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José Broto Llorens: “Las aguas heladas, si no te congelas al primer chapuzón, son confortables”

Es uno de los socios fundadores y presidentes de Montañeros de Aragón de Barbastro e historia viva del montañismo a punto de cumplir 100 años

José Broto Llorens.
José Broto Llorens.
Á.H.

José Broto Llorens está entre los barbastrenses acreedores de la Geografía Sentimental de Barbastro si alguien se decide a seguir la obra iniciada por Enrique Gómez “Harry”, que publicó el primer capítulo en el Boletín de la SMA. De todas maneras, figura en la historia de Montañeros de Aragón de Barbastro porque estuvo entre el grupo de socios fundadores en el refugio de Estós un lejano 1949 con Luis Paúl de primer presidente.

A punto de cumplir 100 años -el próximo 24 de abril- es el socio más antiguo de Montañeros de Aragón con el número 5 y de los supervivientes con Miguel Lacoma (15) y José María Figuerola (18) entre los veinte primeros en el registro, donde constan Luis Paúl, José María Fábregas, Guillermo Gabás y Luis Calvo como precedentes. La lista sigue con Enrique Padrós, José María Arqué, Fernando Noguero, José Vicente Guidotti, Pablo Giral, Pablo Bravo, José María Mayoral, Manuel Palacio y Miguel Hecho, entre otros. Todos fallecidos.

En definitiva, está entre los protagonistas vivos de la “Breve historia de una ilusión” (Gráficas Barbastro, 2000), libro publicado con motivo del 50 Aniversario, dedicado a los pioneros del montañismo en Barbastro. En el transcurso de un siglo, Pepe Broto ha sido funcionario en el Ayuntamiento, abogado profesional y padre de familia numerosa -seis hijos- con Angelita Cartagena.

A nivel social, ha colaborado en muchas actividades con sentimiento y carácter altruista, entre ellas la presidencia de Montañeros de Aragón, después de Luis Paúl y Miguel Lacoma y cuando dejó esta responsabilidad le siguieron Joaquín Torres y José Masgrau, los socios más longevos en el cargo. A estas alturas, conserva la espontaneidad personal que le caracteriza: “¡Me alegro de cumplir 100 años el próximo día!, desde que tenía 5 años en la escuela ya me hacía ilusión”.

Broto guarda una relación muy estrecha con otras asociaciones locales que pasaron a la historia, como Peña Sport (SMA) y los antiguos Exploradores de Barbastro; “en aquellos años -dice- te apuntabas a casi todo”. En la distancia del tiempo, recuerda Exploradores de España, versión aproximada de los Boy Scouts. “Cada domingo se realizaban actividades por medio de patrullas con estandarte, tambores y caja. Anselmo Beguería era el jefe y Guillermo Gabás, su ayudante, y como tantas cosas, se terminó con la guerra”, recuerda.

En la publicación local “El explorador” constan referencias y nombres de aquella época y la certeza de que Pepe Broto es el único superviviente entre los integrantes de patrullas con los nombres de Águila, Dragón, León y Cisne. De los años cincuenta son actividades con Peña Sport, a través de la que “se llevaron a cabo numerosas salidas y excursiones gracias a la iniciativa de Arqué y eran habituales los baños en el río Cinca y en el pantano de Barasona”. Además, está entre los barbastrenses que más han pedaleado en bicicleta. “Entonces había pocos automóviles y las motos eran un lujo. Una de mis distancias más largas fue desde Barbastro a Broto, donde llegué tarde y con preocupación entre la familia”. Así que nada de extraño tenía la imagen cotidiana en bicicleta por las calles de Barbastro por lo que ha sido, probablemente, el abogado que más ha “pedaleado”.

La relación de salidas y excursiones sería amplia, y entre los lugares habituales en aquellos años están Añisclo, Ordesa, Alquézar, Roda de Isábena, Gistaín, Benasque, Arguis, Estós, Panticosa, Plan, Marboré, Arguallas, Bachimaña. En especial, destaca el primer recorrido por los cañones del río Vero, el 4 de octubre de 1953. “Nos costó muchas horas -rememora-, bajamos por San Caprasio hasta Villacantal con Carlos Sampietro, Ramón Arce, Emilio Ros y Bienvenido Ibor. Examinamos márgenes y riscos antes de aventurarnos entre cascadas y gorgas. Aquel recorrido fue uno de los mayores placeres a pesar de las dificultades”.

Las noches montañeras han dado mucho de sí, y “una de las peores de mi vida fue en Marboré, en pleno julio. Creo que ha sido uno de los lugares más fríos del Pirineo, íbamos casi perdidos, sin ropa de abrigo. Al día siguiente, pasamos otra noche memorable en una fonda de Bielsa entre una legión de chinches, así que dormimos mejor en el suelo”. En el lago de Urdiceto se bañó con su hermano Víctor “en aguas heladas y ante el asombro del pastor. Si no te congelas al primer chapuzón son aguas muy confortables, como en Marboré”.

Una de sus “calcetinadas” más largas fueron “los 40 kilómetros desde San Juan de Plan hasta Aínsa” y entre las “pérdidas memorables” cita una mochila que se cayó por una barranquera en la senda de Cazadores; “me la devolvieron dos años después cuando buscaban a un holandés desaparecido”.

En cambio, uno de los recuerdos más “gratificantes” fue la entronización de la Virgen del Pilar en el Aneto (15 agosto 1956) gracias a la iniciativa de Montañeros de Aragón. De aquella fecha histórica recuerda “el mal tiempo que hizo con lluvia constante. Nunca me he mojado tanto desde Benasque hasta la Renclusa donde llegamos empapados. En aquella ascensión se volcó todo el mundo y fue una gran fiesta montañera en la que hubo muchos barbastrenses, entre ellos Vicente Agraz y el grupo de soldados que pernotaron en la cima, Luis Paúl, Ángel Puyuelo, Antonio Foncillas, Adolfo Franco, los hermanos Fábregas Giné, Mercedes Broto y Angelita Noguero. A partir de entonces he subido muchas veces al Aneto”.

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