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ALTO ARAGÓN - COLABORAN: CAJA RURAL DE ARAGÓN Y DIPUTACIÓN DE HUESCA

La apuesta de los jóvenes por su Valle de Bardají, con 40 vecinos en cinco núcleos


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#CONTRALADESPOBLACIÓN

La Ribagorza: La ganadería es el motor de uno de los municipios más pequeños de la provincia, donde quedan pocas familias, pero algunas tienen relevo generacional para continuar con las explotaciones, entre un turismo testimonial



ELENA PUÉRTOLAS
01/08/2020

"Nos equivocamos: hicimos un campo de futbito y tendríamos que haber hecho una pista de tenis". En el municipio ribagorzano Valle de Bardají el número de habitantes no da para tanto y así, con esta broma, lo cuenta su alcalde José María Raso. Son unos 40 vecinos repartidos en cinco núcleos: Biescas, Santa Maura, Aguascaldas, Llert y Esterún, que viven de la ganadería y de la agricultura. Cada vez son menos, sí, también hay sucesión. Tres jóvenes han apostado por quedarse. Y quién sabe si volverá la menor del municipio, una chica de 18 años que ya ha empezado a estudiar fuera. A todos les gusta mucho y quieren mantener su lugar de origen.

José María Raso, hijo homónimo del alcalde, de 28 años, se queda en Aguascaldas con vacas de leche, sector al que ya se dedica su padre con una explotación de unas 500. Andrés Sesé, de 26 años, seguirá en Santa Maura con ovino. Y otro joven de Llert trabaja fuera de casa, y además lucha por mantener sus 20 o 30 vacas pardas. En cada pueblo, hay un tipo de ganadería. Algunas casas complementan esta actividad con el turismo, ya que se encuentran a los pies del macizo mágico del Turbón, a las puertas del valle de Benasque, cerca del Isábena o Aínsa, con unos paisajes espectaculares a su alrededor y el aislamiento justo, dado que están a escasos kilómetros de Campo.

"La gente se quedaría en los pueblos si hubiera oportunidades", reflexiona el joven José María Raso. "Si no es con una explotación, no puedes ni vivir aquí. Y te tiene que gustar, porque por dinero no lo haces", indica. En este sentido, compara su trabajo con los de su grupo de amigos de la zona, que hacen su jornada y a media tarde están en la piscina. "Con una explotación, no puede ser así", lamenta. Su ilusión sería hacerse una casa en Aguascaldas y vivir allí con su novia, de Viu, una localidad próxima también con muy pocas casas.

Se puede decir que el núcleo de Aguascaldas está formado prácticamente por dos grandes ganaderías de vacas de leche de dos familias que dan empleo a una decena de personas. Hay tres casas abiertas y alguna más los fin de semana, comenta el alcalde. "Es difícil mantener la población, pero también que se asiente gente nueva porque aquí solo hay agricultura y ganadería y algo de turismo rural, pero ni fábricas ni empresas ni nada", dice el alcalde, que también indica que no hay propiedades a la venta.

En Santa Maura quedan dos ganaderías de ovino, una de ellas la de Andrés, que también seguirá con la explotación familiar. Su abuela, Consuelo Cereza, de 95 años, es la más mayor del municipio, pero todavía acude cada día a la granja para supervisar. La otra explotación es la de Gerardo Larramona, el padre de la más joven del municipio, que estudia el Grado de Magisterio Infantil, por lo que si un día quisiera volver podría tener opciones de trabajar en la zona. Su hija mayor, de 26 años, salió a estudiar y vive en Madrid. "Con menos de 30 años, solo estamos tres en el municipio que nos quedamos con ganadería, porque el resto pasan de los 50", resume Raso.

"Como no ayuden a los jóvenes a quedarse..., será muy difícil mantener los pueblos. Bueno, ya no es que nos ayuden, sino que no pongan trabas", indica Raso, que denuncia los problemas burocráticos que se les presentan a veces para compatibilizar la actividad ganadera con otra o para los usos tradicionales del monte. Al menos, "nos ayudamos y nos llevamos muy bien. Si sabes que descuelgas el teléfono y que te van a venir a ayudar en cinco minutos, eso vale más que todo lo demás", dice con respecto a Andrés.

