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PANDEMIA DEL CORONAVIRUS

La difícil tarea de cuidar de vidas sin hogar en Huesca durante el confinamiento por el coronavirus


El Polideportivo del Río Isuela hace las veces de albergue para personas sin hogar desde hace dos semanas



ANA ROSA MAZA
05/04/2020

LA MAÑANA transcurre en calma en las instalaciones del Polideportivo del Río Isuela. De las 35 personas que hay en la actualidad, algunas son usuarias habituales del Albergue Municipal. Otras, según el Área de Derecho Sociales, son personas que vivían en la calle en algunos municipios próximos, que residían en pensiones que han cerrado, que les ha pillado en tránsito o que han visto como los albergues de las localidades en las que estaban han cerrado -como los de Jaca, Sabiñánigo, Pamplona o Monasterio de Leire- bien totalmente o han dejado de admitir usuarios nuevos. Por el momento no se ha registrado ningún positivo. Si se diera un caso de emergencia que hubiese que aislar, según Derechos Sociales , se podría utilizar el albergue que ahora está cerrado.

Son las 11 de la mañana. La mayoría permanece entre la zona de estar y la entrada al pabellón, que también reúne a algunas personas que, aún teniendo una vivienda están en situación de acudir al comedor social, en donde se está atendiendo a una media diaria de 50 personas, según el Ayuntamiento. En el interior, la televisión pone ruido de fondo a una instalación que ha quedado dividida en tres áreas por las cortinas que habitualmente separan el espacio para usos ordinarios. Tras la primera cortina, están las zonas reservadas para el descanso. En el área de en medio se distribuyen 10 camas. Al fondo, tres carpas reservadas para las mujeres, seis a fecha de ayer. El resto de camas, una treintena, quedan en el tercer espacio generado "ad hoc".

En esa zona de estar, las y los usuarios se ubican por las diferentes mesas, distribuidas respetando la medida de seguridad, Eventualmente se forman grupos de más de dos personas. Cuando no salen a la calle a fumar, y ahí lo de la distancia social también se flexibiliza.

Otros caminan, como Saturnino Gómez, que se ayuda de una muleta para caminar: "Artrosis, tuve un accidente laboral en 2017 y no me dejaron bien". Desde entonces es usuario del albergue y del comedor social. Gómez lleva en el pabellón cinco días "pero me voy ya -dice-, he conseguido una habitación", cuenta con cierta satisfacción. El confinamiento le pilló viviendo en un piso, pero "un pariente del dueño necesitaba las habitaciones". De ahí se fue a un garaje que le ofrecieron, "porque como en principio iba a ser solo 15 días". Confiesa llevar el confinamiento bien, "a algunos (de los usuarios) los conozco de estos dos años", aunque "tengo gente que cuando acabe esto lo va a pasar muy mal, por la falta de trabajo, la crisis", comenta.

Desde Derechos Sociales no se oculta que gestionar el confinamiento de personas sin hogar es "complicado. Estamos confinando a muchas personas en un mismo espacio, con todo lo que conlleva a nivel de logística y por las características de los propios usuarios", quienes en ocasiones presentan "patologías psiquiátricas, físicas u otras derivadas del consumo; algunas -puntualizan-, otras no, no se puede generalizar". Conforme pasan los días, se generan algunas tensiones, "pequeños conflictos, nada que no surja de habitual en el albergue pero al estar más tiempo confinados, cuesta más", concreta Alfonso Ramírez, jefe de servicio del Área de Derechos Sociales del Ayuntamiento de Huesca.

Tras dos semanas en funcionamiento el trabajo de los equipos técnicos sigue centrado en asegurar que el espacio cuenta con todo lo necesario en términos logísticos, "eso es lo primero", y aunque a primera vista parece que todo esté ya cubierto, las tareas de acondicionamiento son constantes pues "las necesidades van cambiando, cualquier mínimo detalle, en cuanto a higiene, baños, desinfección... todo eso hay que organizarlo y requiere un trabajo de coordinación con muchas áreas y organizaciones".

En esa tarea continua de detección de necesidades sobrevenidas, el Área de Derechos Sociales está en contacto con Salud del Gobierno de Aragón "para que nos den pautas y orientaciones sobre medidas extra que no estemos tomando". Una de esas necesidades sobrevenidas ha sido la de incrementar los turnos de limpieza. "Había uno por la mañana y vamos a poner otro por la tarde", explica Ramírez. También están asegurando que todas las personas usuarias tengan su kit de higiene, "por ejemplo, no todos tiene cepillos de dientes".

Los equipos técnicos a cargo en Huesca están en contacto con los que gestionan el Albergue de Zaragoza así como el pabellón que se ha habilitado en similares condiciones en la capital aragonesa. "Contactamos con ellos la semana pasada y volveremos a hacerlo esta para conocer qué problemas están teniendo ellos y como los están afrontando para ver si aquí los podemos afrontar igual", explican. Entre las tareas pendientes está ahora la de reorganizar las alternativas de ocio

-hasta ahora juegos de mesa, libros y algo de prensa-, "tenemos varias ideas pero primero hay que cubrir las necesidades básicas que van surgiendo. Después haremos intervención con la gente, los conoceremos, aunque muchos de ellos ya sean conocidos y el personal de Cáritas ya esté hablando con ellos".

 

"CLARO QUE HAY MIEDO A ENFERMAR"

 

Doina Nika está a punto de cumplir 32, "mañana es mi cumpleaños" dice sentada en el bordillo de las afueras del pabellón. Su marido permanece a la distancia de seguridad. Llevan seis días alojados en el pabellón. Está también junto a su madre, su hermana y su hermano. Llevan los últimos tres meses en Huesca, "pidiendo y durmiendo en un cajero; la policía nos dijo que viniéramos aquí". Dice que están bien, "por tener un lugar donde apoyar la cabeza, y comemos bien" pero que tienen miedo de enfermar: "Todos tenemos miedo, mi madre tiene 65 años y es población de riesgo". En estos días ha hablado con la mayor de sus hijos, tiene cinco. Vienen en Rumanía, de donde es originaria. "Ellos están bien". Dice que para celebrar sus cumpleaños le sobra con tener salud y quizá "algo más de tabaco".