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SOMONTANO - PANDEMIA DE CORONAVIRUS

De Buera a Rumanía tras tres meses junto a un santuario

La pareja de rumanos a los que el confinamiento pilló en Santa María de Dulcis regresan este jueves tras una cena de despedida

De Buera a Rumanía tras tres meses junto a un santuario
De Buera a Rumanía tras tres meses junto a un santuario
S.E.

BARBASTRO.- Adelina Vladescu y Bogdan Vladescu, la pareja de rumanos que salieron de su país en julio de 2019 para recorrer Europa con su perro Ancuta, finalizarán este jueves su larga estancia de confinación frente al santuario de Santa María de Dulcis, en la localidad de Buera, donde les cogió la crisis del coronavirus y se han visto afectados por las medidas que lleva consigo la situación. Una de ellas, la más importante, no salir de Buera, donde han vivido en la autocaravana.

El alcalde Mariano Lisa y varios vecinos, entre ellos Alba Cruells que ha sido su guía personal, les ofrecieron una despedida sencilla con cena de alforja en la noche de San Juan. "Les entregamos un libro sobre Buera y pasamos una velada familiar porque llegaron como dos desconocidos, de forma casual, y se marchan encantados por la experiencia, imprevista y sorprendente", explicó Lisa.

La confinación les sorprendió en Buera cuando estaban en la provincia de Huesca y se dirigían hacia Alquézar, a mediados de marzo, después de visitar 18 países europeos. "Son cosas propias del destino y de una situación inesperada para todos. Se han pasado las etapas propias de cada fase hasta la desescalada que permite la posibilidad de viajar entre provincias y de cruzar las fronteras".

Alba Cruells ha vivido la experiencia muy cerca, ha sido el contacto habitual con vecinos y quien ha subido la cesta de la compra desde Barbastro en muchas ocasiones. "Se van el jueves para seguir el camino previsto pero regresarán a Buera porque tienen intención de instalarse aquí en cuanto sea posible, por lo menos es lo que han dicho. En realidad, se consideran dos vecinos más porque han vivido frente a Dulcis pero se han sentido muy protegidos desde que llegaron". La gente les ha ayudado, "vinieron para estar tres días por la zona y han pasado tres meses, la hospitalidad vecinal ha sido clara, les han facilitado productos de huerta, patatas, huevos, aceite, almendras, vino y cuanto han necesitado cada vez que han bajado al pueblo. Al mismo tiempo, les hemos subido la lista de compras sin necesidad de que bajaran a Barbastro hasta que ha sido posible. Ahora conocen algunos establecimientos de la ciudad, han descubierto los vinos del Somontano y el vermut de la zona, tanto que incluso lo degustan de noche".

Según explica Alba, "se van enamorados de Buera y de esta zona que ni siquiera conocían. Adelina es terapeuta infantil y desde Dulcis ha dado dos o tres sesiones "online" con clientes de Bucarest. Bogdan es psicólogo profesional y ha preferido desconectar de su trabajo en el hospital. Desde luego, lo ha conseguido en Dulcis, con creces". En la misma línea, dice que "han vivido la confinación tranquila y relajada en su vida cotidiana. Han hecho amistad con los vecinos y han conocido el santuario de Dulcis".

En opinión de Lisa y Cruells, "se han integrado bien, se van cargados de emociones personales y sensaciones propias de una localidad donde han recibido un trato excelente. Ahora seguirán la ruta prevista hacia el País Vasco y Galicia antes de regresar a Rumanía pero con el recuerdo de volver cuando sea posible, tal vez en menos de dos años".

La confinación les ha mantenido frente al santuario de Dulcis (1658-1664), cuya belleza interior ornamental basada en yeserías de arte mudéjar ya conocen. "Se quedaron casi mudos porque es una sorpresa, lástima que no hayan coincidido con el cura Cabrero pero es que el párroco del pueblo pasó la confinación en Alquézar. De todas maneras tiene referencias. En realidad han sido las únicas visitas guiadas en casi cuatro meses porque el santuario está cerrado".

Este año, en la misma explanada donde se reúnen cerca de 500 vecinos de siete pueblos con motivo de la romería anual, solo hubo dos rumanos y el perro. Además, han vivido cerca del bosque de los olivos y del segundo reloj de sol más grande que hay en España.

Desde que llegaron a la zona informaron a la Policía de Barbastro para notificar que estaban "aparcados" en Dulcis y contaron con autorización de Mariano Lisa, alcalde hospitalario donde los haya. "En realidad han vivido en un pequeño paraíso sin tiempo para el aburrimiento", apunta el alcalde.

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