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BUCEANDO

El Teletipo, su gabinete y la Prensa





Por Bizén D’O RÍO MARTÍNEZ
09/07/2006

Se llamaron “teletipos” y por su aspecto eran casi como pianolas puesto que su funcionamiento era constante sin que nadie teclease y sin embargo, ofrecían una auténtica música. Sobre todo cuando con unos sonidos de campanillas avisaban de que estaba entrando o llegando la gran noticia, la noticia del día, o tal vez la del año.

Todos los periódicos dispusieron de un gabinete de teletipos, unas veces era una habitación aislada, al objeto de que el sonido monótono de estas máquinas no distrajese a los redactores que frente a la máquina de escribir preparaban la información, en otros casos, era una habitación de pequeñas dimensiones preparada con una mesa en la que se encontraban las máquinas receptoras, y hubo gabinetes, que a modo de cabina acristalada, en alguna parte de las estancias de redacción, contaron con el “teletipo allí encerrado que arrojaba sin parar largas tiras de papel con las últimas noticias del mundo y que uno de los redactores iba paulatinamente revisando y cortando por los espacios en blanco entre noticias para después pasarlos a composición, es decir a taller para que los cajistas o linotipistas fueran convirtiendo las líneas de la noticia recibida, en líneas de columna informativa. Así es como a través de muchos años, con esos “teletipos” se elaboraron miles de crónicas en todo el mundo, los datos aportados eran empleados en sólidos artículos de opinión, ayudaban a los redactores a preparar documentaciones complementarias, o bien se confirmaba aquella noticia esperada, dando seguridad al redactor que encontraba en ese trozo del rollo de papel, la base documental por así decirlo que respaldaba la información, aunque en algunos casos, al presentar la noticia al lector, en el inicio de la columna se eliminara el nombre o firma de la “agencia” para presentar la noticia como de “redacción”, pues de todo hubo y en ocasiones, más que el prestigio del redactor que cierto es se quedaba en el anonimato, se buscaba en ello el dar una imagen de redacción que “estaba al día”. Fueron muy numerosos los periódicos que incluyeron la sección “Ultima Hora” , en la que se hacía constar?..De nuestros teletipos??; o bien ?..Recibido por teletipo al cierre?? Era sin lugar a dudas el “teletipo” durante muchos años el mejor sistema informativo, además de que permitía el poder rellenar las páginas informativas a base de “tirar de teletipo”, pues por este medio llegaban a las redacciones numerosas informaciones atemporales o generales que podían ser usadas ante una eventualidad, esa que siempre se presentaba cuando surgía algún día de secano informativo.

En el último tercio del siglo XIX la información rápida para poder ofrecerla a los lectores sin perder actualidad, era ya una de las más imperiosas necesidades de toda la prensa, siendo algunos de estos medios de comunicación los que ya estaban conectados vía telégrafo con algunas de las Agencias de Información que operaban en nuestro país, pero la ciencia e investigación vendría a poner al servicio de ellas, un gran adelanto, cual era el telégrafo impresor, siendo por aquellas fechas el aparato del americano M. Wright, el que permitía reproducir a distancia lo impreso por una máquina de escribir, atrás quedaban los códigos y sistemas, bastaba escribir en una máquina colocada en una estación central o agencia el original del texto que se deseaba transmitir y la escritura así trazada se reproducía simultáneamente en todos los aparatos registradores colocados en unas estaciones de recepción de los periódicos que estuvieran abonados.

Así fue como gracias a una máquina de escribir instalada en la estación transmisora gobernaba un conmutador especial que permitía enviar corrientes a una línea en la cual había conectados una o varias receptoras o máquinas de escribir, que eran ya unas pequeñas obras maestras de mecánica sin movimiento de relojería. Todo estaba en torno a una rueda en la que estaban grabadas en relieve las letras del alfabeto y que obedecía a las corrientes enviadas desde el puesto transmisor, a la vez que imprimía en una tira, luego rollo de papel de catorce centímetros de ancho los caracteres impresos. Todo un gran adelanto que estaba movido por medio de un pequeño motor eléctrico que recibía la necesaria energía que le era suministrada por una batería de sesenta acumuladores Tudor. La carga de estos elementos era efectuada por medio de una derivación tomada en el sector Edison y la transmisión en el circuito exterior de los aparatos se verificaba a una diferencia de potencial de 100 volts y con una intensidad de 0,38 amperios.

