Sobrarbe

#contraladespoblación

Y se unieron con el primer rayo del invierno que atraviesa el túnel de Usana

Este barrio de Banastón, en el municipio de Aínsa, ha duplicado su población en dos décadas e incluso ha ganado vecinos en la pandemia

El guía de barrancos Javier López y la periodista Cristina Aibar llegaron a Usana hace cinco años
El guía de barrancos Javier López y la periodista Cristina Aibar llegaron a Usana hace cinco años
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Una historia de amor loco”, que unió en Barcelona a una costarriqueña y un holandés, crece en Usana, con su hijo pequeño. Cerca, una periodista madrileña que el primer día que puso un pie allí pensó: “¡adónde me has traído!”, y que ya no se quiere ir. Juntos han creado ‘Vivir en Usana’, un proyecto que nació por la “curiosidad” de investigar sobre el lugar: este barrio de Banastón, en el municipio de Aínsa-Sobrarbe. Pero que es todo un canto a la vida rural y una excusa para “crear una comunidad” que crece año tras año.

En dos décadas, la población de Usana, a poco más de dos kilómetros de la villa de Aínsa, se ha duplicado y ha pasado de unos 20 a unos 40 habitantes, según explican ellos mismos. En parte, ha contribuido al crecimiento de población que ha experimentado el municipio de Aínsa-Sobrarbe. Es precisamente uno de los que ha aumentado población durante la pandemia. En Usana, se ha instalado una familia que ya tenía segura residencia y que ahora teletrabaja desde allí. El alcalde, Enrique Pueyo, explicó el aumento de 52 vecinos entre noviembre y marzo, por la llegada de profesionales autónomos de entre 25 y 40 años en busca de una vida más tranquila. Y la posibilidad de teletrabajar, por la implantación de la fibra, lo ha permitido.

El proyecto ‘Vivir en Usana’ surgió durante la pandemia, en un momento de encierro en el que le brotaron las preguntas a la costarriquense Marcela Xirinachs. “Marce se puso a buscar en internet y no encontró nada de Usana. Quería recabar información, pero lo enfocaba más desde una perspectiva histórica y cuando me dijo que si me quería unir al proyecto, le busqué el enfoque más periodístico”, comenta la periodista Cristina Aibar. Propuso entrevistar a los vecinos y hacer reportajes y contarlo en una página web. Ahí es donde participa el marido de Marce, Jeroen Spoelstra. Los dos son diseñadores y trabajan desde Usana para otros países. Comenzaron a planificar las publicaciones en redes sociales, que comenzaron en julio, y desde noviembre en la web. Ahora, han lanzado una campaña en redes para mostrar la vida en el medio rural.

Marcela Xirinachs y Jeroen Spoelstra con su hijo Oliver, en este barrio de Banastón (Aínsa-Sobrarbe).
Marcela Xirinachs y Jeroen Spoelstra con su hijo Oliver, en este barrio de Banastón (Aínsa-Sobrarbe).
Cristina Aibar

“Empezamos por ir a la biblioteca y a preguntarles cosas a los vecinos; y al final ha sido la excusa para motivarnos a conocernos todos y a buscar la integración”, detalla Cristina Aibar. Ella misma admite que llevaba cinco años viviendo allí, pero que apenas tenía contacto con los vecinos, entre otras cosas porque trabajaba en la hostelería. “Está saliendo muy bien y la gente está encantada”, comenta acerca de la iniciativa.

Con todo, no pierden de vista su objetivo de crear un fondo documental online de Usana, donde poder consultar información histórica, patrimonio, tradiciones... Ahora proyectan la publicación de los ‘tracks’ de los caminos de Usana. “Queremos servir de recurso para los turistas y crear comunidad”, recalca.

Pepita Senz llegó hace unos veinte años a Usana, de donde eran los antepasados de su marido, Benito Buetas, que nació en Aínsa y emigró a Francia. En el departamento de Gers es donde se conocieron, porque ella, aunque de ascendencia ribagorzana, había emigrado de niña al país vecino.

Se instalaron en Arreau, localidad del sur de Francia de la que su marido fue alcalde durante 16 años, y que está hermanada con Aínsa. De hecho, fue el impulsor de este acuerdo. Usana fue el lugar elegido por ambos para la jubilación y donde ahora, tras el fallecimiento de Benito hace años, Pepita sigue disfrutando en su huerto o de sus paseos por el entorno. Pero desde entonces muchas casas se han arreglado y muchas cosas han cambiado.

“Hay casi el doble de vecinos que cuando vinimos, más juventud y niños y esto es una alegría”, explica. Además, “estas chicas han sabido poner a este pueblo en su sitio y darlo a conocer”, comenta Pepita con ilusión, la misma con la que su marido disfrutó del pueblo. Solo echa en falta que se han perdido los rebaños de ovejas y el sonido de sus esquilas.

