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ALTO ARAGÓN - COLABORA: DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE HUESCA

Virginia Cartiel, residente en Abiego: "Quizá en los pueblos no se vea, pero en las ciudades mucha gente se plantea la vuelta"


#CONTRALADESPOBLACIÓN



ELENA PUÉRTOLAS
08/08/2020

HUESCA.- Buscaban un terreno para hacerse una casa de bioconstrucción (de paja, concretamente) en Huesca o Teruel. Y lo han encontrado en Abiego. Virginia Cartiel, William Wilson y Lola, una pareja con una niña de 22 meses, se acaban de trasladar desde Zaragoza a esta localidad del Somontano. Encontrar el suelo fue determinante pero la sorpresa es lo que han descubierto después: un pueblo con casa canguro y una metodología educativa acorde con lo que anhelaban, así como vecinos que apuestan por proyectos diferentes, como el que acaban de poner en marcha de un grupo de consumo de productos alimentarios del entorno.

"Llevábamos tres años buscando un pueblo para asentarnos. Así que enviamos un curriculum familiar a pueblos que estaban a unos 20 minutos máximo conduciendo de Barbastro o Alcañiz, porque soy enfermera y quería trabajar en esos hospitales. Mandamos también a Pueblos Vivos y fuimos a ver varios del Somontano", comenta Virginia Cartiel. Su marido procede un pueblo inglés muy pequeño, por lo que tenían claro que no se querían quedar en Zaragoza. Entonces, desde este programa que impulsa el Ceder Somontano, los pusieron en contacto con la alcaldesa de Abiego, Puri Conte, que habló con el propietario de un terreno "que en principio no tenía previsto vender", detalla la nueva vecina.

"Fue un reto, la verdad, porque la gente nos dice que el hecho de que nos hayan vendido el terreno es algo anecdótico, porque la gente tampoco está dispuesta a vender terrenos familiares", indica Cartiel, consciente de la dificultad de encontrar suelo. Además, valoran que tiene muchos servicios como centro de salud, colegio, casa canguro...

"Al estar viviendo aquí nos hemos dado cuenta de que el pueblo es ideal para nosotros por la metodología que tienen en la casa canguro, algo que estábamos buscando en Zaragoza desde que nació la niña. Una crianza desde el apego, desde el respeto... algo alternativo. Además, hemos creado un grupo de consumo. Estamos muy felices porque hemos llegado a un sitio, no solo a repoblarlo, sino a participar de las iniciativas que ya estaban abiertas y medio en marcha, les hemos terminado de dar el empujón, nos hemos unido", comenta.

La pareja lleva un mes instalada en un piso municipal en alquiler, que acababa de quedarse libre, mientras espera la licencia urbanística. "Tenemos la idea de hacer una casa de bioconstrucción, en principio de paja, y la gente del pueblo tiene mucha curiosidad por ver lo que va a ser", indica Cartiel. Virginia ya trabaja en el hospital de Barbastro, donde confía en quedarse un tiempo. Su marido, William Wilson, es profesor de inglés, por lo que en el pueblo están muy contentos porque dará clases allí.

"Quizá desde los pueblos no se vea tanto, pero los que estamos en las ciudades y en movimientos un poco más por el cambio, nos estamos dando cuenta de que hay mucha gente que se plantea la vuelta a los pueblos y más desde el confinamiento, que ha sido un poco duro en las ciudades, y eso ha acabado de convencer a la gente que tenía ya la idea en la cabeza. Hoy en día hay muchas facilidades con el teletrabajo", comenta Virginia Cartiel.

"Mucha gente se lo plantea por el tema educativo, porque prefiere que sus hijos crezcan en un ambiente más abierto, sin tanta contaminación, en grupos más pequeños...", indica. Además, resalta la posibilidad de "la soberanía alimentaria, de poner tener acceso a la tierra para tener un huerto. Eso no se encuentra en las ciudades y mucha gente está pensando en emigrar. Esto se ha hecho más patente con el confinamiento", concluye.