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José Noguero Azlor: "En muchas casas había telares y se tejía de acuerdo a las necesidades"

Es el mayor experto en telares del Somontano, donde ha desarrollado una labor docente en la Escuela-Taller de El Vivero a lo largo de 38 años

José Noguero Azlor.
José Noguero Azlor.
Á.H.

Caja y batán, polea, perchaus y lizos, varias cruzeras, peso y puga, lanzadera, casillero, canillero y templazo, entre otras, son referencias muy conocidas para José Noguero Azlor, natural de Barbastro y vecino de Costean, aunque se le podría considerar de “doble nacionalidad” porque tiene vivienda en Barbastro, donde trabajó hasta su jubilación profesional. Se le relaciona por la labor realizada en la Escuela-Taller de Artesanía El Vivero durante 38 años desde que se fundó hasta que se cerró en mayo de 2017.

En el transcurso de ese tiempo, enseñó oficios a los alumnos y montó a mano nueve telares antiguos, basados en el primer modelo que hizo su padre, José Noguero Guallar, aunque incorporó nuevas piezas y adelantos gracias al ingenio personal y la habilidad que le caracterizan. El oficio de telares y otros los conoció antes de que se abrieran las puertas de El Vivero, donde compartió tareas con su esposa, Balbina, gracias al respaldo de la asociación cultural y el apoyo de las familias de alumnos y alumnas. En el Somontano, se le considera el mayor experto en telares por el manejo y porque es coautor del libro “La artesanía textil en el Somontano” (Gráficas Barbastro, 2000), donde se aportan datos interesantes sobre los telares, entre ellos los 40 que hubo en los pueblos sin contar Barbastro. Pepe y Balbina consiguieron la información de forma oral gracias a las aportaciones de personas mayores en cada uno de los pueblos en seis años de recorrido.

Gracias a estos testimonios y los datos aportados en el libro se sabe del fuerte arraigo de la tejeduría manual en amplias zonas rurales como actividad complementaria de las faenas agrícolas. “En muchas casas había un telar, o más, donde se tejía de acuerdo a las necesidades existentes. En Barbastro, por ejemplo, hubo once telares de cintas, en 1798, y en el partido judicial había 155 telares de lienzos y 7 de cáñamo”, explica.

“Mi padre me enseñó a hacer telares a mano -recuerda Pepe Noguero-, el primero con motivo de las Fiestas de Barbastro de 1980 para la carroza de la Escuela-Taller. Me contó que en casa hubo telares y desde que tenía 10 años ya no los había conocido. Mi padre tuvo carpintería en la calle Calvario, en Barbastro, nunca hizo telares pero no es muy difícil, los complementos y accesorios son más complicados. A partir del primero que hice por mi cuenta, cambié el sistema por otro más moderno”.

Según explica, “teníamos cuatro sistemas. De dos pedales, de cuatro, para hacer todos los puntos, de cintas y de mesa, todos de iniciativa propia”. Hasta ahora ha hecho a mano nueve telares, “aparte, dos que hago ahora para donar a una asociación y otro pendiente. En total, trece telares”. La buena disposición de donar telares cuando se cerró El Vivero no tuvo el eco deseado ni tampoco la respuesta adecuada. “La verdad es que nos sorprendió mucho este desinterés, incluso institucional, y optamos por regalarlos a los sobrinos. En la casa de Costean tenemos cinco, desmontados. Si mañana tuviera que montarlos no tendría ningún problema porque son montables y desmontables”, dice.

El último telar que hizo a mano con piezas originales del siglo XVIII se cedió para la exposición temporal “Pasión por las personas. La lucha contra la pobreza” en Alma Mater Museum, en el Palacio Arzobispal de Zaragoza, en febrero de 2017, y fue la única pieza procedente del Somontano. “La cesión fue durante tres meses y después lo desmontamos para dejarlo en casa”, recuerda. En estos momentos hace tres telares manuales, de cintas, para donarlos a la Fundación Isabel Martí (Zaragoza).

De todos modos no se considera el autor con mayor número de telares hechos a mano. “En Triste había un vecino que hacía telares, en La Hoya de Huesca, pero en Somontano estoy seguro, además con sistema propio muy definido porque todos los telares no son iguales ni llevan los mismos sistemas”. Además de autor, ha enseñado el manejo en la Escuela-Taller. “Allí hubo 16 alumnas mayores que aprendieron el sistema para confeccionar la vestimenta original, tejida a mano, para escenificar la conquista de Barbastro. La vestimenta se usa en representaciones relacionadas con la época”. Además, “alumnos y alumnas escolares que aprendieron el uso”.

Revela las claves para hacer telares manuales: “Lo primero, estudiar cada modelo, preparar el proyecto y aplicar las piezas de elaboración propia”.

Antes que carpintero, ha sido mecánico, aprendió de herrero, sabe alfarería y maneja el torno. Trabajador en Auxini, Moulinex, Almacenes Ebro, repartidor de cervezas y gaseosas. O sea, un multioficios jubilado que tiene 79 años y todavía se entretiene. Al mismo tiempo, 38 años de enseñanza de oficios en El Vivero al lado de Balbina, con más de 4.000 niños y niñas entre dos generaciones familiares. Aún les quedó tiempo para enseñar a los alumnos de Fonz y escribir tres libros sobre artesanía. 

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