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DÍA INTERNACIONAL CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO

Las órdenes de alejamiento suponen el 65% de los usos del Punto de Encuentro de Huesca

María Ángeles Vals.
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El centro favorece la reunión entre padres e hijos en situaciones conflictivas



VANESSA GODIA
25/11/2011

HUESCA.- Cuando una mujer se enfrenta a una situación de violencia de género, no siempre está sola. En muchos casos existen unos hijos que les obligan a mantener el contacto con su agresor, pequeños que viven más o menos ajenos a la realidad que sacude a sus progenitores y cuyo derecho a convivir con ambos prevalece en aquellos casos en los que su seguridad no queda condicionada. Sin embargo, el encuentro entre ambas partes no siempre es viable, sobre todo cuando media una orden judicial de alejamiento. En estos casos, son los mismos jueces quienes redirigen los casos a los denominados Puntos de Encuentro, espacios en los que se puede realizar este intercambio siguiendo las condiciones fijadas por el juez y sin necesidad de que padre y madre tengan que enfrentarse cara a cara.

La Asociación Puntos de Encuentro de Aragón gestiona buena parte de estos centros, entre ellos, el habilitado en Huesca en 2004 tras comprobar cómo, "desgraciadamente, el número de casos que se recibían iban en aumento", según explicó a este periódico la responsable del Punto de Encuentro de Huesca, María Ángeles Vals, conocedora de una realidad que presenta multitud de matices.

"Nosotros trabajamos con los casos que nos derivan de los juzgados de familia y los de violencia, que son la mayoría, sobre un 95 por ciento", explica Vals, que aclara que el cinco por ciento restante corresponde a aquellos casos "en los que es la administración quien tiene la tutela de los menores" y decide derivárselos, aumentando una demanda que no ha dejado de crecer, "desafortunadamente", en los últimos años.

"En lo que llevamos de año, hasta el 3 de noviembre, son 90 los casos que han llegado al punto de encuentro, y en 57 de ellos se ha puesto en funcionamiento la medida de alejamiento entre el presunto agresor y la víctima", apuntó en una entrevista concedida a este periódico la directora del centro. Estos datos se traducen, continúa Vals, en un dato preocupante, que son los "174 menores que han pasado este año por el centro" para hacer uso de los distintos servicios que se ponen a disposición de sus familias y sólo durante el periodo necesario. En este sentido, Vals aclara que en estos momentos son "63 los casos que están activos en el centro, aunque a lo largo del año la cifra asciende a ochenta y cuatro", entre los que se cuentan no pocos casos en los que es la violencia de género quien obliga a acudir a este centro.

"El juzgado nos deriva estos casos porque los menores pueden tener una buena relación con sus padres, incluso cuando la madre llega a ser víctima de violencia. Pero en cuanto se pone una denuncia el juez establece unas medidas civiles" que, en muchos casos, implica el uso de este servicio. "También se da el caso de que el régimen de visitas está vinculado a la orden de alejamiento, y esto hace que a veces tengan que acudir al punto de encuentro durante dos o tres años, según el tiempo que esté vigente esa orden de alejamiento", añade Vals.

En cualquiera de estos casos, se pone en marcha el protocolo correspondiente a "la modalidad del régimen de visitas que ha dictado el juez, que puede ser de entrega y recogida con o sin pernocta" o con "visitas tuteladas, que son el centro". En este caso, "el progenitor no custodio está en una sala con el menor o los menores acompañado por un técnico que no abandona en ningún momento la sala, que no se les deja solos en ningún caso".

Además, se cumplen unas medidas, unas "normas básicas" que fijan un horario de entrada determinado para cada progenitor, "porque si se cruzan en la calle al hacer la recogida y la entrega, tampoco tiene demasiado sentido todo esto", añade Vals, que aclara que cuando la denuncia que ocasiona el uso de este servicio es de otra índole, por ejemplo una demanda de separación que ha impedido el contacto del menor con uno de los progenitores, estas medidas son más laxas.

Con todo, el objetivo final no es otro que primar el interés de los menores y ayudar a normalizar, en la medida de lo posible, unas relaciones familiares que no siempre resultan todo lo fáciles que cabría desear.