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Marta Bergua: “El judo transmite unos valores muy importantes para todos”

“Desde siempre, el tatami ha sido mi segunda casa y mis compañeros se han convertido en grandes amigos y muchos en mi segunda familia”

Marta Bergua
Marta Bergua
S. E.

Es la presidenta del Club de Judo Kanpai de Jaca y la coordinadora de sus escuelas, una labor directiva por la que estuvo nominada en la reciente gala del deporte jaqués. Trabaja como maestra de Infantil en el colegio Escuelas Pías. Fue componente del equipo que representó a Jaca a en Juegos sin fronteras que emitió Telecinco en 2020.

Lleva desde los 5 años en el Kanpai. ¿Es como su segunda familia?

—Desde siempre, el tatami ha sido mi segunda casa y por supuesto mis compañeros se han convertido en grandes amigos y muchos de ellos en mi segunda familia.

Judoca, entrenadora, presidenta… ¿Qué le falta por hacer en el club?

—Me falta ser árbitro… Es algo que de momento nunca me he planteado.

Suma más de un lustro al frente del club. ¿Sorprende aún ver a una mujer presidiendo un club de judo?

—Al principio, podía sorprender, no por ser un club de judo, sino simplemente por ser un club deportivo. Recuerdo acudir a reuniones y ser la única mujer, pero esto ha cambiado mucho de un tiempo a esta parte y ahora cada vez es más habitual.

Y sobre el tatami, ¿la mujer camina hacia la igualdad?

—En el tatami, una judoca siempre tiene la opción de sentirse mujer… Aprovechar las oportunidades y saber sacar rendimiento de las opciones de hacer judo, tanto con hombres como con mujeres.

A palabras necias, como que el judo pueda ser un deporte de chicos, ¿oídos sordos, la otra mejilla o mamporro dialéctico?

—Oídos sordos siempre. Primero, porque no es cierto; y segundo, porque nunca lo he sentido así. De hecho, en el Kanpai siempre ha habido mucha mujer, tanto alumnas como profesoras.

Dice Howard Gardner que no hay un buen profesional que sea mala persona. ¿Conoce a alguno para contradecirle?

—A veces, conocer más a la gente e intentar comprenderlos pueden cambiar la percepción… ¡pero de todo hay en este mundo!

¿El negocio es la negación del ocio o usted se divierte currando?

—Siempre digo que tengo mucha suerte de tener el trabajo que quiero en el sitio que quiero. Disfruto y me divierto trabajando, aunque eso no quite que a veces esté cansada y necesite desconectar.

Se llegó a hablar durante la pandemia del coronavirus que el judo perdió el 90 por ciento de sus federados al ser un deporte de contacto. ¿Se está recuperando toda esa masa social?

—Sí, la verdad es que la misma velocidad que la prohibición de hacer deporte de contacto motivó la bajada de la práctica deportiva ha tenido la recuperación. De hecho, la misma situación se dio en el Kanpai.

El judo tiene fama de ser uno de los deportes más recomendables para los escolares. ¿Qué valores ayuda a desarrollar?

—El judo ayuda a desarrollar la fuerza, la velocidad, la flexibilidad, la coordinación, los reflejos, la concentración, el equilibrio, la resistencia, la personalidad, la confianza en sí mismo, el autocontrol, el conocimiento del cuerpo… Y no fomenta la agresividad, ya que en sus etapas iniciales carece de golpes y patadas. Además, transmite valores como el respeto, la disciplina, la amistad, la modestia, el honor… Muy importantes para todo ser humano.

¿Ha tenido necesidad de poner en práctica sus habilidades como judoca fuera del tatami, a modo de defensa personal?

—Por fortuna, nunca.

Al margen del judo, en esto del deporte, ¿practica o admira?

—Soy más de practicarlo, aunque, claro está, también admiro a muchos deportistas: Miriam Blasco, Yolanda Soler, Isabel Fernández… Han sido las judocas que admiraba de niña cuando iba al tatami y que de mayor tuve la suerte de conocer.

¿Cuál es la excitación que más le irrita?

—Sobre todo, la hipocresía, la mentira y las injusticias.

Por el contrario, ¿qué es lo que le gusta exprimir hasta la saciedad?

—Mi tiempo libre… Leer, salir a correr, ir a la montaña, estar con mis amigos, con mi familia...

¿Por quién doblan las campanas? Un recuerdo en positivo.

—Las campanas doblan por el que fue mi maestro, José Mari Lacasta. Recuerdo con cariño cuando bajaba a verme impartir mis primeras clases de judo. Se sentaba a pie de tatami a realizar sus estiramientos mientras daba la clase y le preguntaba las dudas que me surgían.

¿Orgullo altoaragonés o cosmopolitismo planetario?

—Me siento muy orgullosa de ser aragonesa y jacetana. Allá donde voy lo proclamo a los cuatro vientos.

¿A quién le daría el premio de gastronomía aragonesa?

—Sin duda, a mi madre.

Si los Reyes de Aragón levantaran la cabeza y vieran el panorama mundial, ¿retornarían a su eterno reposo a la velocidad del rayo?

—No creo. No tardarían en tener coche y móvil.

¿Qué le pide al año 2023?

—Aunque suene tópico, salud para todos.

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