Sobrarbe

COLABORA: CAJA RURAL DE ARAGÓN

Francisco José Mingarro: “A los pueblos de montaña hay que facilitarles las cosas, se ha avanzado pero aún queda”

#CONTRALADESPOBLACIÓN

Francisco José Mingarro
Francisco José Mingarro.
Caja Rural de Aragón

Destino: un pueblo de montaña. ¿Casualidad o elección?

— Elección. Desde hace catorce años vivo con mi familia en Sabiñánigo. Gracias a Caja Rural de Aragón pude afianzarme en la localidad que me vio nacer y crecer. Desde aquí me desplazo a gestionar las oficinas de Broto, Torla y Fiscal, ayudando a las personas e iniciativas del Valle de Broto.

¿Se planteaba el medio rural como opción cuando estudiaba o pensaba en trabajar?

—No. Con 18 años salí a estudiar la carrera a Huesca y terminé trabajando en Zaragoza; no contaba con volver. El cambio tecnológico que se ha vivido, y en especial durante la reciente crisis de la covid-19, ha provocado que todos los servicios de una gran ciudad se encuentren a un ‘clic’ y podamos asesorar desde pequeñas localidades.

¿Qué aliciente tiene vivir en un lugar como Sabiñánigo?

—Sabiñánigo tiene una larga tradición industrial a la que se añade un menor peso del sector turístico. Con la inauguración de la carretera Yebra de Basa- Fiscal, se abrió otra puerta de acceso al Valle de Broto, Parque Nacional de Ordesa,... lo que ayudó a crear un mayor flujo de gente entre el Alto Gállego y Sobrarbe. En Sabiñánigo yo y mi familia tenemos todo lo que necesitamos para desarrollarnos.

¿Cree que hay oportunidades de desarrollo?

—La inversión en infraestructuras, comunicaciones, etc. ayuda a aprovechar esas oportunidades. El ejemplo más cercano, hace escasos días, y tras un camino lleno de dificultades, lo vemos en Fiscal. En esa localidad se ha inaugurado una tirolina por parte de un empresario de la zona. No podemos olvidarnos de la ganadería y resto de actividades turísticas como casas rurales, restaurantes y hoteles.

¿Cuál es el papel de Caja Rural de Aragón para impulsar ese desarrollo?

—Desde Caja Rural intentamos adaptarnos a las necesidades e inquietudes de nuestros clientes, asesorándolos, acompañándolos; siempre poniendo en valor la sencillez, colaboración, entusiasmo y cercanía que nos definen. Nos gusta comprometernos con sus proyectos y ayudarles colaborando en la evolución del territorio y en el crecimiento poblacional.

¿Qué necesidades le plantean los emprendedores?

—Principalmente solicitan líneas de financiación, acceso a medios de pago (TPV y tarjetas), banca electrónica, seguros. Todo desde la perspectiva de las nuevas tecnologías, que veían como algo lejano y que está ya presente en su día a día. Desde Caja Rural de Aragón les facilitamos todo un amplio abanico de posibilidades digitales, sin perder la cercanía y asesoramiento que nos caracterizan.

“Es necesario impulsar una fiscalidad diferenciadora para mantener la vida en estos lugares”

Cuando la suya es una de las pocas puertas abiertas en un pueblo, ¿qué supone?

—Supone una puerta al optimismo, al crecimiento y desarrollo del Valle. Hemos estado en el pasado, estamos en el presente y seguiremos estando en el futuro colaborando para que cada vez haya más personas interesadas en vivir en este maravilloso entorno. En el invierno, te conviertes en un vecino más. Para muchos clientes, sobre todo gente mayor, eres su gestor personal para ayudarle a resolver cualquier problema. En verano, cambia todo, los pueblos recobran vida con los turistas y vecinos que viven fuera.

Con todo, ¿su trabajo va más allá de la oficina?

—Sí, de puertas para fuera soy la imagen de la Caja Rural. Esa cercanía, sencillez, colaboración que enarbolan los valores del Grupo los haces propios trasmitiéndolos en tu día a día.

¿Qué echa en falta en los pueblos de montaña?

—A los pueblos de montaña hay que ponerles las cosas fáciles. Hay una brecha digital y de servicios que es necesario reducir. Mejorar comunicaciones. Planes específicos de empleo e incentivos que ayuden a esas personas interesadas en desarrollar proyectos personales y laborales en zonas de montaña. Se ha avanzado mucho. Tanto desde la Diputación Provincial de Huesca como desde el Gobierno de Aragón se ha realizado un buen trabajo pero todavía queda camino por recorrer.

¿Necesitan un apoyo especial?

—Sin lugar a dudas. Vemos casos de localidades en las que gracias a la llegada de familias con niños han logrado mantener la escuela o evitar el cierre del bar del pueblo. Es necesario impulsar una fiscalidad diferenciadora o atractiva para mantener la vida en estos lugares y como comentábamos antes, facilitar las cosas en un territorio de características peculiares.

¿Ha cambiado su percepción?

—Desde el primer momento me sentí acogido en todas las localidades donde la Caja Rural de Aragón tenía oficina. En ningún momento te sientes extraño. Se desarrolla una confianza con los vecinos. Te hacen partícipe de sus alegrías, sus tristezas, sus preocupaciones… Solo tengo palabras de agradecimiento. Gracias a su trabajo con Caja Rural de Aragón hacen posible que sigamos teniendo abierta esa puerta al optimismo y que yo pueda ver cumplido mi sueño de vivir en el Alto Gállego.

“La pandemia nos ha enseñado que desde los pueblos, con los medios adecuados, todo es posible”

¿Cree que hay una visión distorsionada del medio rural?

—La vida en el medio rural es dura, aunque llena de satisfacciones. Hay servicios para los que hay que desplazarse y las comunicaciones no son todo lo deseablemente buenas, sin embargo, tienes otros aspectos que te llenan interiormente. Yo la veo mucho más positiva y con más oportunidades.

¿Los pueblos han ganado puntos con la pandemia?

—Sí. No solo los de montaña. Hubo gente que después del confinamiento buscó una continuidad del teletrabajo o el desarrollo de nuevos proyectos desde lugares donde no existiese una gran masificación. La búsqueda de viviendas que dispusiesen de zonas verdes o amplias terrazas se ha visto acrecentada. Ahora el medio rural es también sinónimo de salud y calidad de vida.

¿Cree que la Caja es uno de los agentes que puede contribuir a revertir la tendencia?

—El origen de la Caja Rural se encuentra en el territorio. Nacimos en él. Apostamos por llegar a dar servicio a todas las localidades de la zona sacrificando una parte de la rentabilidad económica por la rentabilidad social que supone estar físicamente cerca de ellos. La pandemia nos ha enseñado muchas lecciones y una de ellas ha sido que, desde los pueblos, con los medios adecuados, todo es posible. Desde Caja Rural de Aragón trabajamos para generar un futuro mejor en nuestros pueblos. Es nuestro compromiso. 

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