuelle. Tiempo después incluso les profanaron las tumbas y les robaron el retablo de la iglesia de San Martín, también de su propiedad, adonde el cura subía cada quince días a decir misa.

Su familia, la única del lugar, donde llegaron a vivir 18 personas, se resistió a marchar de allí y nunca ha dejado de soñar con volver. Patrimonio Forestal del Estado les ofreció comprarles el pueblo, tal y como hizo con más de un centenar de montes en la provincia para aplicar su política de reforestación y con pueblos próximos como Letosa.

"Nunca le agradeceré lo suficiente a mi padre que no vendiera", asegura Miguel Ángel, que lleva muchas cartas escritas a las administraciones desde hace 40 años para demandar la construcción de ese Eje Norte de la Sierra de Guara, que unirá Bara con Las Bellostas, y desde el que con un kilómetro de pista estarían en casa. "Si mañana puedo llegar con el coche, mañana mismo empiezo a reconstruir Miz", asegura. "¿Sabes lo triste que es ver cómo se hunde tu casa sin poder retejar ni poner un pegote de cemento si no te echas un saco al hombro y andas kilómetros ", ejemplifica.

El cierre de la escuela de Bara, a la que llegaban cada día con su hermano José Luis tras una hora a pie, los expulsó. No se marcharon de inmediato. También buscaron fórmulas. Sus abuelos maternos, de Letosa, bajaron a vivir a Pueyo de Santa Cruz cuando vendieron al Estado. Por ello, al principio estuvieron allí durante la semana y después el viernes volvían. A esta dificultad, se sumó que los pueblos del entorno se iban vaciando y así se fueron cerrando todas las puertas a principios de los 60.

Miguel Ángel, su hermano José Luis de un año más y el pequeño Jesús empezaron una nueva vida en Monzón con sus padres, pero su abuelo ya no pudo. "Los dos años que vivió debió salir a la calle dos o tres veces. Es como que ya te dejas ir, que te da igual todo", relata con amargura. Su padre mantuvo su oficio porque se bajó las ovejas de Miz y además se puso vacas. Pero su cabeza siempre estaba en lo que había dejado atrás.

Regresaban de vez en cuando y ahora Miguel Ángel sube tres o cuatro veces al año porque "cada vez que subo bajo más desmoralizado", indica. "Mi padre murió con la ilusión de poder llegar en coche a Miz y nosotros no sé si lo llegaremos a vez", explica Miguel Ángel a sus 65 años.

"Estamos hartos de mandar cartas a todas las instituciones y ahora el proyecto está en marcha pero, como cambie el gobierno de color político, ya veremos", indica. La Asociación de Vecinos de Bara y Miz apoya también esta reivindicación y reclama su derecho a este servicio. El Eje Norte de Guara no pasaría por Miz, pero apenas quedaría un ramal de un kilómetro por un terreno prácticamente llano. "Es una insignificancia y sería una posibilidad de devolverle la vida a algo que no tendría que haber muerto", concluye Miguel Ángel Allué.