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COLABORAN: CAJA RURAL DE ARAGÓN Y DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE HUESCA

“¡Sorpresa!, te he encontrado una casa con un castillo: nos vamos a Abizanda”

#CONTRALADESPOBLACIÓN

Marta Roselló y Joan Mur se fotografían en Abizanda, con la vista del Pirineo al fondo.
Marta Roselló y Joan Mur se fotografían en Abizanda, con la vista del Pirineo al fondo.
S. E.

LAS SENSACIONES en los ocho días que llevamos? Pues que hemos venido al mejor lugar del mundo, que nos estaba esperando. Ha sido: ¡guau!, ¡cómo lo hemos acertado! Es bastante más de lo que esperábamos”. Y ese lugar es: Abizanda.

Es Marta Roselló la que pronuncia estas palabras y la que dio respuesta al comentario de su pareja Joan Mur de quiero vivir en un castillo. “¡Sorpresa!, pues te he encontrado una casa con un castillo”, le dijo ella, y allí están junto a la torre. Nunca había estado en Abizanda pero cuando vio la casa… vislumbró la oportunidad de cumplir un sueño que empezó a gestarse antes de la pandemia: dejar Barcelona y vivir en el medio rural.

La diseñadora Marta Roselló y su pareja Joan Mur fueron por primera vez en su vida a la localidad porque había una casa a la venta, les encantó el lugar y han decidido vender su piso en el centro de Barcelona y trasladarse

Marta Roselló, natural de un pequeño pueblo de Mallorca, salió a Barcelona para estudiar arte y diseño y el trabajo la enganchó a la ciudad condal, donde hasta hace pocos días vivía con Joan en un piso próximo a las Ramblas.

Pero lo han vendido para comprarse la casa en Abizanda. “Me sorprende que la gente me pregunta si vamos a vivir aquí todo el año. Pues claro que sí”, asegura. Al principio, comenzaron a buscar casa en la zona de Montserrat, pero fueron tras los pasos de los antepasados de Joan, de la provincia de Huesca. Y así fue como encontraron a la venta una casa, que no solo está junto al castillo sino que tiene como vecinos a los Titiriteros de Binéfar, en la Casa de los Títeres.

“No habíamos estado nunca, pero vinimos, nos enamoramos del lugar… y la hemos comprado. Mi hermana, de Mallorca, había estado con mis sobrinas viendo a los títeres. Me dijo que me iba a encantar, me fié, y cuando lo vi dije: yo quiero vivir aquí. Y ya me siento de aquí”, asegura esta diseñadora.

Pero hay quien quiere alquilar antes para ver si le gusta, por lo que el alcalde de Abizanda, Javier Labat, resalta la importancia de que existan viviendas en alquiler. En los apartamentos municipales, viven 12 de los 27 vecinos, a pesar de que “no son atractivos para las familias” porque son pequeños, pero sí sirven para probar. Por ello, se muestra especialmente preocupado con desbloquear suelo para que puedan llegar nuevos habitantes.

Vista de Abizanda, donde se encuentra el castillo que le sirvió a la pareja para bromear y que finalmente les llevó al lugar.
Vista de Abizanda, donde se encuentra el castillo que le sirvió a la pareja para bromear y que finalmente les llevó al lugar.
S. E.

De ahí que haya promovido el uso para construir viviendas en 10.000 metros de Escanilla, donde viven todos los días 12 personas, y donde también se han habilitado parcelas de particulares, aunque están pendientes de que Urbanismo les autorice la modificación del PGOU. Además, el Ayuntamiento ha adquirido una hectárea para equipamiento. “Si una empresa se quiere instalar aquí, hay que ponerle alfombra roja, es la única forma”, afirma. “En estas zonas, como la iniciativa pública no arree… Nos quejamos mucho de la despoblación, pero tampoco hacemos nada en el medio rural. Hay que hacer pedagogía con la gente: decirles que o venden o mueren; y que se puede vender y salir ganando tanto el Ayuntamiento como el que vende, como ha pasado en Escanilla, donde le reservamos terreno al propietario. Las dos parcelas valen cuatro veces el campo rústico muy muy bien pagado”, indica. “Tiene que llegar dinero, claro que sí, comunicaciones, también, y fibra, por supuesto, pero en los pueblos también hay que hacer. Y si llegan partidas para el medio rural si no hay suelo ¿qué vas a hacer?”, señala.

