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SANIDAD

Los médicos de familia toman el pulso a una sanidad rural en grave peligro

Diagnostican que la población quedará “mal atendida” y “desprotegida”

De izquierda a derecha y de arriba abajo, Esteban Sanmartín, Isabel Ysebie, Domingo Ara y Vicky Coiduras.
De izquierda a derecha y de arriba abajo, Esteban Sanmartín, Isabel Ysebie, Domingo Ara y Vicky Coiduras.
S. E.

El 38 % de los médicos de familia en los municipios del Alto Aragón de menos de 10.000 habitantes tiene entre 55 y 64 años. El 12 %, más de 64. Los datos del Informe Especial sobre la Sanidad en el Medio Rural presentados por el Justicia de Aragón el pasado lunes advierten del riesgo de “colapso” de la atención sanitaria en las pequeñas localidades debido a las dificultades de la cobertura de las vacantes y las jubilaciones que, de seguir así, mermarán en diez años la presencia de facultativos en un 50 %.

Lo advierten desde hace décadas los propios médicos de los centros de salud de la provincia de Huesca. Han visto como compañeros de generación han afrontado su jubilación a lo largo de los últimos años sin que su plaza se haya cubierto, y asumen que, tarde o temprano, “también les tocará a ellos”. Pese a todo, a muchos les frena la “vocación”, y el apoyo de los compañeros de Atención Primaria, que urge medidas a la DGA y amenazó con paros esta semana. “Sigue adelante gracias al trabajo en equipo”, afirman.

La Administración trabaja para paliar el déficit de profesionales. La consejera de Sanidad de la DGA, Sira Repollés, anunció el consenso para implantar el grado completo de Medicina en Huesca, que aumentaría la capacidad formativa de 225 a 275 estudiantes en Aragón. Además, se conceden incentivos para puestos de difícil cobertura y se ha prolongado el servicio de los facultativos hasta los 70 años.

Pese a todo, los jóvenes demandan una sanidad rural que se imparta en las universidades y que sea accesible para los residentes. También unas condiciones óptimas y bien remuneradas, haciendo unas plazas atractivas. El pasado año, en la elección quedaron 200 plazas vacantes tras el MIR.

De igual manera, antes de abandonar la práctica profesional, los médicos de las zonas rurales evocan la importancia de esta especialidad sanitaria, “una de las ramas más bonitas de la profesión”, manifiestan.

Esteban Sanmartín: “Ante la falta de profesionales, decidí seguir”

A sus 69 años, Esteban Sanmartín recorre cada día alrededor de 50 kilómetros con su vehículo partiendo del consultorio de Fonz. Son ya 45 años como médico familia, pero continúa por varios motivos. “Me encuentro bien de salud, conozco bien a la gente, sé como tratarles y, ante la falta de profesionales, decidí seguir”, señala.

Sanmartín, decano de los médicos rurales en la provincia, está tratando a los bisnietos de los que fueron sus primeros pacientes. Resalta las grandes virtudes de esta especialidad médica. “La cercanía”, que le permite conocer “al dedillo” a sus más de 1.100 pacientes. “La permanencia en un puesto de trabajo”, ya que está probado científicamente que alarga la vida de los pacientes. “La visión holística”, que permite al médico realizarse al completo en su oficio, describe.

En el año 2017, advirtió junto al resto de sus compañeros en la Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados los riesgos a los que se enfrentaba la sanidad del medio rural en los próximos 15 años. “No nos hicieron ni caso”, lamenta.

Aumentan las plazas de MIR, “pero la carrera de Medicina está cada vez más alejada del medio rural”, remarca. Una compañera se lo dijo hace años: “No se puede amar aquello que no se conoce”. “Si los médicos no pasan por el medio rural, no vendrán nunca”, concluye. 

Isabel Ysebie: “Veo el futuro negro sin los más jóvenes”

Isabel Ysebie viajó de Bélgica a Sobrarbe para trabajar como médico de familia en Aínsa. Después de siete años, se trasladó a Bielsa, antes de establecerse en el área de salud de Castejón donde lleva 17 años. “Es una profesión muy bonita porque das al paciente una atención integral. Los conoces, tienes más tiempo y enseguida indagas en alguna patología que no es normal en ellos”, remarca.

Ysebie pasa consulta en Castejón y tiene tres consultorios más en Chía, Villanova y Sahún. También asiste a otros municipios del valle cuando hay urgencias. El próximo año, dos de sus compañeros se jubilan, algo que causa mucha inseguridad a los facultativos porque desconocen si se cubrirán sus plazas.

Ve el futuro de la medicina rural “negro”, principalmente porque “no se dan las condiciones óptimas a los más jóvenes”. “Esta situación se veía venir y en los próximos años se agudizará. Da miedo, es un oficio muy vocacional que no se promueve en las universidades”, completa.

Por ello, insiste en crear más plazas y atraer a los médicos para que apuesten por afincarse en el medio rural. ”Nuestro trabajo es más gratificante que en la ciudad y genera vínculos con los pacientes”, valora Ysebie.

Domingo Ara: “Debe haber asignaturas de familia”

Desde que tomó posesión en su primer destino han pasado 38 años ininterrumpidos. “En Loarre y municipios agregados (16 años) y en la zona de salud de Grañén (22 años)”, sostiene Domingo Ara, médico rural. Con 65 años recién cumplidos, se ve con fuerzas para continuar. En parte porque “le gusta lo que hace” y está “muy contento” con el equipo de Atención Primaria en el que trabaja.

“Para los médicos de las generaciones entre 1952 y 1958 salieron 8.000 plazas de a nivel nacional. 4.000 de ellas se cubrieron en esta oposición. Esto significa que estos facultativos o se han jubilado o están a punto”, explica Ara. Esta medicina de familia incide en que es “integral”, diferente a la que se practica en los centros urbanos. Para que sean plazas atractivas remarca, “se deberían conocer durante la carrera universitaria”.

“Tampoco se conoce en la residencia”, lamenta, ya que los MIR “pasan muy poco tiempo por los centros” y para cogerle cariño, hay que profundizar”, recuerda Ara.

Para los habitantes de Grañén, Ara es la figura de referencia y confianza. “Cuando existen problemas, acuden a su médico de cabecera. Si no los cuidamos, quedaremos mal atendidos y desprotegidos”, advierte.

Vicky Coiduras: “No conocer te hace no dar el paso”

Vicky Coiduras es residente de tercer año de medicina familiar y comunitaria en el hospital de Barbastro y en el centro de salud de Monzón. Una de las rotaciones obligatorias que hizo durante la formación de la especialidad fue en Monzón rural y sus pueblos durante dos meses. Algo que le dio “otro enfoque” de su profesión, “mucho más cercana al paciente, y gracias a conocerlo, lo ves de otra manera”, incide.

“He cambiado de idea, no me imaginaba en un pueblo, pero puede ser una muy buena opción”, resalta, al tiempo que opina que la mayoría de compañeros no se atreven a dar el paso debido al “desconocimiento”.

Pero para ello, deben primar las buenas condiciones laborales. “En primer lugar, facilitar el acceso a vivienda, a internet y a movilidad para poder atender a los pacientes. Más adelante, una buena remuneración, una opción laboral para tu pareja y, si tienes familia, favorecer la escolarización, para así poder desarrollar tu vida plenamente”, apunta. Con todo, remarca que es una “buena elección”. “Los acompañas a lo largo de toda su vida, desde que nacen hasta que fallecen. Conoces su historial médico y personal, esto mejora la calidad asistencial”, concluye.

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