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HISTORIAS DEL SIGLO XX

El arte de torear

'Quien no concibe el tiempo como filosófica abstracción, como una laguna de infinito entre dos palabras, el 'antes' y el 'después', está condenado a vivirlo como medida física'.



Bizén D’O RIO MARTINEZ
08/08/2004

Cuentan que era el rey Felipe IV muy dado a la “fiesta de torear”, que así eran denominadas entonces nuestras corridas de toros; y como en este festejo tomaban parte los caballeros, entre estos se había sentido la necesidad de establecer reglas especiales para el arte de torear; y el monarca, que fue el primero en lamentar la carencia de reglas para “torear con lucidez”, llamó a su presencia a D. Juan Nicolás Menacho, mancebo muy entendido en el toreo y famoso por sus proezas en estas lides.

Díjole el rey que le encargaba la composición de un libro para que los caballeros se perfeccionaran en el arte del toreo copn la lanza, en la espalda, con el rejoncillo o con otros menesteres del caso, y Juan Nicolás Menacho, que era mas toreador que escritor, tuvo el “arrojamiento” de escribir un libro “desconcertado, desunido y sin método” que tituló pomposamente : “Advertencias para caballeros que salieran a torear a la Plaza en las fiestas Reales; que me a mandado escribir Su Majestad el Señor Don Phelipe Quarto, en ocasión de venir a España la Reina nuestra señora Doña Mariana de Austria”.

Después de una invocación tan ampulosa como disparatada, enalteciendo la costumbre de los españoles en el ejercicio de “correr los toros”, dice a los caballeros: “Mirad que a estas fiestas asisten los reyes, y juntamente las damas de su Palacio”. Por ello les aconseja que las galanteen con cortesanía, asistencia y lucimiento, que paseen el “terrero” los galanes debajo de las ventanas donde suelen mostrarse las damas, “con la debida permisión y decencia”.

Un libro del cual algún día hablaremos, que se cita como referencia bibliográfica sobre el “arte de Cúchares” con frecuencia, cuando en realidad es como decimos un cúmulo de desatinos que mas está dedicado al galanteo y estancia en la plaza que a otra cosa, pues llega a decir: “Mientras se efectúa la lidia, el caballero debe de seguir paseando por delante de los balcones saludando a las damas, sin cuidarsedel toro para nada”.

Poco o nada dice este libro de esos lances que son necesarios en la “fiesta taurina”, de eso que Moratin denominaba “rojo velo al viento suspendido”, pero tendrían que pasar muchos años, y por lo tanto varios siglos para que llegáramos al siglo XIX en el cual se centran muchas formas, detalles y sobre todo suertes de la lidia. Toda una sucesión de tardes de gloria en las plazas españolas, de músicas y ambiente, de tertulias taurinas durante la semana, de chulapas de mantón en las barreras, que hacían bueno aquello de la copla : “Con la capa el torero, maneja el bicho/ y la mujer al hombre, con su abanico”.

Quizá si nos ceñimos al tema de las suertes en la lidia del toro, comprobaremos las grandes innovaciones que se realizaron en la primera mitad del siglo XX. Siendo la primera aquella “larga cambiada y afarolada de rodillas” que en oposición al famoso cambio de rodillas que se venía realizando, es decir, agarrando el capote con las dos manos, introdujo Rafael “El Gallo”, en realidad se trataba de un cambio al pase que había creado su padre, Fernando Sánchez, pero que presentaba bastante riesgo, que casi le cuesta la vida a “Bombita” en Méjico. Rafael pues, creó esta suerte que luego practicaría con frecuencia Luis Miguel Dominguin. Hija a sí mismo de la fantasía torera, castiza y creadora de “El Gallo”, nacía el pase de muleta “Afarolado”. De su hermano “Joselito”, al que hubo muchos que denominaron el torero “señor y señero” y otros lo consideraron como la figura cumbre en la fiesta de los toros, creo con su personalidad un nuevo pase de muleta que bautizado por Alejandro Pérez Lujin “Don Pío”, recibió el nombre de “Kikiriki” que se trataba de un pase ayudado por alto, pero no barriendo los lomos, sino obligando a la res a doblar.

