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Conmoción en Benasque por la repentina muerte del montañero José Aranda

El emblemático guía era un gran conocedor y amante de la montaña

José Aranda, todo en emblema del montañismo en el valle de Benasque.
José Aranda, todo un emblema del montañismo en el valle de Benasque.
Antonio Padilla

El guía de montaña José Aranda falleció en Benasque el pasado sábado de forma repentina dejando conmocionados a sus vecinos y a multitud de montañeros de toda España a quienes enseñó a amar unas montañas que conocía y quería más que a nada. Malagueño de nacimiento, Aranda llegó a la villa benasquesa a principios de los ochenta y se convirtió en poco tiempo en un emblema de sus montañas muy apreciado por su “singularidad” y su “pasión montañera”.

José María Ciria, presidente de la Asociación Turística y Empresarial Valle de Benasque (ATEVB), regentaba la Fonda Barrabés donde Aranda se alojó en esos primeros años. “Hubo un momento, en los ochenta, en el que el Pirineo se quedó sin guías, los Mora, los Ferrer y, entonces, Aranda tuvo mucho auge y muy buenos clientes”, recuerda Ciria. La visita del reconocido montañero Carles Vallés que, acompañado por TV3 afrontaba la cara sur de Las Maladetas, lo puso en el candelero del mundo del montañismo, sobre todo en Cataluña. “Le hicieron varios reportajes porque les llamó mucho la atención”, relató Ciria.

El colega de profesión Javier Garrido comentó que su perfil era de guía de media montaña especializado en esquí de travesía, pero incidió en sus peculiaridades. “Tenía la habilitación del Gobierno de Aragón que recibieron muchos guías que ya eran profesionales antes de que se creara la titulación, pero yo destacaría su profundo conocimiento del medio ambiente, de la flora y la fauna. Era un gran conocedor de la montaña, la meteorología y sus peligros, pero sobre todo era un amante de la montaña y transmitía a sus clientes ese amor intenso y esa pasión montañera”, relata. “La espontaneidad y la sinceridad” son otras de las dos cualidades que resalta.

Muy apreciado en Benasque, donde vivía desde hace más de 40 años, Aranda colaboró con el Consistorio abriendo rutas tan exitosas como la de los Tres Barrancos, “que debería llamarse la Ruta de Aranda”, considera Ciria, quien también alude a esa pasión. “Vivía mucho la montaña y se lo transmitía a sus clientes”.

Antonio Padilla, ex presidente de un club de montaña madrileño (Grunde, Grupo de Montaña del Banco de España), colaboró con él en multitud de salidas por el Valle de Benasque. “Precisamente, teníamos previsto hacerle un reconocimiento el próximo verano”, avanza muy afectado por la muerte repentina de Aranda, a causa de un infarto a los 68 años de edad, mientras preparaba una nueva visita a los Alpes, adonde viajaba cada dos o tres años

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