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CARTAS AL DIRECTOR

Familia y hogar




Teófilo Marco
28/02/2015

Un grupo de ingenieros de la industria cinematográfica clasificaron los diez sonidos más dramáticos: el primer llanto de un recién nacido, el agudo ulular de una sirena, el retumbo de la marejada contra las rocas, el rugir de un incendio forestal, la sirena de la niebla, el lento goteo del agua, el galope de caballos, el rumor del silbato de un tren lejano, el aullido de un perro y la marcha nupcial. Uno de estos sonidos suscita mayor emoción que cualquier otro, pues tiene el poder de evocar casi cualquier emoción humana: tristeza, envidia, añoranza, lágrimas y también mayor alegría: la marcha nupcial. Es que el amor de los novios forma parte de la estructura ontológica de cada criatura y por eso hay boda, unión matrimonial. Las fotos del día de la boda se guardan en casa como una reliquia, y los padres enseñan las de su boda y las de sus hijos con sana alegría y buen humor: ¡Ves qué guapos estábamos y qué guapos están mis hijos! El amor entre un hombre y una mujer que lleva al matrimonio y funda una familia es una realidad presente en las más diversas culturas, en las cinco partes del mundo es así. Y las sociedades humanas tienen la experiencia de que la familia es el fundamento de la convivencia, de la sociedad, porque al decir de J.J. Rousseau: "La familia es la más antigua de todas las sociedades y la única natural". Por eso la familia remite a la realidad de un hogar, una casa que representa seguridad y acogida en las horas duras de la vida. Dicen que ya la cultura griega clásica se refería a la casa como la conjunción de un elemento masculino (oikos), la viga fuerte que sostiene el techo, y una femenina (eschara), el lugar central de la estancia bajo el techo. La casa es mucho más que un lugar material e inerte: es imagen no sólo de las personas que la habitan, sino de su relación, sólo la casa crea y expresa intimidad, aceptación. Para expresar lo bien que se está en nuestra casa hay un dicho popular: "¡Como en casa ni hablar!".