Sobrarbe

Ojo avizor

Empeñar los prismáticos para salvar una especie

Reconocen el papel de la FCQ en la repoblación del quebrantahuesos con un premio de 240.000 euros

Eco Museo Castillo de Aínsa, principal sede de la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos.
Eco Museo Castillo de Aínsa, principal sede de la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos.
FCQ

No son pocas las voces que, con atrevimiento, han comparado el ave fénix con el quebrantahuesos. De algún modo, la rapaz más icónica del Pirineo podría ser la homóloga en la fauna real del mítico fénix, pues ambas resurgieron de sus cenizas. Sin embargo, este paralelismo podría subestimar el trabajo realizado durante las últimas décadas por conservar -o más bien repoblar- esta especie.

De estas labores, por encima del resto sobresale la materializada por la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos (FCQ), que nació gracias a la venta de los prismáticos y de un ordenador Macintosh de varios aficionados a la ecología preocupados por la reducida población de esta ave. Desprenderse de estos artículos permitió la constitución de esta entidad que, este año, ha cumplido 25 años.

Gerardo Báguena, presidente de la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos.
Gerardo Báguena, presidente de la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos.
C.N.E.

Gerardo Báguena (París, Francia, 1969) tuvo que empeñar en 1996 sus gemelos Leica para fundar la entidad que preside y cuya labor ha sido reconocida esta semana con el premio ‘Conservación de la Biodiversidad en España’, concedido por la Fundación BBVA y que supone una inyección económica de 240.000 euros para esta Organización No Gubernamental.

“Lo que ha hecho la Fundación con este dinero es crear dos paquetes. Un paquete ha ido a pagar todo lo que teníamos en débito: coches, oficinas… Se ha liquidado toda la deuda, de forma que la Fundación ya lo tiene todo pagado. Y, por otro lado, se ha creado una reserva económica para poder seguir financiando los contratos de la gente que está trabajando en la conservación”, explica Báguena sobre el montante apercibido, lamentando que en ocasiones la FCQ no ha podido contratar a gente porque “no han llegado las ayudas” y “se ha estado seis u ocho meses sin recibir inyecciones económicas”.

Por ello, esta importante suma de dinero “permite a la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos tener un fondo y un respaldo económico que garantiza una linealidad y una permanencia del equipo técnico de forma ya garantizada”.

La sede de la Fundación se ubica en uno de los torreones del Castillo de Aínsa.
La sede de la Fundación se ubica en uno de los torreones del Castillo de Aínsa.
FCQ

Precariedad y una sociedad sin sensibilidad ambiental

A día de hoy esta entidad, que utiliza el Castillo de Aínsa como sede y museo, ya está asentada, pero sus primeros pasos los dio “de una forma muy, muy precaria”. Esta precariedad se sufría -y se sufre- de forma generalizada en la mayor parte de proyectos de nueva creación, pero se agravaba mucho más en el mundo del ambientalismo en el marco de una sociedad poco sensibilizada con el medio ambiente como era la España de los 90.

“Hace 25 años en España, dedicarte de forma profesional a conservar la naturaleza sonaba muy exótico, muy excéntrico. Lo que te comentaba de los prismáticos, que los tuvimos que embargar para pagar los 3.000 euros que se necesitaban”, comenta.

Pero “se ha ido creciendo, la sociedad española ha cambiado mucho… En los años 90, hablar de conservación de la naturaleza era algo, insisto, que tenía muy poca relevancia política y social. La sociedad española y aragonesa ha cambiado notablemente. Las cosas que se permitían en los años 90, ahora tendrían una alta factura social y política”.

“Ya no admitimos que se extingan las especies. No admitimos maltratar la naturaleza así como hace 25 años. Hemos sido testigos de una evolución, en la que habremos influido como otros muchos, para que de esas conductas tan primarias, tan básicas, hayamos pasado a una concepción de la naturaleza que se basa en saber que sin la naturaleza no somos nada ni vamos a ningún sitio bueno”, apunta, añadiendo que “alejarnos de la naturaleza nos lleva al caos”.

Aunque ahora agradece el apoyo institucional, Báguena admite que hasta hace poco no era así: “No teníamos ningún tipo de eco ni influencia, ha habido que ganarlo todo a base de tesón y de mantener un conjunto de ideas bien armadas que tenían un noble propósito”.

Población del quebrantahuesos

Acorde con el crecimiento de la FCQ y del interés por el medio ambiente de la sociedad, también ha aumentado la población de quebrantahuesos. En algo más de 20 años, el número de individuos en España ha pasado de no llegar al centenar a superar el millar, y de ser una especie con un severo peligro de extinción a salir de la lista de animales amenazados.

Este logro se ha producido gracias al trabajo de esta Fundación altoaragonesa y de otras entidades, instituciones y agentes sociales involucrados. Pero Báguena también señala dos factores cruciales que evitaron la desaparición del ave: “Tuvimos la suerte de coger la población en un momento en el que todavía había el suficiente número de animales como para poder reflotar la población y, luego, ha habido un conjunto de medidas muy acertadas como fue la creación de comederos, la vigilancia de nidos y, sobre todo, el marcaje con tecnología científica de los quebrantahuesos”.

Estas dos cuestiones resolvieron el enigma de por qué la población de quebrantahuesos no crecía: “Ahí aparecieron los primeros casos de envenenamiento, de electrocución, de choque, de colisión, de nidos que se caían de los árboles. Ahí empezamos a hacer un inventario del porqué de la desaparición de esta especie en el territorio pirenaico aragonés, navarro y catalán”.

En esta conservación del quebranta, Báguena enaltece el papel de dos personas “claves y decisorias” dentro del Gobierno de Aragón: Julio Guiral y Manuel Alcántara.

“Muchas de estas medidas -las anteriormente mencionadas- no son socialmente admitidas pero se necesitaba una cobertura administrativa que dijera “esto es importante, hay un reglamento europeo que las obliga”. Estas decisiones las tomaron estas personas que te he comentado y, gracias a su valentía en su momento, hoy tenemos en Aragón lo que tenemos”, valora el presidente de la FCQ, augurando que “si estas personas hubieran tomado una vía más blanda, posiblemente Aragón no sería en el ámbito del quebrantahuesos lo que es hoy”.

Cambios sociales

“Cuando empezamos a trabajar, ninguno hubiéramos soñado que podría llegar a haber un Ministerio del Medio Ambiente, un ministerio específico, o que la Comisión Europea tuviera una extensa Dirección General de Medio Ambiente, o que hubiera proyectos específicos destinados a la conservación de especies amenazadas”, enumera el cofundador de la FCQ, celebrando que tampoco “nadie imaginaba que habría una sensibilidad tan alta como la que hay ahora”.

Además, pone en valor y se congratula por que este naturalismo sea extrapolable al ámbito urbano: “Hoy nadie se atrevería a darle una patada a un perro en una calle en Huesca. Sales en el periódico. Antes, cuando ibas a trabajar era habitual verlo. Veías perros por ahí, abandonados, maltratados, y nadie miraba para ellos.

Sobre este cambio, continúa, “hay una madurez de la población española que nos ha permitido que la recuperación de la biodiversidad sea eficiente”.

Para concluir, explica que el preámbulo de la primera ley que se adoptó en España en materia ambiental, aprobada en 1989, reza que “solo las minorías social y culturalmente avanzadas dispensan atención al medio ambiente”. Por ello, “quizás ese punto de madurez y de bienestar social que España tiene ahora es lo que ha permitido que la gente sea más sensible con el medio ambiente”, reflexiona Báguena. 

Etiquetas