Otra de las innovaciones será el “Lance al costado por detrás” una suerte muy antigua que ya fue recogida por Francisco Montes, cayendo con el tiempo en sesuso, además de ser indebidamente llamada “Gaonera”, pero el que se denomine con este nombre se debe al haberla resucitado Rodolfo Gaona en el año 1910. En cuanto a la “Chicuelina”, baste decir que su creador fue Rafael Dutrús “Llapisera”, que la practicaba con becerros cuando actuaba como torero cómico y Chicuelo no hizo mas que ponerla en práctica con los toros y dándole ese toque de elegancia que es indispensable en este pase. De la mano del toreo mejicano Jose Ortiz, se conocerá la “Tapatía”, unas chicuelinas ligadas que ejecutaba recorriendo un trecho de ruedo mas o menos largo. Poco después de la chicuelina, será Marcial Lalanda el que inmortalizará la “Mariposa”, considerada como la mas bella manifestación del toreo por la cara. Y otra gran innovación llegará de la mano del coloso “Juan Belmonte”, quien con un temperamento apasionado y valiente, deja abolido el tradicional “Molinete”, que hasta el año 1913 se había dado con la mano izquierda, que a pesar de ser un pase natural, además de airoso y bonito, fue desterrado para darlo con la mano derecha con una técnica completamente distinta, naciendo el nuevo “Molinete”.

El diestro de Borox, “Domingo Ortega” cuando hace su aparición toma el antiguo “Pase cambiado por bajo” que también había sido llamado vulgarmente de “Trinchera” para conferirle belleza y realce, haciéndolo con un dominio inigualable, convirtiendo un viejo pase en una nueva creación. Otro pase que gustó a la afición y la enardecía era e practicado por el torero mejicano Carlos Arruza, un pase violento, con riesgo en la manera de interpretarlo y que solía darlo en unos momentos que parecía improvisado, era la “Arrucina”, pase sin continuidad que producía un efecto arrebatador.

El molinete a dos manos, ya en la suerte de la muleta se debe a la invención del torero de Tudela “Julián Marín” , denominada como “Marinera”, se sigue practicando si bien no es de excesiva belleza estética como algunos de los que llevamos reseñados. Por último, un pase que no sabemos a quien se le ocurrió bautizarlo como “Manoletina”, pues mucho antes de que Manuel Rodríguez “Manolete” llegara a las plazas, era practicado y prodigado este pase que fue llamado “Giraldilla”, siendo un pase recreado y revivido por Manolete, claro que también lo practicaron en aquellas fechas Victoriano de La Serna y Domingo Ortega ; comenzó a darlo con una sola mano, la derecha, Victoriano, Ortega fue a quien se le ocurrió darlo agarrando la muleta por detrás con la mano izquierda, para que así resultara más ceñido y espectacular, por lo que algunos le dieron el nombre de “orteguina”, pero el recuerdo del malogrado diestro ha prevalecido y se sigue llamando “Manoletina”.

Cerrando aquella fiebre y pasión taurina que enardecía los domingos de aquél medio siglo XX, el cine español realizaba en 1949 dirigida por Luis de Lucía, con el inolvidable torero Pepin Martín Vazquez como protagonista, a quien acompañaban los actores: Jorge Mistral, Nati Mistral, Manuel Luna, Tony Leblanc, Félix Fernández y Juan Espantaleon , el film titulado “Currito de la Cruz”, una producción de Cifesa que relataba la vida de un torero, sus orígenes, afición, principios, adiestramiento, amor imposible, el debut, rivalidad en ruedo, rivalidad de amor, duelo en mano a mano, muerte en la arena y futuro de la fiesta. Pero no solo era esta la película dedicada al mundo taurino la que cerraría esta etapa, igualmente en el año 1949 el torero español “Albaicin” se convertía ocasionalmente en actor para interpretar junto a la bella actriz Margaret Andrey , la película “La fiesta sigue”. Porque en definitiva, la fiesta nacional es algo inmortal.