Aragón

CRISIS DEL CORONAVIRUS

Aragón quiere bajar al máximo "el suelo" de la cuarta ola de covid y evitar una quinta

A pesar de estar en fase de meseta, la comunidad continúa en nivel de alerta 3 agravado

Aragón quiere bajar al máximo "el suelo" de la cuarta ola de covid y evitar una quinta
Aragón quiere bajar al máximo "el suelo" de la cuarta ola de covid y evitar una quinta
E.P.

ZARAGOZA.- Los datos de contagios en Aragón, con altibajos, parecen demostrar que la comunidad está en la fase de meseta de su cuarta ola pandémica, pero las autoridades sanitarias no se relajan y se toman con cautela la decisión sobre el levantamiento de las restricciones, con el objetivo de que baje al máximo el suelo y evitar una quinta ola o, en todo caso, que no sea tan virulenta.

Frente a las tres del resto del país, Aragón ha vivido cuatro olas de covid-19, la más dura de ellas la que comenzó a subir aproximadamente el 7 de octubre de 2020 y se prolongó hasta justo el final del puente de la Constitución, con el pico el 1 de noviembre, día en el que se registró una incidencia de 1.334 casos por 100.000 habitantes a 14 días.

En los dos meses de esa tercera ola se produjeron 1.016 fallecimientos (el 32,3 por ciento del total de la pandemia) y 37.266 contagios (el 36 % de todos los producidos).

La segunda empezó en torno al 14 de julio, día en el que hubo 83 casos confirmados y por eso, tres semanas después de que concluyera el primer estado de alarma y el país entrara en la nueva normalidad, el Gobierno de Aragón tuvo que tomar medidas restrictivas y decretar el retroceso de varias comarcas, incluida la de Zaragoza, a la fase 2 de la desescalada.

EFECTO TEMPOREROS

El ejecutivo autonómicoachacó los brotes al llamado "efecto de los temporeros", ya que la mayoría de ellos se produjeron en comarcas eminentemente agrícolas y muchos de los contagiados eran trabajadores del campo. El 16 de julio el coordinador de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, Fernando Simón, dijo que en la comunidad ya se estaba produciendo transmisión comunitaria.

El pico de esta segunda ola se produjo a mitad de agosto, con una incidencia acumulada 616 por 100.000 habitantes a 14 días y un máximo de 699 casos confirmados el 7 de agosto, y aunque a partir de ese momento la curva comenzó a descender, no llegó a bajar a los niveles anteriores a la desescalada y esa segunda ola hizo que Aragón afrontara la tercera desde un suelo más alto.

SEGUNDO ESTADO DE ALARMA

El Consejo de Ministros aprobó el segundo estado de alarma el 25 de octubre y Aragón adoptó ese día el toque de queda desde las 23.00 a las 6.00 horas.

Pero ya seis días antes, el 19 de octubre, el Gobierno autonómico había aprobado un decreto que incluía tres niveles de alerta en función de los parámetros sanitarios dado que la incidencia acumulada comenzaba a incrementarse.

El 21 de octubre se decretó el confinamiento perimetral de Zaragoza, Huesca y Teruel, con lo que 800.000 aragoneses no podían salir de su localidad de residencia; el día 26 se fijó el confinamiento de la comunidad en su conjunto y el cierre de la hostelería a las 22.00 horas. El 3 de noviembre se confinaron a su vez las tres provincias y se ordenó el cierre de la hostelería y el comercio no esencial a las 20.00 horas.

La preocupación era latente en el Gobierno de Aragón, cuya consejera de Presidencia, Mayte Pérez, admitía el 28 de octubre que la situación era "preocupante" porque la incidencia de contagios ascendía ya en 14 días a 875 por 100.000 habitantes, sin previsión de que disminuyera. Se descartaba, sin embargo, el confinamiento domiciliario selectivo o de fines de semana que ya pedían otras comunidades, como Cataluña.

A pesar de esas medidas, el número de contagios diarios en Aragón entre el 19 de octubre y el 14 de noviembre no bajó ningún día, excepto un domingo, de los 500. Hubo que esperar un mes más, hasta el 9 de diciembre, para que la incidencia cayera a 243 por 100.000 a 14 días.

Entretanto, el 26 de noviembre se decidió el levantamiento del confinamiento de las tres capitales, mientras la incidencia seguía bajando.

El presidente del Gobierno regional, Javier Lambán, defendió durante todo ese tiempo, y también después, la proporcionalidad de las medidas y que estas se tomaban siempre en función del los parámetros sanitarios.

SALVAR LA NAVIDAD

Y en ese contexto, el día 12 de diciembre se decidió abrir el interior de la hostelería, permitir entradas y salidas de la comunidad del 23 al 26 de diciembre y 30 al 2 de enero y autorizar los días festivos una agrupación familiar de hasta 10 personas y de 6 en el resto de jornadas.

Por el efecto de la Navidad, cuando ya estaba claro que la curva comenzaba de nuevo a crecer, Aragón volvió solo dos días después de Año Nuevo al nivel de alerta 3 agravado, con limitación de las reuniones familiares y sociales a 4 personas.

Una semana después de Nochebuena fue cuando comenzó pues el ascenso de la cuarta ola, con su pico en la quincena que va del 14 de enero al 28 de enero, en la que se registraban diariamente entre 700 y 900 casos. La incidencia llegó a ser de 777 a 14 días, con un especial efecto en la provincia de Teruel, con la incidencia disparada al 1.669, mientras en Huesca se mantenía en 416, y en 725 en Zaragoza.

En 15 de enero, cuando se había diagnosticado 907 casos el día anterior, el Gobierno de Aragón decidió el confinamiento perimetral, de nuevo, de las tres capitales y de otras seis ciudades: Calatayud, Tarazona, Ejea, Utebo, Cuarte y Alcañiz, aunque hoy día solo permanecen en esta situación Zaragoza, Teruel, Calatayud y Alcañiz.

Todo Aragón permanece, no obstante, con el nivel de alerta 3 agravado, con el cierre de los establecimientos no esenciales a las 20.00 horas de lunes a jueves y a las 18.00 en fin de semana, a excepción de la provincia de Huesca, que en esta cuarta ola presenta una situación mucho menos grave, con una incidencia de 238 y 94, respectivamente, a 14 y 7 días.

La incidencia acumulada en la comunidad se mantiene a 9 de febrero en 552 a 14 días y a 234 a 7, aunque la situación sigue siendo más preocupante en Teruel, según las autoridades sanitarias, por sus tradicionales relaciones de vecindad con Valencia, comunidad especialmente golpeada.

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