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La Memoria de Actividades recoge la labor sacerdotal de Jaime Mozás

Su testimonio ha sido seleccionado para contar en la prensa el trabajo de los curas en los hospitales

Jaime Mozás
Jaime Mozás
A. H.

La labor de Jaime Mozás (Pozán de Vero) como Capellán en el Hospital de Barbastro desde hace 25 años figura en la Memoria de Actividades de la Conferencia Episcopal Española (CEE) que se presentó este martes en Madrid. Los testimonios del sacerdote diocesano se difundirán este domingo en un suplemento entre la prensa española. Se han seleccionado para difundir la tarea pastoral que realizan los capellanes en hospitales, en este caso compartida con Basilio Servín de auxiliar. Juan José Omella, presidente de la CEE, la conoce desde su etapa como obispo de Barbastro-Monzón entre los años 1999-2004.

Se muestra satisfecho, “me alegro de que la propuesta haya salido adelante porque con independencia de la labor veo representados a los compañeros de distintos hospitales en el mundo entero. En especial, de Aragón donde el obispo Ángel Pérez coordina la Pastoral de Enfermos y lo manifiesta en frecuentes visitas al Hospital. A veces le acompaño y en muchas ocasiones va el solo como si fuera un capellán. Es bueno y lógico que se reconozca la labor de la Iglesia en cercanía y de acompañamiento a los enfermos”.

Este reconocimiento lo hace extensivo “a todos desde doctores y doctoras, enfermería, auxiliares, personal de mantenimiento, control y limpieza, sobre todo este último año de pandemia que ha sido muy duro en general. Por ejemplo, el equipo de limpieza deja su piel a diario en las habitaciones y tienen más contacto con los enfermos de la covid. A veces, su tarea pasa desapercibida respecto a la del personal sanitario en el contexto de un gran equipo de personas”.

Jaime Mozás, antes que capellán fue párroco de larga estancia en varias localidades del medio rural antes desde la ordenación sacerdotal en 1957 hasta que se jubiló en su pueblo natal, Pozán de Vero, hace tres años. En el año 1994 se incorporó en tareas de apoyo al capellán, responsabilidad que asumió más tarde. En 25 años ha sido habitual su visita cotidiana por habitaciones de cinco plantas y las celebraciones en la pequeña capilla del Hospital.

“La situación de la pandemia ha sido dura y sobre todo distinta, ha costado mucho mentalizarse y sigue siéndolo porque en el Hospital aún sigue y en mi tarea he vivido experiencias y situaciones complicadas. La vacuna ha llevado más tranquilidad y hubo momentos en que me equipé casi de astronauta para estar con enfermos que lo pidieron, algunos estaban en estado crítico y ahora han vuelto a casa. El sacramento de la unción no ha faltado, a veces desde la puerta, incluso virtual y hubo ocasiones en que las enfermeras y las hijas de enfermos administraron los óleos. Han sido ejemplos de vida en equipo”. Por último, destaca “las facilidades de la Administración para realizar nuestra labor”.

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