Marta Roselló es diseñadora gráfica e ilustradora, que comenzó en un estudio de moda y trabajó después durante 16 años en una multinacional, ya que se especializó en textil. “No sabía que dejaba el trabajo para venirme aquí, porque lo dejé antes de encontrar la casa, pero ahora pienso que sí”, indica. Su compañero Joan Mur se dedica al sector audiovisual y, ahora, realizan proyectos conjuntos. “Como somos autónomos, podemos vivir donde queramos mientras tengamos una buena conexión”, resalta.

Marta Roselló cuenta su historia con una pasión contagiosa, pero con interrupciones, mientras atiende a la empresa Piritec, de Aínsa, colaboradores de Embou, que le van a instalar la banda ancha, fundamental para poder vivir y desarrollar su trabajo desde allí. Sin internet de calidad, no podrían desarrollar su actividad.

Resalta el trabajo de los profesionales de esta empresa y, en general, de la gente que se han encontrado en estos primeros días en los que les prestaron un punto de acceso hasta contar con la conexión definitiva. Atiende también a los de los pelets para la calefacción y así es como se suceden sus primeros días en Abizanda. Por ahora, con viajes a Barcelona para terminar de hacer el traslado.

“Antes de la pandemia, ya decidimos irnos”, indica Roselló, que asegura haber hecho un cambio de vida a los 40. “Nos despertamos el segundo día y había una nevada, pero al frío te acostumbras”, comenta. “Nuestro plan ahora es establecernos y tenemos ganas de integrarnos en el pueblo”, asegura. En cuanto al trabajo, “sin problema para desarrollarlo y ver otras posibilidades que en otra ciudad no tienes”, indica. “Hacerlo desde aquí va a ser muy fácil, porque siempre necesitábamos más espacio. Soy mucho de trabajar con la materia, hacer experimentos…”, destaca en cuanto al espacio.

Es un proyecto para cinco a seis años o para toda la vida, no nos lo vamos a acabar”, dice en referencia a la gran casa que han adquirido, donde se han encontrado ya una planta arreglada en la que hacen la vida. Además, quieren acondicionar la buhardilla y todavía les quedarán dos plantas hacia abajo, la era y un gallinero. “Nos planteamos hacer algún estudio de creación audiovisual. En todos los campos creativos la gente los busca”, indica en alusión a que podrían ofrecer estancias para artistas.

Sin embargo, “a mí escaparme unos días ya no me llenaba, para qué, para volver a la rutina otra vez”, se pregunta. Así que decidieron dar el paso y emprender una nueva vida. “Más que por tranquilidad, porque este pueblo es muy animado, es comodidad, porque la ciudad es muy impersonal”, comenta.

“De Barcelona nos ha echado el turismo y la masificación y si vas a un pueblo es para estar en este entorno. Cuando te has ido de un lugar, no quieres que pase en el lugar al que vas. Hay gente que nos dice que podemos hacer un hotelito rural, pero queremos gente que venga a disfrutar del pueblo unos días”, detalla en referencia al proyecto de su estudio para creadores.

“Con Javier (Labat), el alcalde, y toda la gente nos hemos sentido como muy cómodos, no nos ha costado, como si estuviéramos aquí desde hace mucho tiempo, igual mentalmente ya estábamos. Pero el recibimiento y cómo ha funcionado todo…”, resume. Se siente feliz en Abizanda. Es más, en Barcelona jamás se plantearon tener hijos pero en Abizanda si llegan...

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