Sobrarbe

SOBRARBE - COSAS DE CASA

Del ingeniero que abrió camino a un pueblo casi entero de universitarios

El Pueyo de Araguás, de poco más de 30 vecinos, tiene un alto porcentaje de titulados en las dos últimas generaciones

Arriba, de izquierda a derecha, José Antonio Coronas (Ingeniero de Caminos), Elisa Lafuerza Coronas (Matemáticas), Chorche Díaz (profesor del IES Sobrarbe), Esther Garijo (Magisterio), Mercedes Mata (Empresariales), Angelines Coronas (Filosofía y Letras), Conchi Coronas (Enfermería), Lourdes Coronas (Empresariales) y Lola Coronas (Enfermería). Abajo, Ramón Buetas Coronas (Periodismo y Derecho), José Ramón Lafuerza (alcalde, que estudió Ingeniería Civil), Luis Buetas Campo (Ingeniero Agrónomo), Iago Buetas Mata (acabará este año Ingeniería Mecánica), Marcos Buetas Mata (2ª de Físicas), Asun Mata (empresariales) y Quino Coronas (Arquitectura).
De sus 32 vecinos 18 han pasado por la universidad.
E.Puértolas

Francisco Coronas abrió un camino en 1973, cuando marchó a Madrid a estudiar en la universidad, que siguió después su hermano y muchos otros de El Pueyo de Araguás, un pueblo de 32 vecinos ahora, del que 18 que han pasado por la facultad. Este Ingeniero de Caminos, de 66 años y recientemente jubilado, ha trabajado en las obras del AVE a Galicia y Extremadura, ya que ha sido director territorial de OHL en Madrid. Califica su vida laboral de “muy gratificante”, pero no olvida el disgusto que le dio a su abuelo. “Va a ser la ruina de esta casa”, le dijo, porque era el mayor de seis hermanos y heredero universal, como en toda casa montañesa.

Fue por empeño del mosén y de su padre, quien cuando era pequeño le llevaba a ver la obra de la presa de Mediano, que le fascinó. Su hermano el segundo, José Antonio Coronas, director de proyectos de Acuaes en Zaragoza, siguió sus pasos y también se fue a estudiar Ingeniería de Caminos a Madrid. “Mis padres estaban encantados de ver que sus hijos estaban allí, porque les costaba mucho esfuerzo económico, aunque tuviéramos becas”, comenta. “En verano, estudiáramos o no, todos a ayudar. Cosechábamos y empacábamos en sociedad, las máquinas eran del pueblo, y lo hacíamos los jóvenes”, recuerda. Pero no todo estaba perdido para el abuelo. El tercer hermano, Joaquín, se quedó en casa. Su hermana Conchi, en este caso por empeño de la madre, estudió Enfermería, como Lola Coronas. Mercedes Mata, Asun Mata y Lourdes Coronas estudiaron Empresariales y Angelines Coronas, Filosofía y Letras.

Las familias, con escasos recursos, y con mucho esfuerzo y sacrificio, apostaron por la formación de sus hijos. La consigna era clara: “Trabajo y humildad hasta el final”, dicen. Los universitarios, de muy diversas disciplinas, coinciden ahora en que pudieron estudiar gracias a que en las siete casas de las que salieron todos (Lueza, Salvador, Dueso, Pueyo, Martín, Coronas y Polito) se quedaron otros hermanos para mantener la agricultura y el rico patrimonio. José Ramón Lafuerza, el alcalde, comenzó a estudiar Ingeniería Civil, pero tuvo que volver a tomar las riendas del patrimonio por un accidente de su padre. Además, hay una ganadería emergente en la que trabaja el joven Ingeniero Agrónomo Luis Buetas, que renunció a otras posibilidades para hacerse cargo del negocio familiar y ahora maneja toda la explotación con un programa en su móvil y controla a las vacas por GPS.

Entre las más jóvenes se encuentra Elisa Lafuerza, recién graduada en Matemáticas, que inicia ahora en Madrid un Máster en Big Data y Data Science. “Me gusta mucho vivir aquí y ahora más desde la pandemia, porque antes no lo valoraba tanto. Se está quedando mucha gente joven y con el teletrabajo es más fácil poder volver”, indica esta brillante estudiante.

También estudia fuera Marcos Buetas Mata, en 2º de Físicas, que no tiene claro si tendrá oportunidades de trabajo en Sobrarbe, comarca que le premió por estar entre los alumnos con mejores notas del instituto. A su hermano Iago, en 4º de Ingeniería Mecánica, sí le gustaría asentarse en El Pueyo más que en una ciudad. Ahora, Ana Bergua Mata, de 16 años, se ha marchado a estudiar a EE. UU. El camino al extranjero lo abrió hace unas décadas el periodista Ramón Buetas, que aprovechaba para pasar temporadas en casa de la familia en París para completar sus estudios.

La visión cultural y universal del pueblo quizá deriva de que fuera un lugar de paso y parada hacia el monasterio de San Victorián. En algunas casas, disponían de capilla con cuadros impropios para la época. Quienes allí se quedaban mantuvieron un rico patrimonio y recuperaron el casco histórico. Así lo hizo, con sus propias manos, el exalcalde Jesús Buetas. Y así lo valora Quino Coronas, arquitecto de casa Dueso, que marchó hace diez años a estudiar a Barcelona, donde trabaja en un estudio, aunque ahora una casa en construcción en El Pueyo lleva su firma. “Es complicado innovar (lo hace en el interior) porque el pueblo no necesita nada nuevo, es bonita su arquitectura tradicional. Es curioso porque antes de haber leyes de patrimonio se consiguió recuperar el pueblo muy bien sin normativa”, indica.

Desde Zaragoza llegaron hace ocho años el profesor de instituto Chorche Díaz y la maestra Esther Garijo, que tienen dos hijos de 11 y 14 años, de los cuatro menores que hay en el pueblo. También vive allí la profesora de latín y griego Ester González.

Francisco Coronas marchó por la vía por la que tantas veces bajó en burro o en tractor a estudiar a Aínsa. Y los burros, que los usaban antaño para que marcaran el mejor camino, ya no le hicieron falta, pero se acuerda cuando vuelve a su casa del pueblo sobrarbense que levantó después en la cuadra de los burros y unos cuantos ejemplares del vecino dan la bienvenida al llegar. Entre rebuznos y el Big Data, Elisa quiere vivir. 

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