Ribagorza

COSAS DE CASA

Espacio Pirineos rinde un homenaje a Castarlenas

Varias piezas de la portada renacentista plateresca de la iglesia de la localidad se exhiben en Graus

Castarlenas.
Castarlenas.
Esther Naval

Castarlenas. Memoria en piedra es el título de la exposición de producción propia de Espacio Pirineos con la que el Ayuntamiento de Graus rinde homenaje al patrimonio del despoblado grausino de Castarlenas y del resto de núcleos abandonados del municipio. Cofinanciada por la Diputación Provincial de Huesca y comisariada por Elena Nogarol, la exposición presenta, en las cuatro capillas de la nave central de Espacio Pirineos, varias piezas de la portada renacentista plateresca de la iglesia de Castarlenas, ‘leit motiv’ e imagen de la exposición, trasladada íntegramente a Espacio Pirineos y que, a corto plazo, se espera reconstruir en el interior de este centro cultural. Además, se completa con varios paneles informativos y fotografías, junto a interesante material audiovisual de tipo técnico y etnográfico extraído de sus últimos pobladores. Desde su inauguración el pasado 11 de marzo, la muestra ha recibido más de 300 visitantes, por lo que, dado el interés, la fecha prevista de cierre de la muestra podría posponerse.

El pueblo de Castarlenas, situado a más de 700 metros de altitud en lo alto de un cerro dominando el valle del Sarrón, entre las sierras de Laguarres y Carrodilla, constituye un emplazamiento plenamente defensivo, desde donde se podía divisar una gran amplitud de terreno con una posición plenamente estratégica de sentido defensivo y control del territorio. El topónimo Castarlenas viene del latín Castrum y la palabra lena, que significa losa o piedra plana. Su primera mención, se halla en 1078 donde se denomina Kasterlenas, o castillo de losas, con un sentido plenamente defensivo. Estas alusiones nos llevan a sus orígenes en el año 1078, cuando el rey de Aragón Sancho Ramírez, en plena expansión del reino cristiano frente a los musulmanes, extendía una carta de población a favor de Gombal Ramón para que lo repoblase y construyese un castillo, del cual no quedan restos visibles, aunque su posible emplazamiento sería en la parte alta del pueblo cerca del espacio ocupado por la iglesia renacentista levantada posiblemente sobre su anterior iglesia románica.

Portada renacentista plateresca de la iglesia.
Portada renacentista plateresca de la iglesia.
Esther Naval

Eclesiásticamente, estuvo vinculado a Roda de Isábena hasta el año 1149, cuando pasó a depender de Lérida. Finalmente en el año 1571 se incorporó a la diócesis de Barbastro. Los documentos catedráticos nos aportan gran información acerca de los cultivos, las propiedades o la posición social de los fieles. Castarlenas. En el siglo XVI la economía se realza en todo Aragón al mismo tiempo que lo hace también la demografía, lo que da lugar a la ampliación de muchas iglesias ya existentes o a la construcción de otras nuevas. Los pueblos pertenecientes a la Baronía de Castro participan también de esta bonanza que se refleja artísticamente en las formas. La iglesia de Castarlenas destaca de forma especial por su portada plenamente renacentista, con acceso a través de arco de medio punto decorado por una sucesión de cabecitas aladas, ovas y motivos vegetales. El intradós también aparece decorado con motivos vegetales a lo largo de toda una serie de placas rectangulares, a excepción de la central, la clave, donde se representan dos llaves cruzadas, emblema de San Pedro Apóstol, santo titular de la iglesia.

Dos columnas acanaladas se apoyan sobre basamentos de sección cuadrangular rematadas por capitel corintio decorado con hojas de acanto y volutas poco desarrolladas en ángulos y frentes. Sobre estas columnas se apoya un arquitrabe de tres bandas escalonadas y friso, con la leyenda “FIUCTUARI POTEST NAUI CUIA”, que se remata con cornisa decorada con ovas y dardos, comparable con la de la Basílica de la Virgen de la Peña en Graus. Por otra parte, estos angelotes los volvemos a encontrar en la iglesia de la Asunción, en la localidad próxima de Torres del Obispo, en su portada también renacentista.

La advocación de la iglesia parroquial a San Pedro Apóstol figura en su emblema que aparece en la clave, en el intradós del arco, con la representación de dos llaves cruzadas entre sí, atributo que lo identifica como guardián de las llaves del Reino de los Cielos. La imagen de San Pedro se encontraba originalmente en la parte superior de la portada de la iglesia, dentro de una hornacina venerada, de la que hoy vemos el hueco que ocupaba, ya que en la actualidad se encuentra en la parroquial de Torres del Obispo.

La portada se ha salvado con su traslado a Espacio Pirineos, pero la iglesia de San Pedro de Castarlenas amenaza ruina, tras cincuenta años de abandono que hacen peligrar sus cinco siglos de historia. Desde esta exposición que sirve para conocer un poco más el sentido de la magnífica portada de la iglesia de Castarlenas en su contexto histórico-artístico, se pide colaboración para que, en la mayor brevedad posible, estas piezas que hoy vemos fuera de su lugar, como si se tratara de enormes piezas de un puzle, puedan ser recuperadas. La muestra incluye una magnífica reproducción del artista Jorge Valero que, realizada en serie limitada, se destinará también a esta iniciativa de recuperación.

Castarlenas vivió épocas de gran esplendor gracias principalmente a la elaboración de aceite, algo de vino y de ganado, que bastaban para una producción autosuficiente y algo de intercambio con otros productos de las localidades próximas. En 1910, contaba con 30 casas habitadas y 131 habitantes censados. En los años 70, sus habitantes fueron abandonando el pueblo en busca de unas mejores condiciones de vida, pues este lugar no llegó a tener luz eléctrica. Tampoco tuvieron nunca carretera, por lo que la dureza de vida del lugar hizo que sus habitantes emigraran a otros pueblos vecinos como Torres del Obispo, Graus o incluso Barcelona.

Hoy en día el aspecto que presenta es el del más absoluto abandono, el casco urbano, de origen medieval, se encuentra bastante derruido, la vegetación ha ganado el terreno y apenas se distingue el trazado de sus calles, que aparece difuminado entre los derribos de sus casas. Los diferentes elementos arquitectónicos han quedado al aire, dejando entrever una amalgama de materiales que se mezclan conforme va avanzando el tiempo: piedra, adobe, ladrillo, o incluso restos de cerámica que son aprovechados para levantar los muros. La belleza del entorno, los restos de sus casas abandonadas nos cuentan historias pasadas; son escasos los muros que quedan en pie pero mucho lo que cuentan de este lugar con sus casas de buena factura e importantes dimensiones, ricas económicamente y ricas en vivencias. 

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