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Jesús Castiella: Inteligencia con muy buena educación

“Tuve el honor de ser alumno de Rosendo Tello Aina, profesor de Literatura y magnífico poeta aragonés”

Jesús Castiella cuando era niño, en Grañén y en la actualidad posando con algunos de sus trabajos
Jesús Castiella cuando era niño, en Grañén y en la actualidad posando con algunos de sus trabajos
S.E.

La inteligencia no es solo un buen desarrollo de las capacidades cognitivas clásicas, también existe la inteligencia emocional, esa faceta humana que nos afecta en todos los ámbitos de la vida, la lingüística, cuando la persona tiene esa especial sensibilidad al lenguaje oral o escrito, así como la espacial, cuando se destaca en la capacidad de formar e imaginar dibujos de dos o tres dimensiones, diseñar, organizar y son capaces de calcular medidas o volúmenes, la inteligencia matemática o la interpersonal, y seguro que Jesús Castiella Hernández posee más.

Nació en Zaragoza, pero “la circunstancia de mi nacimiento fue algo rocambolesca: a los dos días me llevaron a Huesca y me bautizaron en Ceresuela, un pueblo ahora deshabitado, y cuando pido un certificado de nacimiento, dicen que nací en Sabiñánigo”.

A sus 18 meses llega a Grañén, “donde el maestro Amado Alins convence a mi madre de que podría tener mejor expectativa estudiando”, explica el escritor, poeta, investigador e ilustrador, entre otras facetas, asegurando que no recuerda con exactitud cuándo comenzó su pasión por la literatura. “Si debo fijar una fecha, muy bien pudo ser en torno a 1969, cuando realizando 6.º de Bachiller en el Instituto Ramón y Cajal tuve el honor de ser alumno de Rosendo Tello Aina, profesor de Literatura y magnífico poeta aragonés; siempre he creído que sus enseñanzas y consejos fueron el acicate”, si bien afirma que el dibujo siempre estuvo presente. “No tengo conciencia exacta para precisar desde cuándo. Sí recuerdo que en mis primeros años escolares realizaba títulos y orlas decorativas a mis compañeros de clase”.

Lo que no ha borrado de su mente y aún conserva es un regalo navideño. “Siempre lo veíamos en el escaparate de la tienda El Vinatero, de Grañén, El Super Robot, un juego de mesa con preguntas y respuestas”, explica. “Por fin me lo compraron y ahí descubrí el mundo de la botánica, historia…, es la imagen más impactante que tengo de niño”.

También rememora las calabazas que hacían en noviembre, “para Todos los Santos, las vaciábamos y poníamos dentro una vela, como se hace ahora pero hechas a mano; las poníamos en la zona del castillo o en la fachada del cementerio y el reflejo asustaba a la gente”, ríe Castiella recordando chiquilladas por Grañén.

Nuestro protagonista posee un amplio currículo, imposible de redactar en este espacio, sus colaboraciones literarias, sus extraordinarias ilustraciones o sus magníficos libros forman parte de su vida en conjunto con unos valores humanos innatos, y porque hay cuestiones que tienen que ver con la educación recibida, y Jesús Castiella recibió una muy buena educación. 

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