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PANDEMIA DE COVID-19

José Antonio Satué: "No se pueden oficiar funerales, algo doloroso para las familias"


El sacerdote oscense cuenta su día a día desde el Vaticano



D.A.
12/03/2020

HUESCA.- Al sacerdote altoaragonés José Antonio Satué, destinado en el Vaticano, le causa cierta "tristeza" el aspecto vacío de las calles de Roma, donde sus habitantes atraviesan un momento de incertidumbre debido a que "las medidas que sucesivamente va tomando el gobierno italiano, seguramente necesarias, impiden hacer planes a medio plazo".

El Decreto del Gobierno italiano de prohibir las ceremonias religiosas hasta el próximo 3 de abril resulta también duro para fieles y sacerdotes. "No sabemos cuánto tiempo van a durar estas normas por el peligro real. Desde las parroquias se intenta que, aunque no se puedan hacer misas, de una manera o de otra, procuramos estar cerca de la gente, especialmente de la que sufre", comenta este religioso.

El altoaragonés hace alusión a las palabras que pronunció el Papa Francisco el pasado martes. "Dijo que los sacerdotes siguen estando cerca de las familias y de los enfermos, que hay que llevarles la palabra y la Eucaristía tomando las medidas sanitarias oportunas. Una cosa es que no haya misas y otra que no haya atención de tipo pastoral a las personas que los soliciten", detalla.

José Antonio Satué asegura que la realidad de Italia va cambiando casi día a día. "Primero hubo una restricción para el norte, después fue para todo el país e incluso ahora no se pueden hacer actos públicos como oficiar los funerales, algo muy doloroso para las familias".

Añade que las autoridades toman sus medidas de prevención, pero que los ciudadanos se sienten afectados por estas prohibiciones "en momentos tan importantes de la vida".

Pero, pese a todo, el sacerdote se muestra positivo y comenta que "no hay experiencia de la que no se pueda sacar provecho".

Así, añade que esta situación le está ayudando "a conocerme mejor, a descubrir fortalezas y fragilidades personales escondidas; a reconocer las dificultades de las sociedades ricas, que tenemos tantos medios materiales para encarar los problemas que ciudadanos de otros países, menos desarrollados económicamente, soportan sin hacer ningún drama, porque para ellos las desgracias son el pan nuestro de cada día". También resalta el papel de las personas "que se están dejando la piel luchando contra el virus y cuidando a los contagiados" y añade que este contexto le hace "valorar la religiosidad y la fe de tantos italianos, que buscan el modo de estar cerca y ayudar a los más afectados y aceptan con tristeza que no van a poder alimentarse de la Eucaristía durante semanas".