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"Contaba los días para los cien años y espero seguir adelante"

Ángeles Campo posa sentada junto a su familia.
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La barbastrense Ángeles Campo recibe con agrado la Bendición Apostólica



ÁNGEL HUGUET
04/09/2015

BARBASTRO.- Ángeles Campo Sin, natural de Barbastro, donde nació el 3 de septiembre de 1915, cumplió 100 años ayer entre el ámbito familiar. Antes, leyó con agrado y mucha sorpresa el pergamino con la Bendición Apostólica impartida por el papa Francisco con ocasión de su centenario.

Más tarde recibió la carta puntual de felicitación y el ramo de flores enviados por el alcalde de Barbastro, Antonio Cosculluela. El obispo Ángel Pérez la llamó desde fuera de la ciudad, "cada noche le recuerdo cuando escucho Radio María", dice la centenaria.

En el transcurso del aniversario llegaron más ramos de flores al domicilio de Ángeles Campo, que fueron llenando de color un comedor en el que destaca la fotografía de su hijo Miguel Ángel, fallecido cuando era estudiante en el colegio de los Escolapios. Cerca, la foto en blanco y negro de su esposo, Constancio Molí, que fue una de las referencias comerciales características en el sector de la calle San Ramón.

Hasta la fecha de la efeméride Ángeles Campo ha contado días, horas y minutos que faltaban para "llegar a los 100 años" y espera "seguir adelante", manifestó en clave de confianza y de proximidad con el periodista, a quien conoce "de cuando entraba al patio de la tienda a buscar cajas para jugar", recuerda.

"¡Cien años! -exclama-, qué barbaridad!, si lo multiplicas por 365 salen muchos días y como vienen se van. Me encuentro bien y que me suba el de arriba cuando quiera porque aquí abajo no somos nadie. Recuerdo muchas cosas de mi vida y de amigos de mi hijo Miguel Ángel, que era una prenda. Uno de ellos, Miguel Ángel Turmo".

A simple vista se le nota "contenta" por 100 años que celebró con antelación gracias a la fiesta familiar organizada por los vecinos. "Son unos benditos, acudieron todos como caídos del cielo. Precioso, sublime".

En la "sentada" es casi inevitable recordar otros tiempos de la Mercería Molí que regentaba con su marido. De aquel sector comercial es, casi, la única superviviente de su generación, entre las referencias de Pescadería Fuster, "El Barato", Fernando Huguet, Sederías Goya, Mayoral, Pueyo, Coscollar, Castillón, Sambeat, Hotel Europa, Moisés, Franco, Bamala, Julián Martí y Calzados Bruno.

"Recuerdo bien la mercería porque cuando la pusimos con mi marido nos prestaron los dineros, suerte tuvimos de su tío Tomás Lanau que era alcalde. La ayuda sirvió para el negocio que estuvo abierto hasta nuestra jubilación", recuerda.

"La tienda era pequeña -prosigue-, teníamos de todo y clientela. La vida del comerciante es dura pero gratificante porque se conoce a mucha gente. Mi vida ha tenido de todo, momentos agrios y dulces. Ha sido muy buena y de lo peor, también".

A sus años tiene buen tipo, conserva el apetito y come de todo con especial predilección a los mantecados, chocolates, olivas negras y tacos de longaniza.

Se sorprende porque es la número 16 en el selecto club de centenarios del Somontano, (1.613 años juntos). No se imaginaba tanta longevidad.

De los barbastrenses de su época recuerda a Ceferino Jiménez Malla, beatificado por el papa Juan Pablo II. "No me extraña porque era muy bueno con los críos y su casa, tan próxima a la nuestra, en calle San Hipólito, que nos veíamos por las ventanas. Santo pero gitano, a fin de cuentas, porque pintaba los machos y arreglaba la dentadura para venderlos mejor", recuerda.