Aragón

ALTO ARAGÓN - PANDEMIA DE CORONAVIRUS

José Mari Palacio y Susana Lacasa: "Lo más duro ha sido y es no haber podido estar con los nuestros todavía"

Esta pareja de turistas estaban en Laos cuando se declaró la pandemia, tuvieron que volver a Jaca de forma precipitada y ella ha retomado su trabajo como enfermera

José Mari Palacio y Susana Lacasa: "Lo más duro ha sido y es no haber podido estar con los nuestros todavía"
José Mari Palacio y Susana Lacasa: "Lo más duro ha sido y es no haber podido estar con los nuestros todavía"
S.E.

HUESCA.- José Mari Palacio tenía un proyecto en mente desde hace una década, quería dar la vuelta al mundo como mochilero y conocer otras realidades, distintos modos de vida y disfrutar de esos países y sus paisajes, pero tardó diez años en convencer a su mujer, Susana Lacasa, para que se sumara a la aventura y lo dejaran todo durante una larga temporada.

Su recorrido comenzó el 29 de septiembre de 2019 y partieron con la idea "de viajar durante varios meses -siempre cogiendo los vuelos en la misma dirección- a tantos países como nos diera tiempo o hasta que nos durara el dinero".

Desde entonces han recorrido Sudáfrica, Namibia, Botswana, Zimbabwe, India, Sri Lanka, Vietnam, Myanmar, Tailandia Camboya y Laos. Inicialmente tenían previsto volver para celebrar en Jaca el Viernes de Mayo, una fiesta en la que ambos participan y tienen gran arraigo, pero, "una vez estando allí decidimos apurar y alargar el viaje".

Sus siguientes destinos iban a ser "Filipinas, Indonesia y la costa este de Estados Unidos" y pensaban apurar la ruta hasta finales de mayo.

Pero en la última fase de su aventura se declaró la alerta mundial por el coronavirus, una pandemia sobre la que ya llevaban semanas pendientes . "Desde enero estábamos al tanto de todo lo que pasaba en Wuhan y China, seguíamos las noticias locales y estaban más preocupadas nuestras familias por lo que pudiera pasar que nosotros", y añaden que "en el sureste asiático todo estaba tranquilo, apenas había contagios".

Pero en pocos días la situación se aceleró, como sucedió en España, y relatan: "comenzaron a cerrar fronteras para extranjeros y ya descartamos ir a Singapur y Hong Kong," y después todo fue muy rápido y surgió la idea de volver a casa ya que -matizan- "nuestro objetivo era poder viajar, y si no nos íbamos a poder mover, no tenía ningún sentido quedarnos". Aun así, indican que por un momento, "llegamos a valorar la posibilidad de pasar los quince días que iba a durar la cuarentena en un lugar paradisiaco, descansando", algo que pronto descartaron.

Y prácticamente en ese momento comenzaron a cerrar la mochila. "Empezamos a barajar la idea el 13 o 14 de marzo", detallan, "hablamos con la embajada de España en Tailandia, encargada de toda esa zona, que se portó súper bien con nosotros y el 17 volábamos", y remarcan, "tomamos la decisión en el momento oportuno, como además no teníamos billete comprado como otras personas con las que coincidimos, nos era indistinto coger un vuelo u otro".

Hasta el momento del despegue, apostillan, "pasamos dos días de nervios e incluso hasta que no vimos que ya íbamos a salir y que la vuelta era definitiva, no avisamos a la familia". El vuelo que tomaron fue vía Rusia, "fue el último que salió del aeropuerto de Bangkok con ese destino" porque después se cerraron las fronteras.

Tras horas de viaje, el día 18 por la mañana aterrizaron en Madrid, donde la sensación fue muy extraña. "Casi daba miedo ver el aeropuerto tan vacío, sólo se oía la megafonía y teníamos que respetar la separación de dos metros y el resto de indicaciones", recuerdan.

Para la última parte del retorno, recorrer los casi 500 kilómetros que los separaban de Jaca, "cogimos un coche de alquiler y volvimos conduciendo", tras hacer una gran compra para los quince días de confinamiento que les esperaban, llegó lo más duro. "Fuimos a ver a nuestras familias, primero pasamos por Guasillo a ver a la de Chemari, nos costó mucho a todos mantener la distancia, no abrazarnos ni besarnos, nosotros somos del roce, y después nos acercamos a Barós -añade Susana-, donde pasamos un buen rato hablando con mi familia, mis padres y mi abuela, ellos desde el balcón de casa y nosotros en la calle".

Luego llegaron los quince días de confinamiento, que ambos valoran como un trámite positivo. "Nuestra adrenalina estaba al máximo y nos sirvieron para asentar emociones, recuperar la normalidad de hacernos la comida, dormir en la misma cama cada noche..." e indican, "lo más duro no fue volver dos meses antes, lo peor ha sido y es, no haber podido estar con los nuestros todavía, pero al menos hablamos por teléfono, hacemos videollamadas..., y sabemos que todos estamos bien".

Además han aprovechado este encierro para "valorar todavía más lo que tenemos aquí, y los medios con los que contamos y la cantidad de cosas de las que disponemos", y remarcan: "en países como Laos sólo cuentan con cuatro respiradores para toda la población".

Superadas esas dos semanas de confinamiento, Susana, enfermera de profesión, no dudó en volver. "No me lo pensé mucho, se necesitaba personal sanitario y yo estaba disponible".

Y al respecto apunta: "yo no me considero una heroína, disfruto con mi trabajo aunque ahora las condiciones sean muy distintas". Por contra, se pone en la piel de los pacientes, a los que valora porque son ellos quienes lo están pasando mal. "En pocos días han empezado a tratar con personal nuevo, que además lleva un disfraz, ya que solo se nos ven los ojos y casi todo es muy gestual, y además no pueden ver a sus familias".

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