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quién soy

Dora Morales Calvete, la carnicera valiente de Monegros

“Las tardes las dedico a elaborar productos caseros y artesanos, innovando de vez en cuando”, asegura

Una de sus primeras fotos y en la actualidad.
Una de sus primeras fotos y en la actualidad.
S. E.

Dora Morales Calvete es el prototipo de mujer monegrina, luchadora, valiente, muy trabajadora, emprendedora, íntegra y otros muchos calificativos que la definen como una persona con rasmia y comprometida con su pueblo, La Almolda.

Allí tiene su carnicería desde hace casi 30 años. “Era muy pequeña y ayudaba a mi madre y a su prima carnicera a preparar los embutidos de la matacía, por eso cuando se jubiló, en un mes abrí mi carnicería”, explica Dora sobre su negocio, en el que trabaja durante la semana, “si bien, ahora cierro los domingos y lunes, y las tardes las dedico a elaborar productos caseros y artesanos, innovando de vez en cuando”.

Esta mujer que se atreve con todo fue una niña feliz que recorría las calles de su pueblo jugando con su hermano, algo mayor, y con sus amigos. “Era muy chicote, siempre con el pelo corto y rizado, las rodillas señaladas y con mi bocadillo de tortilla de patata, para comerlo por las esquinas de La Almolda”, cuenta la carnicera, que a pesar de compartir aventuras y juegos con los chicos, pasaba horas cosiendo con su madre. “Mi padre falleció en un accidente cuando yo tenía 18 meses, era agricultor y se iban a cosechar a Palencia, en uno de esos viajes, él y su cuñado tuvieron ese fatal desenlace”.

Fue entonces cuando su madre, para ganar unos duros, empezó a coser, “cosíamos postales de sevillanas, aquellas llenas de volantes en sus faldas”, explica Dora, que también le tocaba subir a la sierra en busca de leña, “para calentarnos en invierno”, recordando que cuando llegaba el buen tiempo iban a jugar a los ‘pinetes’, “donde una vez, al abrir el bocadillo de mi merienda lo encontré lleno de hormigas, me dio tanto asco que desde entonces les tengo verdadera fobia”.

Entre sus travesuras más destacables rememora cuando cortó las chaquetas a sus compañeras en el colegio, “siempre me castigaban sin recreo, aquel día, pensé que no era justo, y corte una chaqueta que dejé muy bien puesta para que no se notará, la segunda chaqueta tan solo recibió dos cortes, pero el castigo de mi madre fue como si hubiera cortado todas las chaquetas”, ríe recordando travesuras que solo a ella se le podían ocurrir.

También nos narra cuando los Reyes Magos le trajeron una Nancy, “fue impactante abrir la caja y ver que mi Nancy era negra, con el pelo muy rizado, y las de mis amigas eran todas rubias; pero la cuidé y quise mucho, le hacía vestidos, sombreros y de todo, de piel de conejo, que también cosíamos en casa y curtíamos con sal”.

Asimismo, rememora con gran cariño las meriendas de pascua, “la torteta con chocolate y huevo, que nos comíamos tranquilamente en el cementerio, al lado de la tumba de mi padre, era algo natural y nunca tuvimos ningún trauma por ello”, detalla Dora, que tiene miles de anécdotas de su infancia, vivencias que le enseñaron a ser una apasionada por su pueblo, donde colabora y participa activamente en todos los proyectos que se realizan, porque como dice el alcalde de La Almolda, Manuel Lamenca, “Dora tiene mucha ilusión por su pueblo, apostó por quedarse aquí y valoramos su esfuerzo, tener un comercio que ofrece productos de calidad, innovadores y muy muy ricos, es un gran valor añadido para La Almolda, además de tener a una persona tan encantadora que siempre recibe con una gran sonrisa”.

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