Aragón

ALTO ARAGÓN - COLABORAN: CAJA RURAL DE ARAGÓN Y DIPUTACIÓN DE HUESCA

Iscles: un pueblo que renace del barro para construir otra forma de vivir

#CONTRALADESPOBLACIÓN

Iscles: un pueblo que renace del barro para construir otra forma de vivir
Iscles: un pueblo que renace del barro para construir otra forma de vivir
A.I.

Los llaman neorrurales pero no lo son. No han llegado ni de Barcelona ni de Zaragoza a reinventarse en el medio rural, porque siempre han sido rurales. Pero si en algo coinciden, es que viven en comunidad con una clara apuesta por la sostenibilidad para cuidar la Tierra y la Vida. Y lo expresan así, con mayúsculas. Los vecinos de Iscle, un pequeño núcleo ribagorzano en el municipio de Arén, vivían en el entorno (Tolva, Arén, Espluga de Serra...) y se juntaron para desarrollar un proyecto social de habitaje sostenible.

Puede sonar muy filosófico pero, al final, su idea se puede tocar con las manos, esculpirla, amasarla. Y nunca mejor dicho, porque todo gira en torno a la bioconstrucción. Fue el proyecto de fin de carrera de Nadir Sirera, arquitecto y uno de los socios fundadores de la Asociación Iscles que puso en marcha el pueblo en 2012. Este núcleo, originariamente de unas seis casas, y 12 en total con las diseminadas, había quedado despoblado en 1971 cuando el último habitante, muy a su pesar, tuvo que marchar.

Nadir tenía 24 años cuando se fijó en el pueblo y era de los jóvenes del grupo de 12 impulsores "con ganas de hacer algo diferente y de experimentar con la bioconstrucción". Y ese algo diferente pasaba por mantener el conjunto arquitectónico. Hoy, a sus 32 años, vive allí con su pareja y tiene tres hijos. De aquellos 12 siguen seis y, en total, hay 10 adultos y cinco niños menores de siete años, uno de ellos, en camino.

El pueblo era de propiedad particular, concretamente de tres familias, y les costó convencerlas para comprarlo (el núcleo, no las diseminadas). "En un principio trabajamos para acondicionarlo, porque parecía que había pasado una guerra, estaba todo derruido y no se podía acceder. Al tenerlo más arreglado, ya hemos desarrollado el proyecto: un turismo relacionado con la ecología y la construcción, para que la gente pueda venir aquí y ver otra manera de funcionar y de vivir con menos recursos", señala. El agua la toman de un manantial y la luz es solar.

Pero "la escuela no era de nadie. A nadie le molestábamos y empezamos por ahí", resalta. Es la primera casa que comenzaron a reconstruir y con la empezaron a trabajar con las técnicas tradicionales de construcción. En ella, se instalaron a vivir todos juntos en primavera de 2013, y ahora es un edificio común, porque cada uno se hizo su espacio particular. Son, según explica, casas de 35 o 40 metros para que cada uno tenga su intimidad.

El próximo reto de la asociación es crear una escuela para los niños, que ahora van a la de Lascuarre, hasta donde tienen 40 minutos en coche y un transbordo. Sus familias los bajan por la pista de acceso al pueblo, de unos dos kilómetros, por donde solo se puede circular con todoterreno, ruedas de tacos, y cierta pericia para la conducción en barro. Los llevan hasta Cajigar y allí ya se suben al transporte escolar. Ahora, "nos la van a arreglar. Fuimos a ver al alcalde (Miguel Gracia) y a la semana ya estaban aquí", comenta.

CURSOS DE BIOCONSTRUCCIÓN

Para la escuela taller ya consiguieron dinero y materiales a través de un proyecto de "crowfunding" que pusieron en marcha el pasado año y ahora tienen que construirla pero les faltan manos y tiempo. Su idea es que sirva también de espacio de taller para impartir cursos.

