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HUESCA MODERNA

Misleida, la mezquita que nunca existió

Posible arco de herradura, perteneciente quizás al alminar de la mezquita mayor de Huesca.



Por Carlos GARCÉS MANAU
23/05/2004

Tras la conquista aragonesa de la Huesca islámica, la mezquita mayor de la ciudad fue convertida en Catedral. En el documento que recoge la consagración y dotación de la nueva Catedral, el rey Pedro I, sorprendentemente, calificaba dicha mezquita como “la más excelente de todas las de las ciudades hispánicas” (en el latín original del documento, “omnibus Ispanicarum urbium mezchitam (...) excellentiorem”; puede verse este texto fundamental en Antonio Durán Gudiol, Colección diplomática de la Catedral de Huesca, Volumen I, 1965, pág. 89-91).

Si hemos de creer lo que dice Pedro I, la mezquita mayor de Huesca debía ser un edificio muy notable; sobre todo, considerando que tan encendido elogio proviene de un monarca que pudo contemplar la construcción de espléndidos monumentos en su propio reino (la Catedral de Jaca, el monasterio de San Juan de la Peña y los castillos de Loarre y Montearagón, entre los más destacados). Por supuesto, aún admitiendo el esplendor de la mezquita de Wa?qa, resulta difícil pensar que alcanzara la grandeza o la calidad artística, no sólo de la mezquita de Córdoba, sino incluso de las mezquitas de las más grandes ciudades de Al Andalus. En cualquier caso, nunca lo sabremos, ya que de la mezquita mayor de Huesca, que sirvió como Catedral durante casi dos siglos, apenas han llegado restos hasta hoy.

Los vestigios que se conservan de la mezquita son, en efecto, muy escasos. En la zona de los claustros de la Catedral existe un arco tapiado, que para Antonio Durán Gudiol es de herradura, y habría pertenecido a la torre alminar de la antigua mezquita (ver ilustración). Según Durán Gudiol, procedería también de la mezquita mayor “un capitel de alabastro de talla árabe, encontrado hacia 1920 en la excavación para una casa cercana a la Catedral y guardado por un particular” (Historia de la Catedral de Huesca, 1991, pág. 33). En las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en los últimos años en dependencias anexas a los claustros se han localizado los arranques de lo que parecen ser arcos de herradura de grandes dimensiones, que podrían datar por tanto de época musulmana. Por último, Francisco Diego de Aynsa, en su historia de Huesca, del año 1619, relaciona igualmente con la mezquita mayor el enorme aljibe existente todavía en el subsuelo de la Parroquieta; no obstante, a falta de una excavación y estudio sistemáticos del mismo, resulta difícil fechar esta imponente estructura. En cualquier caso, de estos y otros restos materiales, así como del emplazamiento exacto de la mezquita, nos ocuparemos en detalle en el próximo artículo.

Hoy vamos a estudiar, sobre todo, una segunda cuestión relacionada con la mezquita mayor de la ciudad, quizá aún más curiosa. Durante más de 300 años, hasta comienzos del siglo XX, se creyó que la mezquita de Huesca se había llamado “Misleida”. Esta singular tradición erudita, totalmente equivocada, nació al parecer de una lectura incorrecta de un documento medieval (se leyó, en efecto, “Misleida” donde ponía en realidad “miskida” -es decir, sencillamente “mezquita”-).

LA MISLEIDA

Según parece, el primer autor que llamó Misleida a la mezquita mayor de Huesca fue el zaragozano Jerónimo de Blancas, que sustituyó como Cronista de Aragón a Jerónimo Zurita tras la muerte de éste en 1580. Blancas publicó en latín, en el año 1588, Aragonensium rerum Commentarii (Comentarios de las cosas de Aragón); la traducción al castellano de esta obra, aparecida en 1878, fue reeditada en 1995 por las Cortes de Aragón. En la página 111, tras narrar la conquista de Huesca por Pedro I, Jerónimo de Blancas escribió: “Purificada de sus abominaciones (...) la iglesia principal que los árabes llamaban Mysleyda, hizo de ella donación, para restaurar la antigua Sede, a Pedro, obispo de Jaca, que en adelante se intituló obispo de Huesca”.