Entonces Lourdes Lanau era una niña, que se criaba con sus dos hermanos y otros dos vecinos más. Algunas de esas ovejas que Pepita recuerda eran las de su casa. Es de las vecinas de las casas que nunca han cerrado la puerta y que hoy las tiene abiertas para el turismo rural con varios apartamentos. “Estamos muy contentos con que venga gente de fuera y que les guste estar aquí”, asegura, mientras pone en valor el trabajo de Marcela, Jeroen y Cristina para dinamizar la vida en el pueblo.

Lourdes Lanau es una de las vecinas de las familias que han vivido siempre en Usana y que ofrece apartamentos de turismo rural.
Lourdes Lanau es una de las vecinas de las familias que han vivido siempre en Usana y que ofrece apartamentos de turismo rural.
Cristina Aibar

En este tiempo, y siempre con las restricciones marcadas por la pandemia, han propuesto actividades. Por ejemplo, el fin de semana pasado fueron de excursión al barranco de Usana, porque les dijeron que antiguamente en una caseta el herrero iba a afilar los cuchillos, y ahora quieren hacer un ‘vecinal’ para limpiar la senda. Por Santa Águeda, dado que no se podía celebrar, apostaron por dejar una vela en cada casa con este mensaje: “No habrá hoguera esta noche pero sí una luz de esperanza encendida en cada casa de Usana: por las hogueras, las comilonas, los brindis bajo las estrellas y las fiestas que están por venir”. En Navidad, organizaron un taller para que cada casa tuviera un árbol.

Taller de árboles de Navidad que realizaron con los niños de la localidad, que habitualmente están por ahí unos seis.
Taller de árboles de Navidad que realizaron con los niños de la localidad, que habitualmente están por ahí unos seis.
Cristina Aibar

Además, alguna vez han llamado para pedir desayuno a la ‘KoffeCleta’, la cafetería en bicicleta que recorre las calles de Aínsa para ofrecer un café de calidad. Ahora, cuando la situación lo permita, quieren convertirlo en una cita mensual. El Ayuntamiento de Aínsa ha apoyado el proyecto con una subvención a la Asociación Cultural de Amigos y Vecinos de Banastón, apuntan.

Pero la investigación no cesa. Cuando la desescalada, Marce descubrió la fuente de Usana, Cristina no daba crédito al enterarse de que a principios de los años 90 no había agua corriente en las casas, ni línea telefónica. “Al ser de Madrid, me llamó mucho la atención. Hay mucha diferencia de cuándo llegan los servicios a las cabeceras de comarca y al resto. Y pensé que qué voluntad de decir: ‘Me quedo a vivir en mi pueblo’. Es digno de elogio. Si no hubiera sido por la gente que apostó por quedarse y empezó a rehabilitar casas, nosotras no hubiéramos venido a vivir aquí. Al final es una cadena”, comenta.

Cristina llegó allí porque su pareja, Javier López, se desplazaba cada verano para hacer la temporada de barrancos. Como se quedó sin trabajo en Madrid, decidió hacer las maletas y comenzaron a vivir en Aínsa, en una casa que les dejaba la dueña de la pizzería donde trabajaba. “Tengo que confesar que cuando llegué a Usana fue bastante impactante. Desde el desvío casi no había ni luz, estábamos en medio de la nada”, dice. Pero ya no se quieren ir y eso que admite que no es fácil ni encontrar vivienda ni trabajo. Ahora, Javier combina el trabajo invernal como técnico deportivo comarcal con el trabajo de guía en verano. Cristina ha perseguido su sueño y trabaja como periodista autónoma en la zona y para empresas de fuera.

"Tengo que confesar que cuando llegué a Usana fue bastante impactante"

A Marcela y Jeroen fue la Enduro World Series de 2015, que siguió este último en remoto, lo que le llevó a querer descubrir Zona Zero Sobrarbe con su bicicleta de montaña. “Y algo se nos quedó ahí”, comenta Marcela. Como no pudieron ir a vivir a Holanda por problemas burocráticos, se instalaron en Usana, donde les gustaría levantar su propia casa. Una de las claves de la llegada de nuevos vecinos es que hay casas y apartamentos en alquiler.

Y en sus investigaciones... alguien les habló de que el primer rayo de luz del solsticio se colaba y atravesaba todo el túnel de Usana. Allí fueron Cristina y Marcela en verano, porque lo habían leído en una web, a la espera de ver el fenómeno, y se dieron cuenta de que el sol iba demasiado alto como para entrar. Volvieron con el primer rayo del solsticio de invierno, entonces con los vecinos, y “fue todo un acontecimiento, muy emocionante”. La magia de la unión. 

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