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Alto Aragón/ocio estival

El habitual campamento de Rasal se ha adaptado con diferentes actividades

La Diócesis ha hecho encuentros en función de la edad para cumplir las medidas covid y seguir disfrutando

Fotografía de los niños en una de las actividades en Monzón
Fotografía de los niños en una de las actividades en Monzón
Diócesis de Barbatro-Monzón

El campamento de Rasal volvió renovado en julio tras haber interrumpido su actividad el verano pasado. La Diócesis de Barbastro-Monzón había preparado esta actividad durante 40 años, y este verano ha tenido que reinventarse para poder cumplir con las medidas de seguridad.

Según ha informado el organizador del campamento, Nacho Calvo, el encuentro de este año se dividió en cuatro actividades distintas.

Los niños de entre seis y nueve años tenían la opción de ir durante una semana (este evento se repitió un total de cuatro veces) a Monzón, con viajes de ida y vuelta en el día, donde el colegio Santa Ana facilitó sus instalaciones para que los niños y niñas se reuniesen. Durante esos días se realizaron excursiones por la zona, visitas a la Catedral, cantos y oraciones, juegos...

En cuanto al campamento de pernocta de este año, se llevó a cabo en Villanúa, con una participación máxima de 50 personas durante nueve días, aunque normalmente se hace a lo largo de dos quincenas en el mes de julio en Rasal. “Entre niños y monitores llegábamos a ser unas 90 personas”, ha recordado Nacho Calvo.

“Por otro lado hemos hecho otro encuentro con los paralelos -niños que no tienen edad para ir a la acampada pero quieren seguir formando parte del grupo de Rasal y pasan a ser premonitores-. Con ellos, nos hemos juntado en un albergue en Canfranc a lo largo de una semana, en un campamento más específico para ellos y con actividades más completas para su edad”, ha declarado el organizador. Se trató de “conocer qué es ser monitor del campamento de Rasal y profundizar en su fe. Misas, oraciones, charlas, talleres y juegos”, según ha informado la Diócesis.

Normalmente estos monitores también iban al pueblo de Rasal de forma paralela al campamento. “Este año lo separamos completamente por seguridad”,  ha comentado.

Además, este verano se preparó una actividad más para los 17 nuevos monitores que no pudieron tener su encuentro de paralelos, en el que durante cuatro días realizaron actividades específicas para ellos en Villanúa. Esto les supuso “un reenganche al grupo y un chute de energía”.

En cuanto a la acogida de este año, Nacho Calvo ha comentado que están muy contentos, ya que “las cincuenta plazas en Villanúa se llenaron y en Monzón también participaron bastantes niños”.

En cuanto a las medidas covid, a parte del cambio de organización y las diferentes versiones de la actividad tradicional, en el campamento de pernocta se realizaron subgrupos con responsables que vigilasen e informasen de posibles síntomas.

También hubo un aumento de los grupos de monitores. “Al final hemos tenido hasta siete equipos de monitores para adaptarnos a las medidas”, ha explicado Nacho Calvo. El protocolo covid marcó todas las actividades del campamento, pero no evitó que se llevasen a cabo.

“Y aunque todos echemos de menos nuestro querido pueblo de Rasal, nos hemos sentido muy acompañados en todo momento por el resto del grupo y, sobre todo, por Jesús, y con la esperanza de poder volver a reunirnos el año que viene al lado de nuestra fuente”, han compartido desde la Diócesis.

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