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María Pilar Villacampa: Una niña feliz y una mujer empoderada

Actualmente vive en Alfaro, pero sigue muy vinculada a su Sariñena natal

María Pilar Villacampa en sendas imágenes de niña y en la actualidad.
María Pilar Villacampa en sendas imágenes de niña y en la actualidad.
S.E.

María Pilar Villacampa Escanero nació en Sariñena, y aunque ahora su residencia está en Alfaro, su infancia y juventud permanecen en la capital monegrina. Es profesora de primaria y secundaria, además de técnico superior en Administración y Finanzas, pero su principal misión ha sido y es la de ser madre de dos bellísimas hijas, y desde hace poco abuela de una encantadora niña.

“Mis primeros recuerdos me llevan a Sariñena y son maravillosos, en mi casa de la calle Soldevila”, aquella gran casa que era el punto de reunión de todos los niños y niñas de las calles del entorno, un espacio muy acogedor que servía para jugar, merendar y disfrutar durante largos ratos.

“Tengo muchos recuerdos de aquella época, y muy felices, de mis amigas, juegos, peñas, cuando fui Dama de Honor en las fiestas de 1978. Quizás por eso, cuando pienso en Sariñena, todo es felicidad y si hubo algún momento menos agradable, sirvió como aprendizaje en la vida”, explica María Pilar, que como muchos niños y niñas pasaba el día jugando a la goma, a la comba, al cuadrado pintando con tizas el suelo de la calle o al escondite… “Guardo amistad con casi todas mis amigas de niñez y de juventud, aunque estoy lejos, continúo teniendo relación”, y rememora alguna trastada típica de la edad: “Era buena, pero nos juntábamos con mis primos, David y Marga, y algún susto dábamos a mis tíos. Nos escondíamos en su casa y su abuela Concha se ponía atacada de los nervios porque no nos encontraba”, ríe, si bien cabe destacar el gran carácter de Concha.

“También era muy normal cuando decía que me iba a la piscina con la bici y, en lugar de eso, las amigas Dorita, Conchi, Elvira… nos íbamos de excursión a Albalatillo”, dice María Pilar, que fue al colegio de las monjas, “La Milagrosa, desde los 4 años hasta 1975. Recuerdo con mucho cariño a todas las amigas, a Sor Catalina, Sor Magdalena, Sor Pilar, Sor Ana María, Sor Felisa y Sor María Jesús, esta última tenía un genio muy fuerte y daba bofetadas. En una ocasión, en clase de labores, por haber hecho mal un punto de cruz, fue a darme una bofetada pero la vi venir, me aparté y le cayó a la que estaba detrás de mí. Nos castigaba por todo. Con los años, pasó de ser compañera de trabajo, los dos cursos que estuve como educadora en la Guardería, y parecía otra persona, más amable y cariñosa”.

De mayor quería se médico, “pero tuve que elegir a los 17 años y entonces me daba mucha aprensión la sangre. Me pena mucho no haber estudiado medicina o enfermería”, manifiesta asegurando que fue un sueño, ”los sueños, sueños son, ahí lo dejo… De lo que más orgullosa estoy es de haber tenido unos padres y hermano maravillosos, que siempre estuvieron conmigo en todo, y ahora de tener 3 grandes amores, mis dos hijas y mi nietita de 19 meses, porque son el motor y quienes dan sentido a mi vida”, una vida en la que ha superado muchos retos, gracias a su tesón, trabajo y superación, porque María Pilar si es un ejemplo de mujer empoderada.

Ha estado vinculada a la música y a la jota -“mis años maravillosos fueron de 1978 a 1983 con Aires Monegrinos, éramos una familia-, y sigue muy unida a su pueblo: “Llevo Sariñena en lo más profundo de mi ser”. 

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