De esta forma, los periódicos abonados a las Agencias de Información, recibían las preciosas noticias así transmitidas: los abonados reciben por la mañana desde las cotizaciones de la Bolsa de España, las de víspera del extranjero, París, Londres, etc., y durante el resto del día les van entrando las distintas noticias que se producen, a la vez que los telegramas que reciben las agencias desde todas las partes del mundo y que reenvían a sus abonados. Claro está que no todos los periódicos podían contar con este invento, y además estar abonados a la agencia emisora de noticias, de las cuales conocemos sus precios, que allá por el año de 1895 la famosa Agencia Havas, a la que estaban abonados los más importantes noticieros de Francia y España, cobraba como precio de abono al año la friolera de 1.500 francos para el servicio financiero, 600 francos año para la información de las carreras y apuestas de caballos y 1.000 francos para la información general, siendo además esta agencia la que en el año de 1898, coincidiendo con los acontecimientos de las Colonias Españolas, ponía en funcionamiento la instalación de un servicio de información política, si bien aconsejaba para su abono, la compra de un equipo más potente, al objeto de que pudiera alcanzar una mayor velocidad en la escritura, quizá esto fuera necesario a que por aquellas fechas los acontecimientos políticos comenzaban a desencadenar una auténtica catarata de noticias, no solo por los acontecimientos españoles, sino porque en toda la Vieja Europa, al igual que en América, la vida política se comenzaba a seguir con interés y meticulosidad.

En Inglaterra la Agencia fundada por el alemán Julios Reuter en 1851, que en sus orígenes solamente vendía a los periódicos abonados las informaciones económicas de Europa, pasaba igualmente a ocuparse de la información general para ello introducía el “teletipo” como medio de difusión y envío de las informaciones.

En cuanto a España, la consolidación de una prensa de masas, unido a la expansión financiera que se inicia en la primera década del siglo XX, hacen necesaria una información ágil y eficaz, de aquí que comiencen a cobrar una gran importancia este tipo de comunicaciones, provocando la instalación en numerosas redacciones de los primeros aparatos de telegrafía, teletipos o teleimpresores, que ya han alcanzado un nivel de perfeccionamiento muy superior a los primitivos de 400 signos por segundo, equivalentes a unas 65 palabras por minuto. De esta forma el teletipo es a la vez innovación tecnológica y nuevo servicio y así comenzaron a funcionar en la década de 1920, aunque había sido experimentado por primera vez en 1910, con un enlace entre la central de telégrafos y la Bolsa de Madrid. Fue sobre todo la prensa quien utilizó un medio fundamental para la rápida transmisión de las noticias. El diario “ABC” fue el primero que instaló un gabinete de prensa con teletipos, tanto en su edición de Madrid como de Sevilla. Igualmente las principales empresas financieras y de servicios incorporaron a su gestión, de manera paulatina, el nuevo instrumento de difusión de la información, no obstante, se deberá de tener en cuenta la existencia del viejo telégrafo morse que sigue dominando la comunicación y que incluso en esta década obtiene numerosas altas para nuevas instalaciones, pero sobre todo, la prensa es la que fundamentalmente adoptará las nuevas técnicas y los aparatos más perfeccionados. Una política tarifaria del telégrafo llevada a cabo en nuestro país a partir de 1860 le dará consolidación a este servicio, que pasa de un costo de telegrafía en 1860 de 4 reales por texto de 1 a 15 palabras, a 60 años después, en 1920 al costo situado en 0,50 ptas + 05 céntimos de peseta por cada 5 palabras, algo que unido al gran adelanto que supuso, el poder recibir una información puntual, hizo posible que, entre el sonoro traqueteo de los teclados de las máquinas en redacción, sumado a la vibración de las rotativas y rotoplanas de talleres, se complementará cada vez que se abría la puerta del “gabinete” con el vertiginoso tableteo del “teletipo” acompañado de los sones vibrantes del timbre o campanilla anunciando la noticia principal.