Ribagorza

EMPRENDIMIENTO

Nace Casa Ramonet para un consumo responsable con el medioambiente

Martina Gilmartín, benasquesa de 21 años, ha creado este comercio cuya filosofía se basa en el respeto al planeta y hacia las personas

Martina Gilmartín en Casa Ramonet, ubicada en Benasque.
Martina Gilmartín en Casa Ramonet, ubicada en Benasque.
S.E.

Martina Gilmartín abrió su tienda en Benasque hace un año y medio y está encantada con la excelente acogida que ha tenido, primero entre los propios vecinos, que la apoyaron tras la inauguración en un época de implacables cierres perimetrales, y ahora también entre los visitantes que valoran los productos que ofrece en alimentación, droguería y cosmética, siempre respetuosos con el planeta. Casa Ramonet, en pleno casco urbano de Benasque, es un proyecto que supera lo comercial y se basa en la filosofía vital de la joven propietaria que, a sus 21 años, resume la filosofía de su negocio en tres pilares básicos. “El respeto al planeta y las personas; la calidad, aunque si compras a gente respetuosa también suele respetar la calidad del producto; y la circularidad, asegurándote que la compra no genere más desperdicio que compra”.

“Empecé en junio de 2020, después de viajar bastante y ver cómo estábamos tratando el planeta. Vi en algunos sitios cómo cuidaban el planeta más que aquí, en el norte de Europa, por ejemplo, con rutinas como la venta a granel, y otros en los que no. En la India, me di cuenta de la basura que se genera o en Camboya, donde colaboré en la limpieza de una playa llena de basura”, recuerda esta joven benasquesa que, una vez terminados sus estudios de secundaria optó por trabajar en el extranjero, viajar y nutrirse de experiencias vitales. “Cuando acabé el Bachillerato, me fui al extranjero porque los salarios eran más altos y así podía viajar. Estuve trabajando en Irlanda, donde tengo familia, y ya había vivido un año entero. Después de recorrer varios países, volví y empecé a trabajar y estudiar a distancia para seguir viajando. Ahora, continúo con los estudios superiores, mientras estoy con la tienda”, relata esta joven inquieta.

Martina Gilmartín fraguó su decisión de abrir la tienda, en un local alquilado ubicado entre la plaza del Ayuntamiento de Benasque y el Palacio de los Condes de Ribagorza, antes de la crisis sanitaria. Las nuevas circunstancias no frenaron el proyecto. “Ya lo había decidido antes del confinamiento, así que seguí. Es verdad que se retrasó un mes porque no pude hacer la reforma con el cierre, pero no me planteé desistir”, asegura.

La filosofía de la tienda, sobre todo de alimentación, droguería y cosmética, pivota sobre el respeto hacia el planeta, engarzando con la de su propia vida. “Los recursos que la Tierra genera en un año, los hemos consumido ya para julio o agosto y yo creo que hay otras opciones, otras maneras de hacer las cosas”, dice, recordando por qué se decantó por la alimentación. “Comer es algo que hacemos todos los días y, si implementamos cambios en nuestras rutinas, pueden ser fructíferos. Por ejemplo, reduciendo el consumo de carne, no utilizando plásticos o comprando a granel”, explica.

La calidad y la proximidad de los productos de su establecimiento son otras de las premisas de Martina Gilmartín. “Siempre que puedo son cosas de cerca. Claro, hay productos como la quinoa que no se plantan en España, vienen de Perú, pero siempre me aseguro de que sean cultivos con condiciones labores éticas. Me alegra comer de todo el mundo, porque estamos más sanos dietas variadas, pero siempre garantizando las condiciones del empleo”, expresa.

Respecto a si este tipo de producción encarece el resultado, es contundente. “No tiene que ser más caro porque se está reduciendo en envases. Pero lo caro o lo barato depende. Para mí, es caro que para que yo coma chocolate lo esté recogiendo un niño, así que prefiero que sea de comercio justo, no es una cuestión de precio”, defiende.

Respecto a los productos de la zona, destaca varios consolidados en su establecimiento y confiesa que sigue buscando nuevas incorporaciones. “Me gustan especialmente los Jabones de El Remós, porque además es una iniciativa genial; las Mermeladas de Cerler, los aceites esenciales de Berbegal, los Chocolates la Ofrenda de Panillo, etcétera”, enumera, mientras avanza inquietudes en este sentido. “Me gustaría producir algunas cosas. Nuestras abuelas fregaban con plantas del valle y me gustaría volver a eso. Todo lo que hacemos diariamente tiene impacto en el planeta y hay que intentar reducirlo”, insiste. “Me interesa sobre todo la cercanía. Estoy abierta a otros productos, especialmente próximos”.

Muy agradecida por la acogida, hace un guiño especial a sus vecinos del valle. “Los clientes han estado muy ‘guay’. El invierno pasado, estuvo la provincia cerrada y me mantuve abierta gracias a la gente del pueblo que venía a comprar. Además, los emprendedores en pandemia nos hemos quedado sin ayudas porque no podíamos justificar la reducción de ingresos comparándola con periodos anteriores porque no los había”, lamenta en ese sentido, aunque incidiendo en el agradecimiento. “Estoy muy contenta de haberlo hecho y quiero hacer llegar ese agradecimiento a la gente de la zona porque sin ellos en la tienda, habría tenido que cerrar. Han venido y han consumido local”, valora, ahora también contenta con los de fuera. “Que la gente de fuera haya encontrado calidad me gusta”, apunta orgullosa.

Martina Gilmartín intengra sus principios de respeto al planeta y las personas, calidad y circularidad a todo el proyecto. “La bolsita de papel para la comida se cobra a 5 céntimos y la gente la utiliza hasta que se rompe”, comenta, lamentando que falta sensibilidad con el planeta. “Hay gente joven que no está en el punto en el que debía estar en general y gente mayor que sí y al revés. Creo que no depende de los años sino de la información que les ha llegado. Se han hecho muchas campañas basadas en el miedo y así no se acaba de asimilar. Habría que ser más objetivos, definir qué es lo que pasa y dar soluciones porque plantear la situación desde el miedo puede bloquear. Habría que ser más constructivos”, considera.

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