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TRIBUNA ALTOARAGONESA

A mi amigo Sergio Orna




MIGUEL A. SANTOS
13/10/2019

Guardia Civil prestigioso, querido y admirado no solamente por los aragoneses, sino por todos aquellos que tienen sensibilidad y valoran la gran labor que realizas en la difícil y expuesta profesión de los rescates de montaña.

Me acabo de enterar de que te han concedido este domingo la condecoración máxima que puede recibir un servidor de la Patria como eres tú. No ha sido una sorpresa ; algún día tenía que llegar el reconocimiento a una labor callada, y meritoria dentro de esa difícil y peligrosa disciplina como es el rescate en montaña.

Muchas veces, sin pensarlo dos veces has puesto tu vida en peligro, por salvar la de un semejante, ya hubiera ventisca, lluvia, nieve, o las peores condiciones climatológicas. Esta actitud tuya, en definitiva, forma parte del espíritu de entrega y sacrificio que un día la " empresa de carácter humanitario " a la que perteneces te aleccionó, y preparó para prestar Servicio a la Comunidad , sin importar el riesgo que eso pudiera conllevar.

Me ha dolido no haberte acompañado en un Acto tan trascendente, al desconocer que ibas a ser protagonista. Como siempre, has actuado con esa modestia y discreción que te caracteriza para no molestar.

Ha sido precisamente un buen amigo, Vicente Faustino, quien me ha llamado para comunicarme tan grata noticia. ¡No dejes de llamar a Sergio! me ha repetido. Que una personalidad como es Vicente, que fue la máxima autoridad de la seguridad del Estado nada menos que Teniente General de la Guardia Civil, se haya interesado y emocionado por ti al haber recibido tan alta condecoración laureada, dice mucho de él y de ti . Me lo ha repetido varias veces ¡Es un galardón que reciben muy pocos! ¡Con qué orgullo me ha explicado cuando avanzabas por Ramón y Cajal, con tu perro de avalanchas! y que te has llevado los mejores aplausos, hasta el punto de haberte emocionado. Todo esto demuestra el cariño y admiración que una persona de tanto prestigio te tiene, por la labor que has desarrollado.

Ya sabes que te conozco de los años 80 y si me permites voy a recordarte algunos momentos que hemos vivido juntos. Te ayudé en 2 rescates : Un montañero iba sin crampones y en la piedra del marqués que todos conocemos en la ruta hacia el Aneto resbaló por un nevero y se fracturó las piernas. Tuvimos que bajarlo hasta el refugio de la Renclusa y allí vino el helicóptero. Otra vez fuimos hacia Salenques por Barrancs.

A mí también me has rescatado. Nos estábamos preparando en diciembre para ir al pico Ojos del Salado o al Aconcagua, si teníamos permiso y al bajar del Posets resbalé en una placa de hielo y sin caerme me luxe el pie. No dije nada, me senté y puse el pie en su sitio pero rompiendo la cabeza del peroné. Como soy muy cabezón me calce los crampones y baje 1 hora por un nevero hasta el llano, pero de allí no pude seguir y tú con Mirinda me llevasteis en una camilla improvisada hasta el coche. Inolvidable.

En otra ocasión, ya era junio y subimos al Aneto con esquís. Al bajar al final de la pendiente se organizó un pequeño alud y me lanzo contra una piedra . Como resultado el pie y 3 costillas rotas. No quería que llamaras al helicóptero y decidí bajar en esas condiciones caminando con los esquís al hombro. Tuviste la paciencia de acompañarme hasta el coche durante 4 horas.

En el Tacul del Mont Blanc me diste la mano en un mal paso, por donde habían caído dos cordadas. ¿Cómo voy a olvidarlo Cuando hicimos en bicicleta, la ruta de la Plata y la ruta del Cid, eres tan buena persona que siempre me esperabas con Jorge en lo alto, cuando había un repecho muy fuerte, pues siempre llegaba el último por razones obvias.

Cuando fuimos con esquí de travesía al Gran Paradiso, para mí fue un suplicio subir al refugio Víctor Emmanuel ; pero todavía fue peor al día siguiente al bajar del pico donde está la Virgen, ¡Qué mal giraba al tener roto un ligamento de la rodilla! Y tú esperabas.

Nunca se me olvidará lo mal que lo pasaste cuando se te helaron los dedos al poner los crampones en el glaciar del Huayna Potosí. La temperatura eran 24 grados bajo 0.

¡Qué miedo pasamos durmiendo en aquel espolón a 5.700 metros en la ascensión al Sajama! ¿Te acuerdas que nos despertó un ruido ensordecedor provocado por un alud de hielo y piedras que pasó muy cerca de nosotros Eran las 2 de la mañana y ya, pasado el susto, subimos a la cumbre sorteando aquellos horribles penitentes de hielo.

En el volcán de Toluca, hicimos escalada con pasos de 3º y 4º y, cuando llegamos arriba, cayó una granizada impresionante que nos dejó helados. ¡Cómo corríamos! ¡Ah! Yo también te he rescatado. Nunca habíamos visto caer tantos rayos seguidos durante toda la subida al pico y encima era de noche, lo cual impresionaba todavía más. Cuando bajábamos del volcán Orizaba, una chispa te alcanzó y te quedaste un poco grogui. Menos mal que eres delgado y no pesas, pues tuve que bajarte algún tramo hasta que te recuperaste.

Tú me has contagiado el espíritu de sacrificio, abnegación, superación, entrega .

He tenido la suerte de contar con tu amistad y haber conocido a tu familia, que es encantadora.

Cuando haya más tiempo, quizás podamos hacer realidad algún sueño que ha quedado por el camino.

Felicidades.