Ribagorza

DOMINGO / COSAS DE CASA

La alfarería resurge entre los vecinos de Benabarre

César Morral se vuelca con algunas actividades y apuesta por un proyecto que reivindica la historia, cultura y tradición de esta labor

César Morral, con las manos en la masa
César Morral, con las manos en la masa
E.F.

Desde hace tres años, Alfarería Benabarre pretende recuperar las raíces de la villa en este oficio, presente hasta los años sesenta, y darlas a conocer como parte de la historia, la cultura y la tradición local. César Morral apostó por este proyecto de reactivación de la alfarería en la capital cultural ribagorzana y, agradecido por el apoyo del Ayuntamiento y los vecinos, se vuelca en la realización de talleres diversos, para niños y adultos, sin abandonar la recuperación de piezas tradicionales o la presencia en ferias o exposiciones.

“Empezamos hace tres años porque yo soy aficionado a la cerámica de siempre y pensé que era el momento. Hace 16 años que veraneo aquí y tengo casa aquí y , después de investigar un poco, vi que tenía que ser en Benabarre”, comentó Morral, apasionado con la historia de la alfarería en la villa ribagorzana. “Descubrí que había habido alfarería artesanal hasta 1962, de la mano de Manuel Guardia y contacté con su sobrino nieto, que conserva una pequeña colección de su trabajo en la propia casa donde tenía el taller. También estuve en Murillo de Tou profundizando en la historia de la alfarería aragonesa y me documenté con libros y otros documentos”, relata.

Los comienzos se enfocaron, sobre todo, a buscar las raíces en las que cimentar el proyecto. “Empecé reproduciendo pequeñas piezas antiguas”, apunta, refiriéndose a “las pichellas”, una de las piezas tradicionales de Aragón, que son un tipo de jarra para vino, generalmente de tres cuartos de litro que presentan una embocadura especial; también la “charra”, un botijo con dos asas, otra “pieza curiosa y típica aragonesa”. Con el tiempo, sentadas las bases de esta iniciativa, profundamente enraizada en el territorio, ha llevado las piezas más modernas al modo artesanal. “He añadido piezas más actuales como boles chinos para fideos o un plato para comer nachos con un espacio para poner la salsa en el centro. Arrancando de ahí, he ido modernizando, haciendo piezas más modernas”.

Alfarería Benabarre cuenta con un horno eléctrico, un torno de pie y otro eléctrico y poco más, lo necesario para trabajar artesanalmente, ya que amasa a mano. En su trabajo por conocer los orígenes alfareros de Benabarre, trabaja también los materiales del entorno. “Recojo tierra de la localidad y hago algunas piezas como se hacían antes. Aunque la mayoría de las piezas son con arcilla industrial, sí trabajo otras de aquí. Hay varias zonas en Benabarre para recoger tierra y he probado varias que me han ido diciendo los vecinos más mayores. Hay canteras perdidas que se ha comido la maleza, pero en otras he logrado arcilla de bastante calidad, con un aspecto antiguo”, explica.

Desde su pequeño taller en la calle Hospital, este alfarero trabaja y vende sus piezas directamente. “También vendo por encargo, pero no por internet. No lo veo claro con los envíos, me echa para atrás el riesgo que tiene. Me interesa más vender la experiencia. Prefiero acercar a la gente aquí que llevar fuera la alfarería de Benabarre y aprovecho el turismo para, a través de la alfarería, acercarlos al aspecto cultural, etnográfico y artesanal de Benabarre”.

Fachada de Alfarería Benabarre
Fachada de Alfarería Benabarre
E.F.

En este sentido, está volcado en la realización de talleres dirigidos a públicos diferentes y con planteamientos variados. “He hecho talleres este verano para niños, de 1 o 2 sesiones. También talleres de un día en Benabarre para adultos, familias, parejas o grupos de un máximo de 4 personas para aprender las técnicas básicas y la tradición y con comida incluida, en coordinación con los restaurantes locales”.

El proyecto más próximo, de cara a este otoño, es concretar la propuesta de taller integral, realizando todo el proceso en Benabarre: recoger la arcilla, aprender a trabajarla, conocer la localidad, etcétera. “Los proyectos más inmediatos son los talleres. Enfocados en pulir la experiencia de un día, la de dos, sábado y domingo, espero que esté en marcha este otoño”, avanza.

Paralelamente, han participado en proyectos como el del Ayuntamiento en la biblioteca municipal “Biblioteca Humana”, en el que se daban a conocer oficios tradicionales. “Estamos abiertos a realizar exposiciones como la instalada en la biblioteca cuando se hizo el taller. A los chavales les hizo mucha gracia y les llamaron la atención piezas en desuso como el orinal. No me enorgullezco, pero he tenido pedidos de orinales desde entonces, como cosa curiosa”, bromea Morral.

Las ferias son importantes para dar a conocer el trabajo de los artesanos, pero en su caso, no son fundamentales. “La Fira de Sant Medardo es la única en la que hemos estado este año. El anterior estuvimos en Puente de Montañana y Aínsa. Ayudan a dar visibilidad porque yo creo que la artesanía despierta cada vez más curiosidad, pero no son prioritarias para nosotros”, confiesa, satisfecho con la acogida después de estos tres años, la colaboración de Benabarre y la buena respuesta de los visitantes. 

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