La mención de Blancas a la Misleida fue aceptada más adelante por dos autores oscenses tan influyentes como Francisco Diego de Aynsa (a comienzos del siglo XVII) y el Padre Huesca (de fines del XVIII), y con ello terminó de consolidarse. En su historia de la ciudad, Aynsa escribió por ejemplo, sobre la entrada de Pedro I en Huesca: “luego se trató de consagrar la mezquita de los Moros, llamada Misleyda, y fue erigida y restituyda a ella la antigua silla Episcopal” (pág. 374; véase también la pág. 54 -“esta Iglesia Catedral, que los Moros, como escrive Blancas, llamavan Misleyda”-). El Padre Huesca, por su parte, afirma: “luego que el rey Don Pedro entró en Huesca, su primer cuidado fue purificar las mezquitas haciendolas consagrar Iglesias”, y añade que “el Obispo pretendia colocar la Cátedra Episcopal en la Misleyda o Mezquita mayor” (Teatro historico de las Iglesias del Reyno de Aragon, Tomo V, 1792, pág. 230-231).

Con posterioridad al Padre Huesca, fueron varios los autores que llamaron Misleida a la mezquita mayor de la ciudad. El testimonio más curioso lo constituye, seguramente, el de Antonio Cánovas del Castillo. En su juventud, mucho antes de convertirse en 1875 en Presidente de Gobierno, Cánovas había escrito una conocida novela histórica, titulada La Campana de Huesca. El relato comienza precisamente en Huesca, con dos almogávares encaminando sus pasos hacia la antigua mezquita-catedral, para asistir a la coronación como rey de Aragón de Ramiro II el Monje. Uno de ellos pregunta al otro: “-¿A dónde vamos, Fortunón?”; y la respuesta que recibe es ésta: “-A la Misleida”. Fortunón explica a su compañero que “la Misleida era la iglesia principal de aquellos perros infieles que ocupaban esta ciudad hermosa”, hasta que el rey Pedro I convirtió esta “mezquita de los moros en Santa Catedral”. Finalmente, ambos hombres llegan a “la estrecha plaza donde se levantaba la rica Misleida, templo querido y venerado de los moros a la par de las grandes mezquitas de Córdoba y de la Meca” (pág. 25-26 de la edición de 1976 de La Campana de Huesca).

A comienzos del siglo XX, Ricardo del Arco se refirió todavía en alguna ocasión a la Misleida. Por ejemplo, en 1916: “Cuando los sarracenos invadieron à Huesca, construyeron en este lugar una mezquita mayor o Misleida, como dice Jerónimo de Blancas en sus Comentarios, y otros autores” (“La fábrica de la Catedral de Huesca. Noticias y artistas inéditos”, Revista Nuestro Tiempo, Madrid, Octubre-Diciembre de 1916, pág. 47-48).

Y sin embargo, pronto quedaría claro que tan singular denominación de la antigua mezquita no era cierta, sino tan sólo el producto de una lectura deficiente de algunos documentos medievales. En 1928, Luis Mur Ventura calificaba ya de hecho curioso el que “casi todos -por no decir la totalidad absoluta- cuantos en más o en menos hemos escrito algo de nuestra Catedral, hayamos incurrido en idéntico error llamándole MISLEIDA, efecto de una mala lectura de la palabra MISKIDA (Mezquita)”. Mur Ventura identificaba incluso el documento del que procedía esa lectura equivocada: “En el notabilísimo Cartulario de San Pedro el Viejo, al margen del folio 1º hace varios siglos anotó alguien MISLEIDA, leyendo mal la palabra del texto, y todos los demás se han ido fijando solamente en la palabra errónea del margen y no en la verdadera del texto”. Según parece, la forma que adopta la letra “k” en los documentos de esa época fue lo que originó el error, “leyendo la sílaba ki por lei y resultando desde entonces Misleida en vez de Miskida” (Luis Mur Ventura, Efemérides oscenses, 1928, pág. 437-438).

