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40 ANIVERSARIO DEL ESTATUTO DE AUTONOMÍA DE ARAGÓN

Un camino en busca de la igualdad real de derechos para toda la ciudadanía

La visibilización del colectivo LGTBI, así como los avances para reposicionar el rol de la mujer, han derivado en nuevos modelos de familia

Manifestación feminista el 8 de marzo de 2017 por las calles de la ciudad, germen de la histórica ola feminista.
Manifestación feminista el 8 de marzo de 2017 por las calles de la ciudad, germen de la histórica ola feminista.
H.A.

Mientras a día de hoy se espera la entrada en vigor de la conocida como ‘ley trans’, que establece que cualquier persona, a partir de los 16 años, puede cambiar su nombre y sexo en el registro civil con su sola declaración expresa, hace cuarenta años, las organizaciones de lesbianas, gais, transexuales, bisexuales e intersexuales (LGTBI) dejaban de ser clandestinas. Estos hechos, que evidencian los logros del colectivo en la lucha por sus derechos, ilustran uno de los muchos cambios que han transformado a la sociedad desde 1982, cuando el Estatuto de Autonomía de Aragón echaba a andar.

Así, la legalización del Front d’Alliberament Gai de Catalunya en 1980, asociación activista homosexual, marcó un punto de inflexión en el movimiento LGTB en España, a cuya visibilización también contribuyó la expansión del SIDA a nivel internacional. Dicha visibilización se retrasó en Aragón, en parte por el “sexilio rosa” que llevó a muchas personas a las grandes ciudades, según apunta desde el colectivo Towanda Pepe Paz, y también por la propia composición demográfica del territorio: “Ha sido difícil generar una masa crítica que permitiera crear un espacio seguro para expresar libremente la orientación e identidad sexuales”, explica. Así, señala que la primera manifestación del Orgullo Gay en Zaragoza no se produjo hasta 1998 y apenas congregó a una treintena de personas, frente a las 3.000 del pasado mes de junio.

Portada de Diario del AltoAragón con la primera boda homosexual celebrada en la capital altoaragonesa.
Portada de Diario del AltoAragón con la primera boda homosexual celebrada en la capital altoaragonesa.
D.A.

En Huesca hubo que esperar al año 2018 para que la Coordinadora 28 J de Huesca convocara la primera marcha por las céntricas calles de la ciudad, que congregó a unas 500 personas que querían reivindicar la igualdad real y la integración de todos los colectivos con independencia de su orientación sexual. Si bien es cierto que fue una manifestación histórica, cabe reseñar que en años anteriores se habían organizado otro tipo de actividades conmemorativas por la misma causa.

Los avances en este ámbito han contribuido, entre otros, a alterar el núcleo esencial de la sociedad, que es la familia, tradicionalmente compuesta por un hombre y una mujer casados y con voluntad de tener hijos. Especialmente cuando en 2005 se aprobó en España el matrimonio homosexual y, con él, la posibilidad de que dos personas del mismo sexo tuvieran la opción de adoptar. La primera en celebrarse en la capital oscense fue entre dos hombres el 24 de septiembre de ese mismo año.

Aquel concepto clásico de familia empezó a revolucionarse mucho antes con la Ley del Divorcio, que permitió la disolución del matrimonio a partir del 22 de junio de 1981. Hecho que se normalizó en 2005 con la llamada Ley de Divorcio Exprés, que autorizaba la separación en la pareja sin necesidad de alegar una causa.

Estos marcos normativos, entre otros factores como el descenso de la natalidad, la tardía emancipación de los jóvenes o el difícil acceso al empleo o la vivienda, han derivado en nuevas formas de familia: de tamaño más reducido y de carácter más diverso. Según la Encuesta Continua de Hogares del INE de 2020, en un 26% de los hogares solo vive una persona, las parejas con hijos que conviven en el hogar suponen el 33%, mientras que las parejas sin hijos en casa ascienden al 21%, aumentando el número de las que conviven sin estar casadas. El 10% se corresponde con el hogar monoparental, ya sea materno o paterno, y el resto con otro tipo de relaciones con personas ajenas al núcleo familiar.

La mujer, protagonista

El 8 de marzo de 2019 varias manifestaciones históricas se producían en las principales ciudades aragonesas y en distintos municipios del territorio. En la ciudad de Huesca fue notable la protesta y miles de mujeres partieron de puntos equidistantes para confluir en la plaza de Navarra. Una nueva ola feminista recordaba que si las mujeres paraban ‘se paraba el mundo’ y para que eso no ocurriera había que atender importantes demandas de corte social.

Hasta llegar a este punto, varios fueron los hitos históricos que se sucedieron en el campo de los derechos de la mujer en España. Uno de ellos fue el ya mencionado divorcio y otro, la liberalización del aborto. Su despenalización en 1985 permitía la interrupción del embarazo cuando este suponía un riesgo grave para la salud de la mujer, era consecuencia de una violación o se certificaban malformaciones en el feto. No fue hasta 2010 cuando se legalizó el aborto libre, cuya reforma debate ahora el Congreso para autorizar que las jóvenes a partir de los 16 años puedan decidir si continuar o no con su gestación sin tener que contar con el permiso paterno.

Otro de los marcos legislativos más importantes para los derechos de la mujer fue la aprobación en 2004 de la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, destinándose por primera vez una serie de recursos para combatir esta lacra que, desgraciadamente, continúa de plena actualidad. El asesinato machista de Hasna conmocionó a los vecinos de Barbastro en junio del pasado año. Con ella, son cuatro las mujeres que han muerto a manos de sus parejas o exparejas en la provincia oscense desde que se tienen registros y un total de 31 las víctimas mortales que se contabilizan en Aragón.

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