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Una visita muy especial al cementerio de Sariñena

Un recorrido con Joaquín Ruiz, reflejado en el portal Os Monegros, revive el pasado de la ciudad

Una visita muy especial al cementerio de Sariñena
Una visita muy especial al cementerio de Sariñena
M.B.

SARIÑENA.- Una visita al cementerio de Sariñena acompañados de Joaquín Ruiz y recogida en su portal Os Monegros es un reflejo del pasado de la sociedad que ha vivido en Sariñena. "Una vuelta por ahí descubre mucho sobre dónde vives, los panteones y sepulturas son un valioso testimonio de la historia, pues no nos hablan solo de las personas que existieron, sino también del arte que había", explica Ruiz.

En las tumbas se ve reflejado cómo a lo largo de la historia la gente ha valorado la muerte. Antes, con grandes panteones se intentaba demostrar el poder que se tenía en la Tierra, cuanto más ostentosas eran las sepulturas, mejor. Las figuras religiosas, nichos con fotos... Y ahora, el minimalismo se impone como reflejo de cómo la sociedad aleja a la muerte. "Visitar nuestro cementerio es aprender que este "dormitorio de las almas", es un espacio increíble de sabiduría", manifiesta el responsable de Os Monegros.

Fue en 1773 cuando, por medio de la Ley 1ª, tít. iii, lib. i de ley Novísima, se dio orden de construir los cementerios en zonas más salubres, a las afueras, para evitar la vieja costumbre de realizar los enterramientos cerca de las iglesias, en el mismo casco urbano. Así, paulatinamente se fueron construyendo los diferentes cementerios en las ciudades y pueblos de España, siendo en el medio rural donde quizá más tardaron en construirse.

"El cementerio de Sariñena lo conoce bien Faustino Blanco Gari, pues ha trabajado entre sus muros durante muchos años. Faustino cuenta como probablemente fue construido sobre 1870, pues las tumbas más antiguas aparecen a partir de aquel año. El panteón familiar de José Paraled Hurtado tal vez sea el más antiguo, datado en 1902", explica nuestro guía, quien comenta que originalmente tenía en torno a unos 100 metros de largo por unos 75 de ancho, hasta que después de la guerra se amplió por regiones devastadas, alcanzando una dimensión completamente cuadrada de 100m por 100m. En un lateral se construyó una sala de autopsias, ahora almacén y baños. "Faustino recuerda que se abrió el muro norte y se vieron obligados a quitar las tumbas de unas monjas. También hubo otras alteraciones, en el muro sur, cerca del panteón de Paraled-Hurtado, donde había un pequeño recinto con salida independiente al exterior del cementerio; allí se enterraba a las personas que no habían abrazado la fe católica".

Por la esquina sureste había un conjunto de tumbas de la guerra de Cuba (1868-1878), "Faustino aún recuerda un entrante con varias sepulturas, algunas con el apellido Ortiz. Los ataúdes de los de Cuba eran muy buenos -de muy buena madera-, apunta Faustino. Como curiosidad, aparecen registrados Joaquín Ortiz Rivas († 24-04-1870), Joaquín Ortiz Serrano († 5-11-1872) y Arturo Ortiz Rivas († 6-05-1879)".

En el muro Este están las tumbas más antiguas y algunas lápidas se encuentran casi bajo el suelo -la tierra que se ha ido removiendo se ha ido acumulando-. Recorriendo el muro Este, se hallan diferentes personalidades sariñenenses, maestros, notarios, farmacéuticos...

Además de nuestros seres queridos, encontramos personas ilustres como el gran maestro José Gioni Lebetti, que falleció el 9 de octubre de 1953, el médico Nicolás Andión, el maestro nacional Justo Comín o Mosén Pedro, que murió poco antes de comenzar la guerra. También mujeres como La Miguela, Raquel o la miliciana Elisa García Sáez, con su leyenda picada tratando de ser borrada. Hay muchos otros detalles, como dos lápidas de la misma persona o la de mayor edad, fallecida a los 110 años en 1948, Pascuala Vizcarra Vidal.

"La mayoría de los enterramientos son a partir de 1870 y aunque hay lapidas anteriores a la fecha quizá se pueda atribuir a que hubiesen sido removidos de su lugar original", señala Ruiz recordando que en el cuartel noreste se enterraban a los más pequeños, las pobres criaturas que fallecían a pronta edad, algunos a escasos días o meses. Faustino dice que allí enterraban a los más pequeños porque no se podía picar mucho, pronto sale mallacán".

Recientemente se realizó una nueva ampliación hacia el Este del cementerio, se abrió un pasillo, quitando las tumbas de la familia Muro, naturales de Lastanosa que emigraron a Madrid. Lorenzo Muro Arcas fue fundador y director de la Nueva España, el diario del movimiento en el Alto Aragón durante la dictadura franquista.

"También está la sepultura en una fosa común de trece asesinados durante la guerra por elementos republicanos, El paso del tiempo va borrando los nombres, que cada vez se van volviendo más ilegibles y que rescatamos parte de sus historias, episodios duros y trágicos", indica, "a la par hay muchas tumbas del bando republicano de las que se ha perdido su referencia".

Por último, el monumento a los fallecidos del fatídico accidente de autobús en 1987 o el recuerdo a quienes han muerto por la pandemia de la covid-19. "El cementerio va guardando la memoria de Sariñena, de lo más importante, la de su gente, para que en la posteridad siempre sean recordados, sin ser un adiós sino un hasta luego", concluye Ruiz.

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