El documento al que se refería Mur Ventura, que figura en efecto al inicio del magno cartulario de San Pedro el Viejo, es una importantísima concordia de diciembre de 1096, alcanzada por tanto pocas semanas después de la conquista de Huesca por los aragoneses, por la que se entregaba la mezquita de la Zuda al castillo-abadía de Montearagón, la iglesia mozárabe de San Pedro al monasterio francés de San Ponce de Tomeras y la mezquita mayor al obispo de Jaca, con objeto de que restaurara en ella la antigua diócesis oscense. Esta concordia modificaba sustancialmente la situación precedente, fijada por el rey Sancho Ramírez años antes de la conquista de la Huesca musulmana, según la cual la mezquita mayor debía ser entregada a Montearagón y la de la Zuda a San Ponce de Tomeras. Así se hizo, en efecto, tras la batalla de Alcoraz y la entrada del rey Pedro I en la ciudad. Sin embargo, el obispo jacetano reclamó para sí la mezquita mayor; siguieron entonces días de discusión y negociaciones, hasta llegar a una solución definitiva, que es la recogida en la concordia.

Federico Balaguer confirmaría años más tarde que el origen del nombre Misleida se encontraba en una mala lectura de esta decisiva concordia. En 1946, hablaba de “la magnífica mezquita mayor de los sarracenos (...) llamada, a mi juicio erróneamente, la Misleida”. Balaguer no había encontrado, de hecho, ningún documento en que se denominara así a la antigua mezquita. “Tan sólo en la copia de la concordia ya citada, existente en el Cartulario de San Pedro”, donde la letra k “puede confundirse con el grupo le”; “esto les sucedió a los eruditos de los siglos XVI y XVII, que leyeron Misleida en lugar de Miskida”, “dando lugar a que se creyese equivocadamente que la mezquita oscense se había llamado la Misleida” (Federico Balaguer, “Notas documentales sobre los mozárabes oscenses”, 1946, pág. 402 y 407-408). Contamos, en este sentido, con otro indicio, casi definitivo, de que la confusión del nombre de la mezquita nació, en gran medida, de una transcripción incorrecta de la concordia de 1096. Tanto Francisco Diego de Aynsa como el Padre Huesca reprodujeron íntegramente este documento en sus obras, a partir del texto que aparece en el Cartulario de San Pedro el Viejo. Y donde Luis Mur Ventura o Federico Balaguer leen “miskidam” (mezquita), ambos autores pusieron, en efecto, “Misleydam” (véase Aynsa, pág. 451, y Padre Huesca, Tomo V, pág. 413-414).

He de reconocer que siento debilidad por el nombre “Misleida”, que me parece especialmente sugerente y hermoso. Sin embargo, no responde a realidad histórica alguna, ya que, como hemos visto, la mezquita mayor de Huesca nunca se llamó así. Lo que nos muestran en realidad los testimonios que acabamos de exponer es cómo un sencillo error puede dar origen, en ocasiones, a toda una tradición cultural. Y también ésta, que duda cabe, es una historia interesante. Durante más de tres siglos se creyó firmemente que la mezquita principal de la ciudad, que debió ser además un monumento muy destacado, recibía el nombre de Misleida. Desde hace décadas, a partir de los trabajos de autores como Mur Ventura o Balaguer, sabemos sin embargo que ello no fue así. A pesar de tal constatación, en los últimos años he podido ver ante la Catedral a grupos de turistas, a los que su guía aseguraba, como si fuera un hecho cierto, que allí se levantaba en el pasado la fabulosa Misleida. Una prueba más de lo poco que, por desgracia, seguimos conociendo nuestra historia...