En esta zona, la labor agrícola está más enfocada al forraje para los animales. "Vas a hacer comida para los animales y consciente o inconscientemente limpias el monte y los caminos. Pero creo que esta labor no está suficientemente valorada", indica el joven Raso, que ve cómo en muchos pueblos de la Ribagorza en cuanto se jubilan los ganaderos el monte se echa a perder. Después, cuando se hacen mayores se los bajan los hijos a la ciudad, y la casa se cae, reflexiona.

Pero igual que se queja de algunas trabas burocráticas, resalta que se ha formado en el valle un grupo de jóvenes que se juntan para hacer "vecinales", que es trabajar voluntariamente por el bien público. Con estas "peonadas", han arreglado el tejado y han pintado el refugio forestal de Margalida o han abierto la senda desde el Turbón hasta las fuentes de Llert, entre otras cosas. Menciona que es algo similar a como nació la BTT Zona Zero de Sobrarbe, a partir de un grupo de amigos que se juntaron para limpiar y recuperar los caminos tradicionales.

 

ESCASO TURISMO

 

El motor de la economía no es el turismo sino la ganadería, lo que hace que todo el territorio esté cultivado y conservado. El escaso turismo está más enfocado a complementar la economía ganadera. En Biescas hay dos casas con apartamentos de turismo rural, el Tuzalet y El Chinebro, de Joaquín Ballarín, otro ganadero de este núcleo que compatibiliza la actividad.

"Mis hijos seguro que no seguirán. De las tierras les he enseñado un poco, pero los bichos te tienen que gustar. Además, para alguien joven es muy difícil empezar. Si lo tienes ya montado y no tienes que hacer inversiones, te puede dar para vivir pero si no...", comenta. "Con el tiempo te das cuenta de que los negocios agrícolas son ahora como industrias, o creces mucho o no te da para vivir. Cuando yo era pequeño, mis padres ordeñaban 25 vacas y era una explotación grande", resalta. Ahora, ni para empezar.

José Mongay, de Casa Tuzalet de Biescas, emigró a Barcelona a los 20 años porque "necesitaba ver qué había fuera de allí", explica. Comenzó a trabajar en Seat y después con un buen puesto en Endesa, así que nunca se ha arrepentido de marchar, pero cuando se prejubiló su sueño fue hacer una casa de turismo rural en su lugar de origen. "Si no me hubiera ido a Barcelona, jamás hubiera podido hacer esta casa. Y me ha ido de perlas, porque hemos conseguido que vengan grupos o familias en temporada baja", dice, pero se cansa.

Sus hijos viven fuera y no seguirán así que ya tiene una compradora para continuar con el proyecto. "No quiero que el pueblo se acabe, me da una pena tremenda. Además, hace un clima estupendo porque está protegido por las montañas", apunta, aunque ahora echa de menos que nieve como antaño.

No obstante, en este valle tampoco podrá llegar mucha más gente a vivir porque todas las tierras están en uso. Y si hubiera a la venta, intentarían comprarlas los que ya están, para no depender de arriendos. Al final, como sucede en tantos sitios, con las tierras donde antes vivía un pueblo entero, ahora solo pueden seguir dos. Tampoco hay casas disponibles, así que la solución es que las familias originarias puedan continuar.

"Hay gente que pregunta, por si hubiera alguna ganga. La escuela de Biescas se vendió hace unos años, se la han arreglado y desde hace unos años, viven allí", indica Joaquín. Además, hay otra casa abierta en Biescas, tres en Llert y otra en Esterún. El partido de futbito no sale de ninguna manera. "¿Pista de tenis? -se pregunta Andrés Sesé- Igual hubiera sido mejor un frontón, pero además como el campo de fútbol no está vallado, si se te va la pelota al barranco, hay que andar una hora. Es una forma de seguir la broma porque, aunque son pocos, tienen muchos planes de futuro.