print
 
A RIENDA SUELTA

Regalar la dignidad




JAVIER GARCÍA ANTÓN
15/10/2020

Los que hemos vivido en vivo y en directo escenas análogas a las que refleja Fernando Aramburu nunca estaremos inmunizados contra esa enfermedad moral que es la condescendencia con el terror, la búsqueda de sentido a la violencia criminal. No me duelen los actos de la gente mala, sino la indiferencia de la buena, decía Martin Luther King. Hieren las balas de la comodidad utilizada como actitud defensiva de supervivencia, y remata la laxitud ética. Cuando en 1980 caía asesinada una víctima a manos salvajes de los etarras (algunos de ellos hoy en las instituciones), escuchábamos -entre rabiosos y acomplejados- expresiones como "algo habrá hecho" o "es traficante de drogas", dependiendo de la miserable catalogación entre militares y civiles. Y esas mentes bastardas dormían a costa de otros que descansaban en paz (+). De media, uno menos en el censo cada 2,7 días aquel año.

La insensibilidad es recurrente, como el destino que está a la vuelta de la esquina que decía Fermín Romero en la tetralogía de Ruiz Zafón. Ahora se corona con la covid. Me exponía ayer esa sensación de impotencia Ignacio Almudévar, que de este bicho y el del mal moral de la sociedad sabe un rato. En carnes propias y en mente preclara. La estadística es un anestésico en su función reiterativa: cuando los números descienden es como cuando estamos sometidos a efectos de la congelación: incurrimos en un sueño plácido que nos hace cruzar sin remisión el túnel del adiós. Y buscamos hipócritamente patologías y consuelos. Doscientos quizás no sean muchos en un noticiero o un titular de radio. Y, sin embargo, es la temperatura en la que regalamos nuestra dignidad .