La primera casa que levantaron, la que ahora es común, es también el espacio que sirve para acoger a la gente que llega de fuera como voluntarios, ya que su proyecto combina el turismo ecológico y la construcción.

Pero no, no tienen una casa de turismo rural al uso. Ofertan cursos de bioconstrucción y alojan a los participantes. Las próximas citas son en mayo, ya que los días 8, 9 y 10 impartirán una formación de construcción con piedra con una parte teórica y otra práctica en la que aplicarán la técnica de piedra seca o experimentarán con los morteros. Nadir Sirera es uno de los docentes porque está especializado en Arquitectura Bioclimática y Bioconstrucción, además de que ya lleva años trabajando en la construcción y la arquitectura vernácula. Además, otro de los profesores es Ignacio Mateos Royo, licenciado en Ciencias de la Tierra por la Universidad de Zaragoza, con más de doce años de experiencia en geología aplicada a la restauración del patrimonio histórico-artístico. También, los días 22, 23 y 24 de mayo ofrecerán un curso de construcción con tierra para edificar con adobe, tapial... "Ya hicimos estos cursos y han tenido una buena acogida, incluso vino gente de otros países", señala.

"El objetivo es generar economía , porque lo difícil es vivir en un sitio lejos si tienes que salir a trabajar", comenta Sirera. En su caso, su trabajo de arquitecto le permite hacerlo desde casa. Hay otros vecinos de Iscles que tienen un taller para equipar furgonetas en Tolva y otros se apañan con trabajos temporales en el esquí, rafting... Además, la comunidad tiene caballos, gallinas, pavos... y se plantea poner vacas.

Pero la idea, insiste, "es crear una economía y también a nivel social, que venga gente aquí", de forma que para socializarse tampoco les haga falta salir tanto.

Otro curso que van a ofertar por primera vez, los días 13 y 14 de junio, es uno de cosmética natural ecológica, que impartirá Iris Eslava, profesora y conocedora de plantas medicinales, y su mujer Daniela Zamorano, nutricionista especializada en plantas medicinales. "Mi mujer sale a vender a ferias y hay gente que viene aquí a comprar cosmética ecológica, pero hay otras personas que no pueden vivir fijo por el trabajo y están a temporadas", comenta. "Esto es el paraíso y aquí se vive muy bien, pero a veces no es fácil", indica. Es una manera de vivir de otra manera.

"LA PROPIEDAD ESTÁ MUY ARRAIGADA Y NADIE VENDE AUNQUE SE LE CAIGA LA CASA"

No es tan fácil tomar la decisión de vivir en un pueblo y conseguirlo. El trabajo no es el único impedimento, ya que conseguir una vivienda no es sencillo. Los impulsores de la Asociación Iscles se fijaron en este núcleo del municipio de Arén, en La Ribagorza, pero su primer contratiempo fue que las ruinas que ellos soñaban con levantar tenían dueño. Y eso es lo normal, porque los mal llamados pueblos abandonados siempre tienen dueño, aunque sea el Estado o la DGA en algunos casos. En muchos otros casos, son antiguos habitantes o descendientes que tuvieron que marchar y que no quieren desarraigarse aunque sepan que nunca volverán.

"Los pueblos deshabitados me interesan mucho, pero el problema es la propiedad privada que está muy arraigada y es el gran impedimento", indica Nadir Sirera, impulsor de la Asociación Iscles que gestiona el núcleo y arquitecto. Pone el ejemplo de una casa con elementos de hace 500 años que se cae, pero que no quieren vender. "Éramos de la zona, teníamos contactos y, aún así, fue difícil comprar", indica. "La propiedad la ostenta la Asociación Iscles, que creamos para asegurarnos de que se mantuviera el conjunto, porque estos proyectos fluctúan. Queríamos experimentar en un lugar difícil", señala, por el acceso a los servicios. De hecho, hacen reciclaje de agua mediante balsas con plantas que oxigenan el agua y se han construido casas pequeñas por ecología y funcionalidad.

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