Bajo Cinca

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Dar la vuelta al mundo desde el medio rural gracias a la creatividad

Sin intención de abandonar el almacén de fruta familiar, Sara Ibarz exporta arcoiris hechos de ropa a Asia o América a través de Peach & Apricot

Sara Ibarz, fundadora de la marca zaidinense Peach & Apricot.
Sara Ibarz, fundadora de la marca zaidinense Peach & Apricot.
S.E.

Sara Ibarz (Zaidín, 1991) viaja por todo el mundo, desde su pueblo, a través de sus creaciones. Con dos empleos y tres hijos, sabe que lo de recorrer países y continentes no lo puede hacer físicamente, así que aprovecha Peach & Apricot, la marca que fundó en 2018, para dar la vuelta al mundo: “Cuando veo que mis arcoiris viajan, es como si una parte de mí viajara”. De esta forma, una parte de Sara ha llegado hasta lugares insospechados como Japón o Malasia, aunque la mayor parte de sus exportaciones tienen como destino Alemania, Gran Bretaña y Estados Unidos.

Esta joven bajocinqueña, además de trabajar como administrativa -con una reducción de jornada- en Frutas Casillé, el negocio familiar, empezó a elaborar arcoiris de ropa de decoración infantil para sus hijos y sobrinos. Después, publicó estas creaciones en sus redes sociales, tuvieron una gran repercusión y lo que era un ‘hobbie’ pasó a ser su segundo negocio en muy poco tiempo. Fue un “boom”: en primavera de 2018 inició el proyecto y “en junio de ese mismo año ya me di cuenta de que eso podía ser una salida profesional”.

Ha ampliado el catálogo y ya no solo vende sus internacionales arcoiris. Para aligerar el proceso e incrementar el volumen de ventas, cuenta también con productos confeccionados por otros talleres y que se venden bajo el nombre de Peach & Apricot.

Sin embargo, y a pesar de tener más de 31.000 seguidores en Instagram -razón que le permitiría dedicarse exclusivamente a este proyecto-, no quiere dejar el negocio familiar. “Si no tuviera la labor del almacén, podría dedicar más tiempo a esto y vivir solo de ello. Pero el trabajo de la empresa de mi familia me gusta, no lo quiero dejar de lado”, explica y se sincera: “Si trabajara en un despacho de abogados o en una empresa que no fuera de casa, dejaría el trabajo y me dedicaría a mi proyecto personal, pero como es la empresa de mi familia, la siento como una parte de mí, aunque obviamente es de mis padres y de mis tíos”.

Además, su labor en el almacén familiar le permite “conciliar” el trabajo con la familia, “que es superimportante”.

Tras estudiar fuera, volvió a Zaidín, lugar de donde también es su pareja. “Aquí me ofrecieron trabajar en la empresa familiar. Zaidín cumple todo lo que necesito: tengo una vida que me gusta y no es lo mismo criar a niños en la ciudad que criarlos en un pueblo. No me arrepiento nada de haber vuelto. Estoy muy contenta aquí en Zaidín”, celebra Sara, cuyos hijos tienen cuatro y dos años y un bebé de dos meses.

Este proyecto ha crecido, dice, “a la par” que sus descendientes: “Así como he ido teniendo hijos, he ido teniendo más ideas. Ha ido creciendo el proyecto con mis hijos”.

“Así como he ido teniendo hijos, he ido teniendo más ideas. Ha ido creciendo el proyecto con mis hijos”

Y también se ha incrementado el volumen de negocio. Ahora, en Navidad, cuenta que ha tenido más de un centenar de pedidos. Aunque estas cifras varían dependiendo de la época del año y, sobre todo, en consonancia al trabajo que realice en redes sociales: a más publicaciones, lógicamente, más pedidos.

No es un factor negativo, según ella, ya que le ayuda a compaginar ambos empleos, pero también su trabajo como madre: “En verano -en plena campaña frutícola- me da para pagar la cuota de autónoma, pero porque a mí tampoco me interesa tener actividad. Y ahora, en invierno, tengo un sueldo decente, digamos. Si no tuviera el trabajo del almacén, podría dedicar más tiempo a esto y vivir solo de ello”.  

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