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DE CERCA

María Jesús Sampietro: “Un traje de baturra requiere paciencia, artesanía y muchas horas”

“En esta provincia tenemos muchas diferencias debido a la climatología, todas las comarcas tienen sus prendas que las identifican”, afirma

María Jesús Sampietro.
María Jesús Sampietro.
A. H.

María Jesús Sampietro Cosculluela es natural de Arcusa, pero reside en Barbastro, donde es profesora de vestimenta de trajes regionales entre otras actividades que caracterizan a esta altoaragonesa inquieta. Forma parte del Grupo Tradiciones.

La sonrisa es el lenguaje universal de las personas inteligentes. ¿Cree que sonreímos poco?

—En general sí, estamos viviendo en unos tiempos en que las circunstancias no ayudan para nada, hay que intentar hacer cosas que te hagan sonreír.

¿Cuáles son sus criterios de selección de las personas?

—Que siempre te aporten valores y sean buenas personas.

¿A quién le haría la reverencia sin dudarlo?

—A todas estas personas que exponen su vida para ayudar a los demás, sanitarios, bomberos, personas anónimas, etcétera…

¿Formar parte del Grupo Tradiciones es sinónimo de mujer tradicional?

—Pues sí, en estos tiempos en los que vivimos con tanta tecnología nos olvidamos de nuestras raíces. En mi opinión, es muy satisfactorio conservar las tradiciones que heredamos de nuestros antepasados que con tanto esfuerzo y pocos recursos les costó hacerlas.

¿Está acostumbrada a tomar medidas o prefiere tomarlas en su taller de costuras?

—Hay momentos en que debes tomar decisiones y algunas veces cuesta mucho. Las de mi taller están chupadas.

¿Hacer un traje de baturro a medida del Niño Jesús para el monasterio del Pueyo es menos complicado que hacer la cesta de la compra?

—No es comparable. Hacer el traje de baturro para el Niño Jesús fue complicado, laborioso y de mucha paciencia, en cambio para muchas familias en estos tiempos es más difícil hacer la cesta de la compra.

¿Cuántas veces le dijo a su marido Luis: “Zapatero, a tus zapatos”?

—Trabajando juntos tantos años, si no hubiéramos estado cada uno en nuestros zapatos no hubiera sido posible. Cada persona necesita su espacio.

¿Su incombustible suegra Pilar es correcaminos con 95 años?

—Pues sí, gracias a Dios goza de buena salud, y para los años que tiene no quiere ayuda de nadie, le sabe muy mal llegar tarde y ser la última.

¿Cuál es la clave de confeccionar un traje de baturra sin morir en el intento?

—Respetar las formas de cada zona sin mezclarlas. En esta provincia tenemos muchas diferencias debido a la climatología. Todas las comarcas tienen sus prendas que las identifican.

¿Qué lleva un traje de baturra?

—Si queremos que quede bonito, mucha paciencia, artesanía y horas de trabajo.

¿Cuántos ha confeccionado?

—No los tengo contados, pero son muchos en 30 años. Lo que más me gusta es dirigir la confección y ver la cara de satisfacción final.

¿Aumenta la demanda?

—Sí, parece que va cogiendo protagonismo y cada vez lo piden más.

¿Es cierta la fama que rodea a los talleres de modistillas?

—Unas llevan la fama y otros cardan la lana. Se intenta, primero, estar concentradas para no deshacer y tenerlo que arreglar, y también nos pegamos nuestras juergas y risas, que buena falta hace.

¿Qué prefiere cantar una jota o las cuarenta?

—Más satisfactorio es cantar una jota, en todo caso, las cuarenta las canto jugando al guiñote.

¿Los crespillos de Barbastro son acreedores de una Fiesta de Interés Turístico Regional?

—Sin lugar a dudas, es un postre muy especial y poco conocido fuera de nuestra zona. Invito a todos a que vengan a nuestra fiesta y los prueben, están buenísimos.

¿Cuántas veces le han hecho un roto?

—En diferentes formas, alguna. Unas intentando solucionarlo dialogando, y otras zurciéndolos.

¿Barbastro es una ciudad con imagen?

—Sí, tenemos muchas cosas para ofertar y muy buena comunicación, pero debemos esforzarnos al máximo para que nuestra ciudad dé una buena imagen arreglada y bien cuidada.

¿Qué deberían aprender quienes empiezan?

—Trabajar mucho, escuchar y ser conscientes de lo que quieren hacer. Nunca tirar la toalla.

¿La pasión por aprender ha sido una constante en su vida?

—Sí, por completo, hay cosas que me han costado y nunca he parado hasta conseguirlas, con paciencia y tesón todo se aprende.

¿La cocina de su casa es de diseño gastronómico?

—Quitando algún momento puntual, soy muy tradicional, tiro de las recetas de mi madre, mi suegra y las antepasadas.

¿Se considera una mujer de a metro o con el metro?

—Mi seña de identidad en mi trabajo es el metro en el cuello, pero sin ser muy alta trato de dar buena imagen.

¿Cuál es la diferencia entre modista y costurera?

—Es un complemento, cada una tiene su cometido y el resultado en un taller es fantástico.

¿Qué debe saber una modista?

—Tiene que ser muy discreta y cuando te pide una prenda, a la clienta no le gusta que se sepa antes de que la vean.

¿Qué opina sobre los políticos de costura?

—Para ellos es muy importante dar buena imagen y llevar la prenda adecuada a cada momento.

¿Cuál es el vestido de sus sueños?

—Coso desde los 17 años y he tenido ocasión de hacer todo tipo de vestidos y trajes regionales, incluso alguno alemán. Sí que me encantaría ver cómo se trabaja en talleres de alta costura y de carnavales, por ejemplo, los de Canarias.

¿Es cierto que buscan relevo generacional en Tradiciones?

—Hace más de 30 años que Elita Davias fundó Tradiciones y ha conseguido hacer muchas cosas, vamos cumpliendo años y nos gustaría que el grupo fuera rejuveneciendo, en rondalla, instrumentos de pulso y púa y canto con José Luis López de profesor.

¿El obispo Pérez le parece un Ángel con los pies en el suelo?

—Sí, hemos tenido mucha suerte con este Ángel en los tiempos que corren ojalá podamos contar con él muchísimos años, es una gozada como conecta con los jóvenes.

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